El Málaga se pone de moda

  • Autoritario El Málaga se aúpa a la séptima plaza tras remontar con autoridad un tempranero gol de Soldado Mejora El equipo dio continuidad al buen juego de Huelva y cimentó su dominio en una asfixiante presión

Sólo el tiempo dirá si lo del Málaga es un disfraz o una piel, pero ahora es tiempo de disfrutar. No hay otro verbo posible. En cambio, llueven los adjetivos y emergen los nombres propios. Y esos son claros síntomas de estar en el escaparate, hasta ayer una plaza exclusiva del Getafe por méritos futbolísticos y mediáticos, que eso de ser capitalino sin hacer sombra al Madrid es sinónimo de simpatías. Pero el clan de Víctor se fue de Málaga desnudado. Los de Tapia le arrebataron todo. La ventaja en el marcador, la cercanía a la UEFA, las ocasiones de gol, sus individualidades y sus señas de identidad. Pero, sobre todo, la moda. Desde el séptimo hacia abajo, en la Liga que no es extraterrestre, el Málaga es el mejor. Es el líder de los modestos.

Por tercera vez como técnico blanquiazul Tapia enhebró tres victorias consecutivas. Pero como este entrenador es el mismo que querían fumigar las pancartas y estos futbolistas eran aquellos ciegos ante Diego Alves o Coupet, conviene ser precavidos, aparcar los registros en la carpeta de anécdotas y no buscar el bigbang que ha instalado al Málaga en esta felicidad. Será más efectivo recrear sus parabienes.

Por encima de ellos, la altísima presión. Ahí se descompuso el Getafe, en ese oleaje que iniciaban Adrián y Baha y que acompasaba bien Apoño con sus mordeduras. Sólo el cansancio local tras agitarse durante 90 minutos y la cortedad de la distancia permitieron a los visitantes soñar con el milagro en la prolongación. La sensación final fue la del huy del remate de Kepa -que también perdió el juicio de la grada-, pero no la predominante, pues sólo en el tanto de Soldado el Getafe estuvo bien. Hasta el Pato, primero en la parada argentina a Adrián y, segundos después, en el contragolpe que salió de su brazo derecho.

Tuvo muchos más argumentos de equipo grande el Málaga. La perfección en las jugadas a balón parado, que permitieron hurgar en la defensa del Getafe como en una magdalena; transiciones en acordeón para nunca perder el dominio del espacio y las superioridades; comunión con la grada -algo ha cambiado para que La Rosaleda rompiera a aplaudir tras el 0-1- y el factor diferencial con Huelva y que reveló que el equipo ha macerado un poco más: la fe y la continuidad para remontar. El Málaga no paró hasta irse al descanso en ventaja. Corta fue. Sólo hay que ver qué goles fallaron Eliseu y Miguel Ángel para entenderlo.

Pero es que tan bien lo está haciendo este Málaga que ni necesita que lo definan. Lo hace su juego. Todo el virtuosismo al que se ha enganchado se vio en el segundo tanto, que debería llevar un etiquetado especial en la hemeroteca. Fue un ataque dinámico, arrancado a aplausos por la grada. Jesús Gámez se contagió y fue Zidane por unos segundos. Su súbita ruleta en la cara de Casquero inició un huracán pasionario. Un toque sutil y orientado de Adrián, su centro escorado y un despeje apurado narraban una jugada abocada al ahogo. Pero surgió el Málaga en un arrebato de soldados blanquiazules que empujaron al Getafe hacia el Pato. Baha, Calleja, otra vez Baha. La zaga acabó contra la pared, Jesús Gámez lo leyó a la perfección y dibujó un globo diagonal para que Duda rompiera el fuera de juego y Abbondanzieri sacara sus vergüenzas fuera del área pequeña por buscar un balón que volaba por otra zona. Toda la precipitación del meta fue inteligencia en el luso, que optó por depositar el interior del pie en lugar de romper con el empeine porque estaba sin ángulo. Golazo en la red, locura en la grada y justicia en el marcador. En realidad, todo eso fue el gol, otra vez seccionado por los crueles resúmenes televisivos.

Hace 50 días el Atlético de Madrid era un bólido y hoy está en el retrovisor blanquiazul. El Málaga se ha subido en una nube justo cuando los nubarrones empiezan a asomarse por Martiricos. Pero ahora es el mejor momento para tutear a Sevilla, Barcelona, Real Madrid y Villarreal: los de Tapia se han desprendido de miedos y complejos y ya han demostrado que dominando o a la contra saben hacer daño. Escalar a los cielos de la Liga es el próximo reto.

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