Málaga-Barcelona

Como un azucarillo (1-4)

  • El Málaga, tras poner a prueba a Valdés en el primer tiempo y resistir a un Barcelona espeso, sucumbe ante la ambición de Messi. La Rosaleda protestó pitando a Cazorla y a otros jugadores.

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Cuando Messi cabalga, aunque sea un rato, ni el mejor Toulalan puede darle caza. No hay análisis futbolístico posible cuando ni siquiera un gol tras otro le sacia. El jugador más hambriento de cuantos vio ayer La Rosaleda rubricó la tunda. Pero ahí no estaba el partido del Málaga, que paralelamente a la disputa de los puntos tenía otras afrentas que arrostrar. Mejorar su imagen, luchar hasta la extenuación, mantener la sintonía con la afición. Perdió esos otros encuentros, que duelen más que el de los puntos. Ha perdido todo el gas el equipo, que arranca la segunda vuelta derretido en medio de la tabla, buscándose a sí mismo desde hace dos meses. Y La Rosaleda ya dio una alerta sobre su hartazgo. Hubo pitos con nombre y apellidos.

Cazorla se marchó a la caseta entre aplausos y silbidos y con el rabo entre las piernas. El pecado no es de ayer, condenado a correr tras el esférico, sino una tendencia de decepciones. Sucedió que su relevo era Recio, debutante y ovacionado, así que el contraste fue elevado. Busca un ídolo la grada, y ahora mismo él no lo es. No es un divorcio, sí un aviso para el asturiano, muy por debajo de su estatus. Por lo menos, desde ayer se atisba su vuelta a una posición más natural que la de creador.

También compartió música de viento Maresca, cuya relación con la grada está viciada. Por rendimiento propio y porque se le considera una extensión de las ideas de Pellegrini. Tiene el chileno la virtud de alinearlo en plazas complicadas, como el Barcelona. Ofende como recambio de Toulalan, y La Rosaleda lo censuró. Si no hubo pitos para Van Nistelrooy en su recambio es porque se trata de un señor del fútbol, lo cual no quita para que haya completado una primera vuelta decepcionante. Él perdonó el 1-0; un minuto después, Messi no lo hizo.

El Málaga estuvo en pie casi un tiempo entero, eso es innegable. Pero el desarrollo del encuentro descubrió que fue por la falta de carburación del Barcelona. Grapado atrás, la falta de fluidez azulgrana no hizo pasar muchos apuros a Caballero. Aprovechando la lentitud y que Piqué adelantaba la defensa hasta el centro del campo, se permitió el lujo el Málaga de asustar en sus pocas contras o a balón parado. Entonces Valdés recordó que el Barcelona es tan leonino cuando ataca como solvente en la trinchera. Voló hasta el tiro malicioso de Isco. En el saque de esquina que generó, por dos veces frustró a Demichelis, en un cabezazo y en su rechazo.

Messi, humano mientras tanto, no perdonó en sociedad con Adriano, anónimo pero efectivo ayer. Ese gol descubrió que el Málaga no era tan buen muro como entonces. El bajón moral se hizo evidente y llegó el descanso, tiempo para que Guardiola activara a los suyos y le recordara que el choque no estaba sentenciado.

Aplicado como buen alumno, el cuadro azulgrana sacó la víbora que lleva dentro. Y el Málaga, aún bajo los efectos de Messi, sesteó y se diluyó de manera súbita. La facilidad para rematar en los tres minutos desde el 0-2 al 0-3 recordaron lo fácil que se desnuda al conjunto de Pellegrini, incapaz de reactivarse. Leo Messi, que no entiende de relajaciones, activó su interruptor y pudo haberse marchado con cinco goles de no ser por Caballero y la madera. El argentino y Rondón, éste en diez minutos finales de rabia, de ahí su efusiva celebración del 1-4, intentaron salirse del saco en el que estaban sus compañeros. No hubo más noticas de los blanquiazules, que están pidiendo a gritos una ITV para hacer ascendente la curva en la segunda vuelta.

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