Lípidos Santiga invierte 40 millones en una refinería de aceite en Huelva

  • La empresa catalana prevé que la planta, que empleará a 40 personas, entre en funcionamiento en abril · A pleno rendimiento, producirá 500.000 toneladas anuales y facturará 300 millones en cuatro años

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En época de crisis, las empresas suelen volverse conservadoras. Prefieren adoptar una postura prudente y cauta para mantener su estatus. Sin embargo, otras, las que menos, se atreven a encarar la coyuntura con decisiones arriesgadas. Es el caso de la catalana Lípidos Santiga (Lipsa), que ha tomado la determinación de invertir 40 millones de euros en una nueva fábrica en Huelva destinada a refinar aceite, que vendrá a complementar la que ya tiene en Barcelona.

Situada en el Puerto de Huelva, será la primera firma alimentaria en instalarse en el Polo Químico. Las obras de la planta arrancaron en julio de 2008 y está previsto que entre en funcionamiento el próximo mes de abril. Las nuevas instalaciones se dedicarán al refino de aceite de girasol, de soja y de palma, mientras que las de Barcelona se centrarán en el de coco y palmiste. "El aceite de oliva no lo vamos a tocar por falta de tradición y porque creemos que el mercado está bien cubierto por compañías como Hojiblanca, Oleoestepa, Acesur o Migasa", explica José Ángel Olivero, director Comercial de Lipsa.

La industria agroalimentaria, la oleoquímica y la de alimentación animal, así como la fabricación de biodiésel, son los destinos de su producción. El 90% la absorbe la alimentación en la elaboración de margarinas, galletas, salsas, conservas, snacks, leches infantiles, helados o pasteles. Compañías de la talla de Nestlé, Kraft, Unilever o Ferrero forman parte de sus clientes. Lipsa comercializa su producción a granel en camiones cisterna o barcos, dado que no manufactura ni envasa el aceite refinado.

Pero, ¿por qué ha decidido la catalana Lipsa apostar por Andalucía? Por una cuestión de localización geográfica. "Huelva tiene el mejor puerto del sur de España; gran parte de la materia prima -girasol, soja, palma- que usamos es de importación, por lo que instalarnos en el puerto hace que no tengamos gastos logísticos desde el barco hasta la planta", señala Olivero. Levantada sobre dos hectáreas de superficie, la nueva refinería tendrá una capacidad de producción inicial de 250.000 toneladas anuales. "Si realizamos una inversión adicional, de en torno a 16 millones, podremos ampliar las instalaciones para llegar a las 500.000 toneladas", añade. La fábrica de Barcelona, más grande, alcanza las 650.000 al año.

Lipsa compite con cuatro o cinco grandes compañías en su segmento de actividad, tales como Cargill, Sovena, Migasa, Bunge o Acesur, que cuentan con 10 ó 12 refinerías en España. "Nosotros las superamos en capacidad de producción, pero no en facturación, ya que las tres primeras también se dedican al aceite de oliva, que es más caro", indica el director Comercial de la firma. Lipsa cerró 2009 con ventas de 300 millones de euros y prevé que, con la puesta en marcha de la planta de Huelva, ingresen 100 millones más en 2010. A plena capacidad, estas instalaciones facturarán 300 millones en cuatro años. "También ampliaremos este ejercicio las instalaciones de Barcelona, pero su impacto no se notará hasta 2011", avanza Olivero.

La refinería onubense, que dará empleo a más de 40 personas, se convertirá en puente hacia diferentes mercados internacionales. Aparte de cubrir la mitad oeste de España, servirá como plataforma hacia Portugal, el Reino Unido, Italia, Grecia y el norte de África. En este momento, Lipsa obtiene el 25% de sus ingresos en el exterior.

Afrontar la inversión de 40 millones de euros en Huelva ha sido relativamente fácil para Lipsa. "No hemos tenido grandes dificultades para financiarnos; si antes acudíamos a cinco bancos o cajas, ahora lo hemos hecho a 10, pero lo hemos logrado", explica Olivero. Además, las cuentas saneadas de la compañía -en 2009 ganó 6 ó 7 millones- y la relativa estabilidad del sector agroalimentario, de los menos afectados por la crisis, también están detrás de su valentía a la hora de invertir.

Lipsa es propiedad de la familia catalana Soler (75% del capital) y la multinacional belga Vandemoortele (25%), dedicada al sector de las margarinas y la pastelería industrial congelada. Ésta es también su mayor cliente.

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