Dos de los nuestros

  • Samuel García y Samu Castillejo leyeron una emotiva carta de despedida Ambos jugadores no pudieron contener las lágrimas en un día tan triste

Era un día señalado desde el anuncio de Samu García de que volvería a su casa para despedirse. No vendría sólo, Samu Castillejo le acompañaría en una despedida conjunta, ambas cargadas de sentimiento, sentimiento de color blanquiazul.

El de La Luz sería el primero en tomar asiento. A su lado, un hombre que siempre confió en él, Antonio Benítez, consejero consultivo. El malagueño arrancó su intervención con muestras de cariño hacia él por su apoyo. Tras ello, lanzó la primera piedra. "Yo no me voy, me venden. Lo digo sin ningún tipo de reproche al club. La situación económica es la que es y mi salida, como la de otros compañeros, garantiza la salud del Málaga", decía haciendo alusión a lo que deslizó el director general Vicente Casado a las peñas, que fue el propio Samu García el que pidió al club que negociara la oferta del Villarreal. Sus palabras no le sentaron bien al malagueño y no dudó en dejar claro lo que pensaba y lo que ocurrió, sin que su malaguismo se pusiera en tela de juicio. Hay a quien no le sentó bien dentro del club.

"No tengo problema en irme, hasta donaría sangre si fuese necesario, si con ello el club de nuestra ciudad se beneficia", decía Samu en un arrebato de malaguismo con el que mostraba también su agradecimiento a sus técnicos Schuster, Celestini, Javi Gracia y su cuerpo técnico, los empleados y, en especial, a la afición.

La emoción se instauraba en el rostro de Samuel, con la voz quebrada prometía "no ponerle una camiseta que no sea la del Málaga" a sus perros, Lebron y Gaucho que irán con él a Castellón.

No pretendía dar lecciones de malaguismo pero lo hizo: "Yo hoy [por ayer] he dado orden de renovar mi carnet de socio porque el club está por encima de todos". "Yo prometo volver, aunque sea para cortar el césped, limpiar las botas o una de tantas labores oscuras", explicaba el malagueño.

Le costaba contener la emoción en su última frase: "Se va el jugador, se queda el malaguista. Gracias a todos y viva el Málaga". A ello le prosiguió un atronador aplauso de una sala de prensa sensibilizada con sus palabras. Abrazaba a Benítez y bajaba las escaleras hasta desaparecer.

Un Samu dejaba el lugar al otro, Castillejo subía las escaleras con rostro apesadumbrado. Mismo procedimiento que su homólogo, saludaba a Antonio Benítez y le agradecía una vez más la confianza que depositó en él.

Samu Castillejo no pudo emular la entereza de su compañero y avisaba de que no se le daban bien estas cosas, pronto cayeron las primeras lágrimas.

"Me enorgullece haber formado parte de esta gran familia. Ser de Málaga y jugar en Primera con el equipo de mi ciudad era mi sueño desde pequeño", aseveraba el de Huelin entre sollozos.

Paraba, contenía sus lágrimas y respiraba antes de dar su agradecimiento a Javi Gracia. "Es el principal responsable de todo lo que me está pasando, que ha confiado en mí desde el primer día que llegué aquí", decía el Fideo.

La afición también tenía cabida entre sus emotivas palabras: "Tampoco puedo olvidarme de uno de los mejores tesoros que tiene este equipo, su afición, aquella que hace del Málaga un club especial. Gracias siempre por vuestro apoyo incondicional, sois grandes y llevaré vuestro cariño siempre en mi corazón".

Con la mano en la frente para evitar mostrar su rostro compungido, el malagueño decía que "me voy de la mejor manera que me podría ir, orgulloso y contento por haber vivido tantas cosas bonitas y sabiendo que he dado lo mejor de mí con la camiseta blanquiazul. Para mí es una nueva etapa profesional y personal, un desafío".

Tragó saliva antes de emitir su último mensaje, el de un posible regreso: "Deseo de todo corazón que el Málaga siga cosechando grandes éxitos. Estoy convencido de que algún día nuestros caminos se volverán a unir".

La sala de prensa volvió a inundarse de aplausos, tocados en el corazón, por otro malaguista que siente y padece el club.

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