Málaga c. f.

La extraña herencia de Muñiz en Santander

  • El gijonés vuelve a El Sardinero, donde la afición le puso la cruz aunque fue feliz por cumplir los objetivos y el trabajo de cantera

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La cercanía geográfica y de costumbres entre Asturias y Santander ha construido históricamente una buena línea de comunicación entre ambas comunidades autónomas. Unos y otros suelen sentirse cómodos en sus vecinas tierras. Sin embargo, por más que lo oculte o disimule, el retorno del gijonés Juan Ramón Muñiz a Santander no será todo lo ideal que le hubiese gustado. El hoy técnico malaguista se estrenó en Primera en el Racing, un equipo que le dejó un extraño poso sobre la espalda: cumplió los objetivos que se le impusieron en un año complicado para los cántabros, pero recibió muchos palos y por el camino se le agarraron muchos fantasmas al tobillo. Cuando pasado mañana se siente en el banquillo de El Sardinero, el contrario al que solía emplear, una miscelánea de sensaciones y reacciones muy contradictorias estarán a su lado.

Aun así, ayer el preparador blanquiazul, como era de esperar, únicamente tuvo buenas palabras para su primer regreso a Santander: "Por mi parte, sólo puedo desearles lo mejor, allí hicimos un trabajo y se cumplieron los objetivos previstos. Espero tener el recibimiento de mis amigos, que dejé bastantes y buenos".

Cumplió la meta deportiva que se le encomendó

Juan Ramón Muñiz debutó en Primera División como técnico del Racing. Fue sólo una temporada de bagaje, pero todo lo vivido allí le valió como casi un máster deportivo en los banquillos. Desde un punto de vista de los objetivos que se le encomendó, cumplió con su cometido: logró la permanencia que se le pedía (dejó al equipo decimosegundo, con cuatro puntos de ventaja sobre el descenso) y sólo un tanto impidió la clasificación santanderina para los dieciseisavos de final de la UEFA (desde este año ya llamada Europa League).

En la competición nacional, los de Muñiz fueron de menos a más y, prácticamente desde el segundo tercio de la competición, empezaron a instalarse en la zona media de la tabla, aunque la falta de certificación matemática de la permanencia mantuvo algo de incertidumbre hasta las últimas jornadas.

La participación en Europa por primera vez en casi 100 años de vida se enfocó como un premio. Y más cuando, tras eliminar al modesto Honka Espoo finés en la ronda previa, el grupo A deparó rivales históricamente difíciles: el Manchester City, el PSG, el Schalke 04 y el Twente holandés. El Racing llegó hasta la última jornada con opciones de clasificación y, de hecho, goleó al conjunto inglés (3-1), pero la victoria extemporánea del PSG ante el Twente (4-0) hizo que los galos pasaran como terceros por un solo gol de diferencia en el average general cuando El Sardinero ya cantaba su pase a dieciseisavos.

En la Copa del Rey el Valencia necesitó una prórroga para apear a los racinguistas en los octavos de final.

Un divorcio temprano con la afición y la prensa locales

El buen rendimiento deportivo del Racing no vino acompañado por los agasajos de El Sardinero. Nada más lejos de la realidad. A pesar de los buenos resultados, pronto la mayoría de los aficionados mostró su disconformidad con el juego desplegado por el conjunto de Muñiz. Al gijonés pronto se le puso la etiqueta de entrenador conservador y amante del juego defensivo. En el trasfondo de la historia se encontraba el alto listón que le había dejado el año anterior su paisano Marcelino, quien consiguió llevar a su equipo a Europa practicando un juego muy vistoso que encadiló Santander. En varios partidos, como ha pasado recientemente en La Rosaleda, llegó a ver pañuelos en su contra y a escuchar el cántico de "Muñiz, vete ya".

Además, las habituales comparecencias públicas del entrenador no ayudaron a mejorar su imagen, pues ya de sobras es conocido el discurso plano de Muñiz a la hora de hablar de sus equipos y la actualidad que los rodea. Esta cuestión le supuso también una complicada relación con la mayoría de los medios de comunicación, con los que no llegó a tener buen feeling e incluso con alguno se produjo más de una desavenencia a lo largo de la temporada.

Problemas con los pesos pesados del vestuario

Tal y como hizo en el Málaga, Juan Ramón Muñiz intentó aplicar en el vestuario cántabro el mismo rasero a la hora de tratar a sus jugadores en el Racing. Sin embargo, allí se encontró con un grupo menos unido que el que había dirigido en La Rosaleda y, sobre todo, jugadores veteranos que crearon grupos dentro del plantel. Aun así, no le tembló el pulso a la hora de corregir o reprender actitudes que se salían de la buena convivencia en grupo. Por ejemplo, llegó a dejar fuera de la convocatoria a gente como Munitis o Colsa a pesar del daño deportivo con tal de mantener viva la buena salud general de la plantilla. Derivados de esos desencuentros con afición, prensa y algunos jugadores llegaron los problemas de adaptación personales y de su familia a la ciudad de Santander, la cual sí que le convencía como un gran sitio para vivir.

Su recurso a la cantera dejó 6 millones en la tesorería

Uno de los aspectos que más satisfecho dejó a Juan Ramón Muñiz tras su paso por Santander fue el trabajo con la cantera. El gijonés, como suele ser habitual en él, no dudó en recurrir a sus jóvenes valores cuando las circunstancias lo demandaron. El ejemplo más claro está en Iván Marcano. El defensa santanderino jugó 34 partidos en Liga, fue elegido por la UEFA para la alineación de jugadores revelación del año y alcanzó la internacionalidad con la sub 21. Todo ello derivó en el traspaso del polivalente zaguero (puede jugar como lateral y central) al Villarreal este verano por una cifra muy sorprendente: seis millones de euros más otro opcional por objetivos del equipo.

A principios de la temporada existía mucha confianza por parte de la directiva en la cantera. Jugadores como Iván Bolado o Edu Bedia encarnaban las esperanzas. Curiosamente, Muñiz, al ver las condiciones de Marcano, tuvo que detener su cesión en verano a un equipo de Segunda B. Además, también se llevó a Sergio Canales a la pretemporada en Alemania y lo tuvo toda la campaña entrenando con el primer equipo, dándole presencia en determinados encuentros en las tres competiciones, y alternándolo con su participación en el filial.

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