Maestro y alumno chocan en el tablero

  • Suspiro Al contrario que en Tarragona, el Málaga empató cuando ya se mascaba la derrota Mejora El equipo amplía un punto su ventaja con la frontera del ascenso, ahora a siete Monótono El continuo juego aéreo presidió siempre el encuentro

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Días atrás, Goikoetxea y Muñiz intercambiaron loas. "Fue un buen alumno, un jugador muy profesional al que todo entrenador le habría gustado tener", abrió la veda el vizcaíno. "Con él se aprendía mucho, sabía tratar a cada futbolista y teníamos una estrecha relación", le devolvió el gijonés. Es el legado de un fuerte vínculo en ese pequeño gran Numancia donde el asturiano hacía de cerrojo. Poco antes ya lo había vaticinado Juande Ramos viendo su actitud en los entrenamientos con el Rayo Vallecano: "Muñiz me miraba y me escuchaba como si fuera un entrenador". El capítulo de ayer juntaba a ambos 8 años después para intercambiar enseñanzas, para poner un punto y seguido en su historial.

Pegó primero el Hércules con el arma que no había sabido utilizar antes el Málaga, la estrategia; devolvieron los visitantes el mazazo psicológico en la prolongación tras un tanto extemporáneo que dejaba la victoria en casa. Se forjó y se resolvió la disputa en el tablero, donde maestro y alumno firmaron tablas. Ya se sabe, uno de esos partidos para rellenar la libreta de la táctica pero que apenas llena la boca del espectador.

Visualizar el resumen de una jornada de Segunda lleva a concluir que es en el laboratorio donde la mayoría de encuentros se dilucidan. Weligton lo avisó en el minuto 1 en boca de gol; Sergio Fernández, él no quería, lo certificó en el penúltimo aliento de la prolongación (92). Entreacto, el Málaga botó (y desperdició) más córners que en los últimos dos encuentros juntos. El Hércules usó mal su cabeza, literal e intelectualmente, pero sus irrupciones se tradujeron en un cabezazo de Sergio Fernández al larguero -18 minutos antes de su autogol, el vivo ejemplo de cuánto importa un centímetro en el fútbol- y otro marrado a placer por Mariño.

Una película lineal y plomiza, pero siempre esperable cuando maestro y alumno preparan sus encuentros sobre el escenario de la estrategia, tal y como lo habían dibujado Goikoetxea y Muñiz en la previa del encuentro.

Frente a la calculadora escuela soviética (Spassky, Kasparov, Karpov), Bobby Fischer, gran maestro con edad adolescente, sorprendía a sus rivales desde la improvisación, el descaro en el cara a cara, la victoria de los matices. Los llamados a resolver ayer, Salva, Blas Pérez y Baha, se perdieron en un tablero minado de rocas y juego estático. Tal tesitura obliga a una concentración máxima para, al menos, salvaguardar las tablas y esperar el despiste rival para encauzar la partida.

Goikoetxea le paró el reloj a Muñiz a los 80 minutos. Otra vez en una jugada que el bloque blanquiazul continúa sin asimilar: la defensa en jugadas de estrategia, sobre todo en los rechaces. Blas Pérez procuró que a Weligton se le hiciera de noche y otra torre, César, dio el zarpazo a Goitia.

Sonó a jaque mate, más por desplome anímico del Málaga que por un juego convincente. Hasta entonces, los de Muñiz habían llegado más y peor; los de Goiko, casi nada y mejor (quien ose ponerle el cascabel a la indomable justicia deportiva que califique qué méritos debieron prevalecer).

Mientras los herculanos miraban el minutero, los de Muñiz al fin encontraron el despiste perseguido durante 90 minutos. El tanto lo convirtió la zaga local, la misma que había logrado despejar más de 20 balones malaguistas a franquear en el área rival.

Queda la sensación opuesta a Tarragona, un punto ganado cuando se escapaban los tres. Pero, sobre todo, una mejora en la clasificación. Conserva el liderato el Numancia (uno por arriba), la distancia se mantiene con el Sporting (cinco abajo) y el Hércules (ocho) y se amplía con el Celta (ocho) y el Elche, de nuevo equipo frontera del ascenso pero ahora a siete puntos, uno más que la semana pasada.

Es la cuarta jornada consecutiva sin victoria y la tercera semana sin derrota. A fin de cuentas, el tercer empate consecutivo, un botín que suele sonar a poco pero que permite al conjunto de Muñiz seguir en zona de privilegio en esta época de posicionamiento clasificatorio.

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