San Mamés, la Catedral

JUGAR en San Mamés, incluso ir, es uno de esos acontecimientos que tenemos la suerte de vivir los que hemos llegado a disputar algún encuentro en Primera. La primera vez que vas a La Catedral es de esos días que no olvidas. Yo recuerdo, cómo no, la mía, que, aunque no disfruté de minutos, nos trajimos un 1-3. Movilla, Sandro, que ya tiene mérito que marcara, y Agostinho lograron los goles. Pero, volviendo al inicio, lo de jugar en Bilbao es algo muy especial, diría yo que del mismo nivel como cuando te estrenas en el Santiago Bernabéu o el Camp Nou.

En casos así, tú esperas un estadio muy coqueto. En realidad lo es, es impresionante. Siempre lo vi como un campo inglés, con mucha presión del equipo y la grada y buen césped. Sin embargo, digamos que entre comillas me llevé una decepción. Fue con su vestuario, muy antiguo, como si en el salón de nuestra casa tuviéramos muebles viejos. Me pareció decepcionante, con azulejos muy pequeños, puertas viejas. Era incómodo hasta colgar el chándal.

Los recuerdos que siempre he tenido allí, tanto con el Málaga como con el Albacete, han sido siempre positivos. Del partido de ayer no puedo decir lo mismo, más bien que me despertó una sensación agridulce. El Málaga pudo acabar la primera parte dejándolo sentenciado. Sobre todo por el inicio con toques, desmarques, jugadas y especialmente las ocasiones que dispuso. De la media docena que tuvo, no marcó ninguna. Eso te hacía pensar, al menos a mí, que el Athletic te podía dar un susto a la primera. Y así fue. Aunque en la primera parte el Málaga borró del campo al cuadro bilbaíno. Le faltó el gol. Me gustó tanto el primer tiempo que si el Málaga hubiera metido uno o dos goles hubiera sido la guinda de un pastel que se quedó sin velas.

Mi preocupación también estaba en el físico. Se jugó a un nivel muy alto la primera parte y se notó en la segunda. Parecía que el que había jugado la Liga Europa, viajado a Moscú y sufrido las bajas temperaturas fue el Málaga. Y no es normal, sobre todo por la de veces que le ocurre a este equipo.

Encajar tres goles en tres minutos es un palo muy duro. Es lo que tiene también el Athletic. Al Málaga creo que le faltó fuelle para seguir con la intensidad y las ideas claras del primer tiempo. Caímos en el error de conducir mucho el balón y eso generaba contraataques peligrosos.

La derrota nos ha hecho bastante daño en el aspecto psicológico, sobre todo porque se pudo ganar el partido en la primera parte y se perdió en la segunda. También por una ley que hay en el fútbol que dice si llegas y llegas y no marcas, el equipo contrario te marca a la primera. Se ha cumplido y duele. Además de que el Athletic se ha llevado el partido sin hacer grandes esfuerzos.

Como siempre, quiero sacar un extracto positivo de las cosas. Éste es que el Málaga fue a por el partido de salida. Sabía lo que quería y lo ha conseguido, pero no ha marcado. ¡Aúpa el Málaga!

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