Cultura y periodismo

  • 'Todas las historias'. Enric González. RBA. Barcelona, 2011. 458 páginas. 22 euros.

Corresponsal en Londres, París, Nueva York, Washington y Roma, el periodista barcelonés Enric González, que actualmente vive en Jerusalén, lleva más de dos décadas enviando crónicas desde esos y otros destinos -cubrió la guerra de Iraq, el genocidio de Ruanda o, más recientemente, la llamada primavera árabe- que no le han impedido escribir varios libros a partir de su experiencia en algunas de las ciudades donde ha residido. El primero de ellos fue Historias de Londres (1999), un libro fresco, inclasificable y muy divertido, a medio camino entre el ensayo narrativo y la crónica de costumbres, cuyo éxito le llevó a reincidir con Historias de Nueva York (2006) e Historias de Roma (2010), que junto con Historias del Calcio (2007) abarcan toda la obra de González hasta la fecha, nada pretenciosa y por eso mismo recomendable. Los tres primeros títulos acaban de ser reunidos en un volumen que ofrece la oportunidad de acceder de una vez a una serie que podría seguir aumentando, si no fuera porque el autor ha aprovechado la ocasión para ensayar algo parecido a una despedida.

Pese a las promesas que encierran, muchos libros de viaje suelen ser aburridos, con descripciones o excursos demasiado prolijos y no siempre apasionantes. Los destinos aquí recreados no son nada exóticos y a cualquier lector le suenan algunas de las historias que cuenta González, pero es el modo como las cuenta -escéptico, bienhumorado, factual, sin florituras- lo que hace que compongan un fresco impagable. "Carezco de vocación literaria, soy inmune a la grafomanía y sigo sospechando, como hace veinte años, que mis aventurillas y opiniones cuentan con un interés discreto", afirma en el epílogo, dedicado a describir el ambiente enrarecido de la milenaria ciudad donde reside. Mientras Amos Oz prepara café, le pregunta a su entrevistador si se dedica al periodismo cultural y González piensa, pero no lo dice en voz alta, que "el periodismo siempre es cultural, salvo cuando es inculto".

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