La mujer diluida

  • Cameo edita 'A propósito de Elly', el filme iraní de Farhadi que describe un país atrapado en severas contradicciones

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Si uno se pudiera fiar de los jurados de los festivales de cine, hubiéramos buscado antes a Asghar Farhadi y su A propósito de Elly, filme por el que el cineasta iraní recibió el Oso de Plata en 2009 al mejor director en una de esas citas, Berlín, que llevan muchos años sin llamar la atención de los cinéfilos. Su posterior estreno en cines fue una sorpresa añadida y muy oportuna, pues la principal vocación de A propósito de Elly, la de dar a ver (y a recordar) la irresoluble tensión entre lo viejo y lo nuevo que yace en las entrañas de la sociedad iraní contemporánea, es el contraplano perfecto (lo pequeño) al que enfrentar el runrún de imágenes y sonidos mediáticos que resumen un país a partir de lo que piensa y hace su principal dirigente (lo grande). A propósito de Elly es, además, una película de género, melodrama con altas dosis de suspense, y de actores, lo que multiplicaba las posibilidades de asistencia para un público al que hace tiempo le cortaron las vías legales para acercarse a los mismos temas -por ejemplo el principal, el de la situación de la mujer en un país bajo régimen islámico- desde posturas formales mucho más radicales (como las sostenidas por el maestro Abbas Kiarostami en Ten y en la reciente Shirin).

Paradójicamente, y estirando ese pecado de pereza intelectual según el cual los críticos occidentales sólo pudimos calmar el pasmo ante lo inefable del cine reflexivo y en palimpsesto de cineastas como Kiarostami, Makhmalbaf o Panahi comparándolo con la experiencia moderna europea, para empezar a hablar de A propósito de Elly lo mejor es remontarse a uno de los títulos radicales por excelencia, Laaventura de Antonioni. Pues aunque el título de Farhadi no acompañe al de Antonioni en tanto transmisión del riesgo de la propia hazaña que es rodar una película, sí existe una comunión íntima entre ambos argumentos y sus respectivos correlatos sociales: una mujer desaparece, un agujero sin explicaciones satisfactorias se produce en el continuo narrativo, y el filme de las individualidades se ensombrece con una dura consideración colectiva, el ensayo de atrapar el aire de un tiempo que sopla desde hace rato. A propósito de Elly es el filme de un demiurgo traicionado por lo real, lo imponderable por antonomasia: Sepideh, la joven que invita a Elly, una mujer que es profesora de su hija y a la que apenas conoce, a que la acompañe a ella y a sus amigos a una escapada al norte con el ojo puesto en un posible romance entre la primera y Ahmad, un chico de la pandilla recién separado y de vuelta a Teherán desde Alemania. Es el mundo raudo y vertiginoso de Sepideh, propio de ese Irán moderno que no suele tener representación para los espectadores occidentales, el de sus mentiras de celestina con buenas intenciones, el que sucumbe y se derrumba cuando Elly desaparezca en el mar, supuestamente intentando salvar a uno de los hijos de los matrimonios en ociosa escapada. Es ahí donde el filme romántico se para en seco y comienza el melodrama y el filme de detectives, la casa en la playa pasa a tener la resonancia metafórica del huisclos y Farhadi aguanta los planos sobre los rostros desencajados y los cuerpos deambulantes. Es el tiempo de las revelaciones y del entintado de las mentiras, que ahora se hacen muy negras, pues priman las apariencias. A propósito de Elly guarda una muy dúctil enseñanza en su seno, a saber, que nunca es posible dar la espalda del todo a las raíces sobre las que se funda un Estado: los aires de modernidad son sólo un ruinoso ventilador si no hay libertad.

A propósito de Elly. Director Asghar Farhadi. Con Golshifteh Farahani, Taraneh Alidousti, Mani Haghighi, Saber Aba, Shahab Hosseini, Merila Zarei. Cameo.

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