Viaje a los principales hitos de la actividad comercial

  • El predominio del comercio tradicional en los 50 fue dejando paso a la implantación de grandes organizaciones comerciales, que hoy mantienen un gran poder de compra

En las últimas décadas, la distribución comercial en nuestro país se ha movido en un contexto cambiante y de alto dinamismo, viéndose inmersa en un proceso que ha venido caracterizado por la modernización del sector, a través de la entrada de nuevos competidores nacionales y extranjeros; la salida de competidores, debido a la rivalidad creada en el mismo; la progresiva concentración, debido al proceso continuo de fusiones y absorciones; y el cambio en la participación relativa de las distintas fórmulas comerciales.

Echando la vista atrás, son dos los grandes periodos en los que puede dividirse la evolución de la distribución comercial en España: un primer periodo hasta 1959, que se caracteriza por el predominio del comercio tradicional, y un segundo, que abarcaría desde entonces hasta nuestros días, que se basa en la distribución masiva.

El periodo de comercio tradicional entra en una primera etapa cuasigremialista, donde el problema esencial es el abastecimiento de productos alimentarios básicos debido al paso de una economía de autoconsumo a una economía de mercado. En esta etapa, más de la mitad de la población es rural, aspecto éste que propicia el autoabastecimiento, por lo que el comercio ofrecía un surtido reducido de productos que únicamente estaban destinados a satisfacer necesidades básicas.

Por su parte, en las grandes ciudades, predomina el canal tradicional mayorista-minorista, basados de forma cuasigremial en algunos productos alimentarios, como el café o los dulces, con comercios monovalentes, tales como panaderías, carnicerías, lecherías o fruterías. El comercio minorista no alimentario comienza, a finales del período, a desarrollar algunos bazares populares de precios únicos, antesala de los actuales. También destacan la existencia de mercados mayoristas de productos perecederos. En este periodo, rara vez se producen intervenciones por parte del Estado.

Una segunda etapa se desarrolla en el periodo afectado por la guerra civil y la posguerra, es decir, desde 1936 a 1949. En esta etapa aumentaron los problemas de abastecimiento, por lo que el Estado efectuó un fuerte control a través de políticas de racionamiento que estuvo vigente hasta 1952.

Una última etapa es la de consolidación del comercio tradicional monovalente, que se produce durante la década de los cincuenta, gracias al proceso de emigración rural y concentración urbana. Así, mientras que en las zonas rurales el autoabastecimiento sigue teniendo notable importancia, sobre todo en los productos de alimentación, en las ciudades el comercio minorista de alimentación se basa en establecimientos tradicionales monovalentes de productos perecederos (carnicerías, fruterías, pescaderías, lecherías…) y en las clásicas tiendas de ultramarinos donde se ofrecen productos de alimentación no perecedera. Asimismo, este va a ser el periodo de los primeros mercados de barrio, divididos en puestos de pequeño tamaño y monovalentes.

En los últimos años de este periodo, hacen su aparición en el centro de las ciudades algunos grandes almacenes, almacenes populares y tiendas especializadas. El Corte Inglés, creado por Ramón Areces, abre su primer establecimiento como gran almacén en 1962 en Barcelona y el también conocido almacén popular Simago, fundado por el cubano José Manuel Mayorga, lo hace en 1960.

distribución masiva

Los movimientos migratorios, el crecimiento de la renta y el desarrollo del turismo darían paso, a partir de 1960, a la construcción de los pilares de la distribución masiva, que toma fuerza a partir de 1970.

En estos años, va apareciendo un nuevo pero sobresaliente segmento de consumidores, más informados y que disponen de una gran variedad de elementos tecnológicos a su servicio. Por ello, prácticamente la totalidad de la población se incorpora al mercado y, además, cada individuo utiliza éste para satisfacer sus necesidades y deseos, lo que supone la desaparición, casi por completo, del autoconsumo.

Ya en los ochenta, las grandes empresas de distribución comercial aprovechan este crecimiento espectacular de la demanda para llevar a cabo sus estrategias de crecimiento y concentración, y para obtener los primeros puestos en el ranking de la distribución comercial española. Así, pasan a contar con un poder de negociación frente a fabricantes muy importante (aplazamiento de los plazos de pago, reducción de precios de compra o ayudas para la promoción de los productos en el establecimiento minorista).

Además, siguen apareciendo nuevos formatos comerciales que intentan dar respuesta a un mercado cada vez más segmentado, mientras que el comercio tradicional, ante la gran competencia creada por estas grandes superficies, se va debilitando, con la pérdida de cuota de mercado.

En los noventa esta situación se potencia notablemente, produciéndose movimientos de concentración, diversificación e internacionalización muy importantes.

La situación de competencia aumenta considerablemente, tanto entre formatos diferentes como entre los similares entre sí. Además, las nuevas tecnologías acercan aún más a los consumidores al mercado (telecompra, compra on line…).

Todo este periodo de distribución masiva se ha caracterizado por un dualismo en el sistema de distribución comercial: por una parte, nos encontramos con un sistema basado en un comercio tradicional, formado por numerosos pequeños establecimientos, que actúan básicamente de forma independiente y, por otra parte, un sistema basado en la introducción de nuevas formas comerciales que operan con el sistema de autoservicio, formado por grandes organizaciones comerciales que poseen un gran poder de compra, que están cada vez más concentradas, que utilizan constantemente las innovaciones de las técnicas de venta y de gestión.

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