Casi el 40% de los agricultores españoles tienen más de 65 años

  • Un congreso organizado por Asaja analiza el casi nulo relevo generacional en el sector · La falta de rentabilidad y la mala imagen de la actividad, principales causas

Las estadísticas no dejan lugar a la duda: hay un problema con la incorporación de jóvenes a la agricultura. Sólo el 6% de los productores europeos son menores de 35 años (el 4% en España). Y el 34% tiene más de 65 años, cifra que se eleva al 36% en España, según la Encuesta de Estructuras Agrarias de Eurostat correspondiente a 2007.

Las causas son diversas, y han sido analizadas estos días en Sevilla en el Congreso Europeo de Jóvenes Agricultores, organizado por Asaja y el Consejo Europeo de Jóvenes Agricultores (CEJA). En primer lugar -tal y como manifiesta Georg Häusler, el jefe de gabinete del nuevo comisario de Agricultura, Dacian Ciolos- hay una cuestión de imagen. El sector aparece ante el ciudadano como anticuado, caduco y dependiente de las subvenciones. Y los agricultores "se presentan a veces como el enfermo de Europa; la idea de que están en crisis permanente no ayuda a los jóvenes a apostar por la agricultura".

Como afirma Pedro Barato, presidente nacional de Asaja, el agricultor no ha sabido venderse. Pero también hay una situación de falta de rentabilidad, por el hundimiento de los precios en casi todas las actividades. Un joven agricultor participante en el congreso se queja de que ha hecho todo lo que le pidieron para rentabilizar su explotación: invertir en tecnología, en formación, en las mejores variedades de cultivo, en maquinaria. El objetivo era ahorrar costes, y lo consiguió. Con un pero. "Me siento muy engañado; he invertido mucho para que ahora me paguen por debajo de lo que ha supuesto el ahorro que he conseguido". Las ayudas han pasado de ser un colchón a ser imprescindibles para subsistir.

Consecuencia: los jóvenes, incluidos los del medio rural, rechazan ser agricultor. Y no sólo no hay empuje generacional. Es que los que están abandonan las explotaciones. Sólo en Andalucía, han cerrado más de 12.000 explotaciones en los últimos tres años, según los datos recopilados por Asaja. De ellas, nada menos que cinco mil pertenecen a la ganadería.

El congreso de jóvenes agricultores ha hecho hincapié en cómo solucionar el problema de imagen y el de rentabilidad. Sobre lo primero, se trata de hacer ver que la agricultura es un sector esencial y que la PAC sirve. Ejemplos: el sostenimiento de la actividad puede mejorar la calidad de los alimentos, reducir las emisiones, fomentar las energías renovables y, en definitiva, mejorar la calidad de vida de los pueblos. La industria agroalimentaria, además, es estable y más difícil de deslocaliza. El agro ocupa a uno de cada seis europeos, el 14% de la población activa. Joris Baecke, presidente de la CEJA, habla de "elevar el espíritu empresarial" del agricultor, "y eso se tiene que hacer de forma colectiva, no individual, con nuevas tecnologías y estando abiertos al marketing: se trata de proporcionar algo más que alimentos de calidad".

El de los precios será el otro gran reto de la nueva PAC. "La sociedad espera que produzcamos más por menos dinero, y esto es imposible", proclama Padraig Walshe, presidente del Comité de Organizaciones Profesionales Agrarias de la UE (COPA). El sector, y España como presidencia de turno de la UE, apuestan por una mayor intervención en el mercado. Sin duda, ésta será uno de los mayores debates de la nueva Política Agraria Común.

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