Abierto de australia

Nadal gana a Federer y sigue haciendo historia

  • El número uno del mundo se convierte en el primer español en ganar el torneo tras vencer al suizo por 7-5, 3-6, 7-6, 3-6 y 6-2 · Federer, que podía igualar los 14 'Grand Slam' de Sampras, rompe a llorar en la recogida de premios.

Cuarenta y un años después de que un español luchase por primera vez por ganar el Abierto de Australia, y doce desde que el último de ellos tuvo esa opción, el tenista Rafael Nadal ha hecho historia de nuevo y ya es el primer español en ganar el Abierto de  Australia tras vencer en otra final aRoger Federer, esta vez por 7-5, 3-6, 7-6, 3-6 y 6-2.

De esta forma, el número uno del mundo le ha robado de nuevo la gloria al suizo, que este domingo podía haber igualado el mítico récord de 14 títulos del  Grand Slam conseguido por el norteamericano Pete Sampras. Tal vez por eso, y porque el año pasado ya le privó de conseguir alcanzar la victoria en dos grandes torneos, el suizo rompió a llorar de la impotencia en la entrega de premios, protagonizando el momento más emotivo de la final.

No fue capaz de articular palabra hasta en un segundo intento minutos después, en el que también tuvo que detenerse porque su garganta no le daba aliento. "Rafa tú lo mereciste, fantástica final, y gran temporada el pasado año", dijo como pudo. El español le respondió con la deportividad y la elegancia que le caracterizan, le abrazó y luego le dedicó lo mejor de su discurso. "Lo siento por hoy", le dijo. "Sé realmente lo que siente y lo duro que es, pero tu eres el mejor de la historia y seguro que igualarás los 14 de Sampras. Me encanta jugar contra ti y te deseo lo mejor para el resto de la temporada. Recibir el trofeo de manos de Rod Laver es un sueño para mí", expresó el español.

Y es que el número uno del mundo sigue siendo la bestia negra del suizo, que sólo ha encontrado la forma de doblegarlo cuando éste bajaba el ritmo en su juego, como en el cuarto set, y esta es ya la undécima final de dieciséis que el español le gana a Federer.

Otro partido legendario

Nadal y Federer pelearon sobre la cancha del Rod Laver Arena durante cuatro horas y 23 minutos de enorme tensión. Estaba en juego entrar  en la leyenda.  Después de sus peleas sobre la arcilla de Roland Garros y la  hierba de Wimbledon, Federer y Nadal se enfrentaban este domingo  por primera  vez en el Abierto de Australia, por primera vez en una final de Grand  Slam sobre cancha dura. 

Como si ambos se encontraran extraños, los dos primeros juegos  acabaron con rotura de servicio: 1-1 y casi había transcurrido el  mismo tiempo que duró el primer set de la final femenina el sábado. 

La batalla pareció inclinarse a favor de Federer cuando rompió  para 4-2 con una devolución mortífera. Pero algo pasa en la cabeza  del suizo cuando se enfrenta al español. Su "mayor rival", según lo  calificó poco antes de caminar con la mirada en el suelo,  concentrado, quizá preocupado, por el túnel que conduce a la cancha  principal del Melbourne Park. 

Nadal ganó los dos siguientes juegos, rompió en el undécimo y se  llevó el primer set en poco menos de una hora. Algo similar sucedió  en las finales de Montecarlo y Hamburgo en 2008 y el suizo acabó  perdiendo. 

¿La ventaja psicológica?, le preguntaron antes de Roland Garros.  Nada de eso, respondió Federer, que sin embargo cayó luego con  estrépito en París y más tarde en su feudo de Wimbledon. 

Federer no ganaba a Nadal desde el Masters de Shanghai de 2007, y  no parecía en el mejor camino de hacerlo cuando perdió su servicio  dando a la pelota con la caña de su raqueta. No es de extrañar que  gritara con fuerza uno de sus "come on" cuando recuperó el break un  juego después para 3-3. 

Incluso su novia, la impasible Mirka Vavrinec, resopló de alivio.  Poco después, el suizo había empatado el partido a un set y el tiempo  corría a su favor. Antes de llegar a la final, Federer y Nadal  ganaron 18 sets cada uno y perdieron dos. Ambos ganaron 123 juegos y  perdieron casi los mismos. 

Sin embargo, Nadal estuvo dos horas más sobre la cancha. Y  principalmente por culpa del extenuante partido de semifinales ante  su compatriota Fernando Verdasco, el más largo de la historia del  torneo con cinco horas y 14 minutos. Un partido que además se jugó un  día después del de Federer. 

El reloj marcaba 1:47 horas tras el segundo set y se fue a las  3:05 tras el tercero, en el que Nadal requirió en un par de ocasiones  la asistencia del "trainer". Aun así, el número uno del mundo llevó  al suizo hasta el tie-break y hasta el límite de sus nervios, porque  no tiene otra explicación que cediera la manga con una doble falta. 

"Pasemos página", debió pensar Federer, que rompió el servicio de  su rival para 2-0 en el cuarto set. Sin embargo, Nadal es de los que  no dan tregua. Recuperó su saque en el tercer juego y obligó a librar  una auténtica batalla por la supervivencia en el quinto. El número  dos sabía que mucho se jugaba ahí. Ganó. El suizo seguía vivo. El  partido seguía vivo. 

Un público más ruidoso, una cancha azul y el cielo despejado. Nada  recordaba hoy a Londres en Melbourne si no fuera por Federer y Nadal.  La noche traía aires de Wimbledon. Y como en Wimbledon, Nadal fue  quien terminó tirado por el suelo. Otra vez fue él quien levantó el  trofeo, y los más grandes, encabezados por el mítico Rod Laver,  pasaron por su silla a rendirle honores. 

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