Otra Copa a un partido

  • Cumplidor El Unicaja sigue el guión y saca adelante un partido trabadísimo para acceder a la segunda final de sus historia A tiro El inefable Tau se cruza en el camino para conquistar el cuarto título

El trofeo de Copa está ahí, a sólo 40 minutos, Tau mediante. La pesadilla vitoriana es el último obstáculo para descorchar el champán y celebrar el cuarto título, la segunda Copa. Antes, el Unicaja se armó de paciencia para ganar un partido trabado hasta el extremo y en el que estuvo más de tres cuartos de encuentro por debajo. Cumplió el guión, con lo exigible. Había derrotado al Gran Canaria y liquidó a un Estudiantes voluntarioso y corajudo que vendió cara su derrota. Se le conocen mejores partidos al Unicaja que su victoria de ayer (71-78), pero la trascendencia del escenario y el momento multiplica su valor. No es fácil soportar cómo un rival inferior manda y templa durante 30 minutos largos. Por momentos, la desesperación amenazó con desquiciar a los de Aíto. Como cuando a Haislip le señalaron una técnica en el segundo cuarto. O como cuando Iturbe machacaba desde la línea de 6,25 sin remisión. Pero no, hubo risas y felicidad para celebrar el acceso.

Ganó el Unicaja y le mira a los ojos al Tau, verdugo eterno en los últimos tres años, desde aquella ACB conquistada en Vitoria. 10 derrotas consecutivas cuando enfrente está la tropa de Rakocevic. A día de hoy enfrentarse al Tau es lo más parecido a colocarse delante de un pelotón de fusilamiento. ¿Hay soluciones? En manos de Aíto y su tropa se encuentran, si existieran. La función previa no fue demasiado alentadora en vista de cómo funciona el rodillo baskonista. Pero el baloncesto tampoco es una ciencia exacta.

Penó el Unicaja para alcanzar la meta. Al remolque, el MMT mandó desde el salto inicial. Archibald, soberbio desde el minuto 1 al 40, fue la línea de flotación a la que se agarró el equipo malagueño, espesísimo en ataque. Udrih marcaba un primer corte (14-8), antes de que Gomis y Welsch igualaran al final del primer cuarto. El Unicaja perdía el crédito ganado el primer día ante el Gran Canaria. El equipo no estaba tan centrado como el primer día. La presión era mayor, la final estaba a tiro. Pero el cuadro malagueño no encontraba ninguna vía de agua clara a la que asirse en la anotación. Haislip estaba fuera, enfadado con los árbitros, Kelati elegía buenos tiros pero hacía malas ejecuciones, Welsch se fajaba pero no metía... No había la respuesta coral del día previo que permitió someter antes al Gran Canaria. Petar Popovic, al que Aíto tuvo el año pasado en el DKV, anotó otros seis puntos consecutivos (31-25) para meter miedo, antes de que Archibald acudiera al rescate para sanar la brecha al final del primer tiempo. Siempre a distancias tolerables, nunca más de seis puntos, el Unicaja sufría pero seguía en el partido.

El comienzo del tercer período resultó desalentador. El omnipresente escocés encadenó cuatro puntos para que el Unicaja obtuviera una ventaja (43-45) que Brewer enjuagó con 10 puntos consecutivos. Perdido en ligas menores tras sus buenos años en la ACB, ha vuelto para sentirse protagonista en grandes escenarios de nuevo. Salvó el cuadro malagueño, aún con Haislip fuera de la circulación, una situación complicadísima. Poco a poco, en plan hormiga, el Unicaja le tomó el pulso al partido.

En los 10 minutos finales, el momento en el que se separa el grano de la paja, emergió Haislip. Cinco puntos de una tacada para recobrar el liderato (55-56), antes de que Iturbe (seis triples al final) recordara que un día fue un arma táctica de primerísimo nivel, incluso en la selección española. Aíto se refugió en la zona 3-2 con Jiménez en cabeza que tanto le gusta. Y con el madrileño como cuatro, como pareja de Haislip, ya desatado, asumiendo responsabilidades. Un reverso sublime a un metro de altura marcaba el territorio (63-64) y ya no abandonaría el Unicaja el liderato. Udrih resistió, pero Berni remató a falta de un minuto (71-76) con un triple desde la diagonal. La misma desde la que anotaron Garbajosa en Vitoria y Pepe Sánchez para dar el billete a Atenas. Ambas veces, a pase del capitán. Esta vez fue él el que selló el pase a la final. Quizá una buena premonición entre el pesimismo.

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