El PIB apenas remonta una décima en el tercer trimestre y aún ve lejos la cura

  • La economía se contrae un 4,1% en los últimos 12 meses y un 0,4% en tasa intertrimestral · El Banco de España atribuye el respiro al efecto positivo pero transitorio de los planes de estímulo del Gobierno

17,5%

Spain is different. El lema, acuñado durante el franquismo y felizmente promovido por Manuel Fraga, sigue vigente. Porque España, o más bien su economía, vive esta crisis a codazos, desesperada por alcanzar el ritmo de los grandes países -Francia, Alemania, Brasil, China o más recientemente EEUU-, esos que colorean su Producto Interior Bruto (PIB) con porcentajes en positivo, esos que parecen dejar atrás, menudo alivio, las dificultades inherentes a cualquier recesión. Pero no. El boletín mensual del Banco de España apenas anuncia una moderación del batacazo entre julio y septiembre. El dato intertrimestral es aceptable: la caída se suaviza del -1,1% al -0,4% del PIB, siete décimas hacia la esperanza. El retroceso interanual, sin embargo, enfría las expectativas al pasar del -4,2% al -4,1%, una décima de diferencia, demasiada lentitud justo cuando la maquinaria de la economía mundial carbura de nuevo.

En la trastienda de esta tímida recuperación, la misma razón que ha permitido a EEUU, por ejemplo, una remontada mucho más espectacular (ver apoyo): los planes de estímulo del Gobierno socialista -Fondo de Inversión Local, Plan 2000E, Plan Renove del turismo-, a los que el Banco de España atribuye no obstante efectos muy limitados por su marcado carácter transitorio.

¿Qué va mal? Sobre todo, el desempleo, con tasas récord a escala europea y un puñado de explicaciones detrás: unas empresas cierran, otras recortan sus plantillas, la sangría de trabajadores autónomos es imparable (17.000 en Andalucía en lo que va de año) y las pymes se asfixian por la falta de crédito. El consumo privado también palidece, aunque cuente con la contrapartida del ahorro familiar, instalado en máximos históricos (17,5%).

Tampoco ayuda la inversión, congelada por la indecisión del sector privado ante el panorama económico. La construcción, levemente estabilizada por la creciente confianza del gremio, fía su porvenir a la regeneración de la demanda de vivienda, todavía en horas bajas. Y está la balanza comercial, engañosamente decantada por las exportaciones en los últimos tiempos no porque el tejido empresarial español gane grandes cuotas de mercado sino por el frenazo a las importaciones. El organismo regulador dedica unos buenos párrafos a la evolución de los préstamos: las entidades financieras apuestan aún por estudiar cada caso con puño de hierro, sobre todo en lo que respecta a las empresas.

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