El cerebro de la energía eólica

  • El Cecre es el centro encargado de integrar las energías renovables en el sistema eléctrico español · Cada doce segundos analiza todos los parques eólicos y verifica si pueden conectarse a la red

El flujo de borrascas que azota a la Península Ibérica en las últimas semanas también tiene efectos positivos. La producción de energía eólica se ha disparado alcanzando cotas nunca vistas anteriormente, como demuestra que los récords de potencia instantánea y de producción se han superado dos veces durante el mes de febrero. La última punta se contabilizó a las once y veinte de la mañana del pasado miércoles, cuando la potencia instantánea llegó a 12.916 megavatios, alrededor del 30% de la potencia conectada en ese momento al sistema eléctrico español. Esta cifra equivale a casi treinta veces la potencia de la central nuclear de Garoña. Además, entre las once y las doce de la mañana de ese día, las plantas eólicas españolas produjeron 12.843 megavatios hora, un nuevo máximo histórico, según Red Eléctrica Española, la empresa encargada de distribuir la energía desde las centrales en España.

Para conseguir estas cotas de integración de las renovables, el sistema eléctrico español debe hacer un esfuerzo ingente. Conjugar una producción inestable con una demanda constante de electricidad es el papel del Centro de Control de Energías Renovables (Cecre), un órgano pionero en el mundo creado por Red Eléctrica Española que se encuentra integrado en el Cecoel, la sala que controla todo el sistema eléctrico desde Madrid.

A diferencia de las fuentes tradicionales, la energía eólica está sometida a las condiciones cambiantes del viento, y es difícil conocer con antelación y exactitud cuánta energía puede producir. Además, las plantas no ofrecen una potencia constante por la variabilidad de las corrientes de aire, por lo que el sistema eléctrico debe contar con un colchón de potencia aportado por otras fuentes energéticas para evitar problemas de abastecimiento. Un tercer inconveniente radica en la escasa potencia de los parques eólicos en comparación con las centrales convencionales, lo que multiplica el número de puntos a controlar.

"Por ejemplo, una planta de ciclo combinado de 400 megavatios equivale a unos diez parques eólicos, los cuales no tienen una fuente primaria que se pueda controlar sino que dependen de la climatología", explica el jefe del Cecoel, Tomás Domínguez, que destaca que España es el segundo país del mundo en el que las renovables tienen más peso porcentual dentro de la producción eléctrica.

Los partes meteorológicos son una parte fundamental del trabajo del Cecre. "La variabilidad es muy grande a medio plazo. Nadie sabe cuánta eólica va a haber en un mes. Pero tenemos unos modelos de previsión con un horizonte de dos días que son bastante fiables", señala Tomás Domínguez.

Cada doce segundos, el Cecre recibe de cada uno de los 700 parques eólicos de España los datos como la potencia activa, la tensión, la temperatura o la velocidad del viento. A partir de esta información, calcula la producción eólica que puede integrarse en el sistema eléctrico en función de las características de los generadores y la velocidad del viento. El Cecre está conectado con una veintena de centros, como el que inauguró recientemente la multinacional Siemens en Sevilla, que son los que finalmente dan las órdenes a las plantas. Para que el sistema sea estable, producción y demanda deben estar acompasadas. Tan problemático es el exceso como la falta de demanda. "Las producciones eólicas son más altas por la noche, lo que genera más dificultades, ya que es el momento con menor demanda y nos obliga a reducir al máximo otras fuentes", resalta.

Las plantas termosolares con almacenamiento de calor podrían aportar la estabilidad y la previsibilidad de la que adolece la eólica ya que funcionarán incluso tras la puesta del sol. Lo que sí parece aún muy lejos es que las renovables aporten el cien por cien del suministro. "Hoy por hoy, con la disposición actual no es posible", concluye el responsable del Cecoel.

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