Los dioses en el exilio

  • 'EL ISLAM QUE DA MIEDO'. Tahar Ben Jelloum. Trad. Malika Embarek López. Alianza Editorial. Madrid, 2015. 120 páginas. 12 euros.

Con título tan solemne y expresivo, Heinrich Heine se refería al olvido de la paganidad, de su agitada cenefa de dioses y criaturas míticas, tras el triunfo del monoteísmo cristiano. Heine, sin embargo, era un firme defensor de la Protesta y repudiaba, siempre que tenía ocasión, el influjo del catolicismo y la autoridad del Papa. Sin ir más allá de un vago paralelismo, el escritor marroquí Tahar Ben Jelloun acomete en estas páginas una empresa similar: defender la vigencia y la entidad del islam, al tiempo que abomina de su vertiente radical o integrista. Una vertiente cuya capacidad de terror y seducción (El perdedor radical, lo llamó oportunamente Enzensberger), ha propiciado el reclutamiento de jóvenes occidentales de origen islámico, que hoy engrosan las filas de ese ejército heteróclito y brutal, con una aguda conciencia escenográfica, conocido como el Estado Islámico o Daesh.

Aclaremos también que Ben Jelloun, al distinguir entre un islamismo y otro, lo que hace es defender un islam humanista, que acepte los principios de la Ilustración, y en suma, una separación entre la Iglesia y el Estado, hoy imposible en la mayoría de los países de tradición musulmana, a excepción de Túnez y Turquía. Por otra parte, Ben Jelloun ofrece como fondo una explicación sociológica del fenómeno terrorista (la segregación de los suburbios parisinos, el conflicto palestino, etcétera), mientras que en alguna ocasión acude a un choque de mentalidades a la manera de Huntington. Sea como fuere, el cometido de este libro no es tanto emprender una rigurosa genealogía del radicalismo islámico como el de ensayar una honesta y clara pedagogía que deslinde el islam de sus excrecencias más aterradoras y extremas. Se trata, en suma, de un breve libro, sencillo e ilustrativo, en el que se propone una lectura histórica del Corán y una práctica privada de la devoción, que devuelva el islam a su propia -y hoy minoritaria- tradición humanista. Vale decir, racional y abierta, aquí representada por Averroes y Avicena.

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