Los días de vino y rosas

  • 'Diario de un hombre de éxito'. Ernest Dowson. Traducción de Israel Centeno y Carlos Pardo. Editorial periférica. Cáceres, 2012. 45 páginas. 9,50 euros.

Fueron los últimos decadentes, acogidos a la desdicha casi por consigna. Trasegaban alcoholes, rendían culto al simbolismo y han sido llamados los nineties, lo más parecido al fin de siècle que se vio en Inglaterra. Hermanados en el Rhymers' Club, defendían la pureza del arte, celebraban sus reuniones en The Cheshire Cheese londinense y colaboraban en revistas como The Yellow Book o The Savoy. Es fama que uno de ellos, Lionel Johnson, murió al caer de un taburete -así lo relata Ezra Pound- cuando estaba completamente nublado por la absenta. Su amigo y estricto coetáneo Ernest Dowson -"tímido, silencioso y un poco melancólico", en palabras de William Butler Yeats; "demasiado joven y demasiado frágil como para envejecer", según Arthur Symons- lo antecedió por dos años, pero antes fatigó las tabernas, durmió en los burdeles, se convirtió al catolicismo y escribió un puñado de versos que merecen ser recordados.

Uno de ellos -They are not long, the days of wines and roses- resume perfectamente su turbulenta trayectoria y ha quedado asociado al impresionante filme de Blake Edwards. Pero Dowson, autor de tres colecciones de poemas epigonales de aire verlainiano, cultivó asimismo la narrativa, como en este relato -Diario de un hombre de éxito, traducido por Israel Centeno- en el que un atormentado personaje evoca su juventud y los fantasmas del pasado en la ciudad de Brujas, donde "siempre es otoño". La edición de Periférica añade, a modo de colofón, uno de los más celebrados poemas de Dowson, Non sum qualis eram bonae sub regno Cynarae ("No soy el que era bajo el reino de la linda Cynara"), el original y una excelente versión de Carlos Pardo. Dedicado a una niña de once años, el poema, hermosísimo, contiene la expresión Gone with the wind -de la que se sirvió Margaret Mitchell para titular su famosa novela- y ha sido citado o recreado por numerosos escritores y artistas. Leerlo y escuchar su música es comprender cómo el arte puede sobrevivir a los seres más infortunados.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios