"Eso de que la cultura debe ser gratis es un desprecio al autor"

-¿Qué es mejor, ser batería de un grupo de rock o director de cine?

-En estos momentos de apreturas lo mejor es ser funcionario del Estado. Pero, puestos a elegir, me quedo con los dos. Batería y director.

-¿Le tira más el guión o la dirección?

-La dirección. Escribir guiones es un trabajo bastante solitario y yo me considero una persona muy sociable. La dirección tiene eso del rodaje, que es un poco como ir de excursión con los amigos.

-En esencia, ¿qué es un corto?

-Siento ser tan obvio, pero para mí es lo mismo que un largo pero en pequeñito. Tiene que tener todas sus partes, su historia, su estructura, sus protagonistas, su final…

-¿Y cuál es el papel de una historia en un corto?

-Sin historia no hay narración. Puede haber otra cosa, videoarte, experimentación… pero no narración en el sentido en que el hombre la conoce desde hace milenios. Entre una anécdota de caza contada alrededor de un fuego por un hombre del paleolítico y un cortometraje actual pueden variar los medios y el lenguaje, pero queda la esencia que es la historia.

-¿Liga tanto ahora como en su época de miembro de 091?

-No, pero tampoco lo intento. Y además tengo que decir que es un mito eso de que los rockeros liguen mucho. Por lo menos, los que yo conozco. Y que me perdonen por ponerlos en evidencia.

-Músico, guionista, hijo de pintor y tataranieto del arquitecto que construyó la Plaza de España en Sevilla. ¿Qué se siente?

-Pues que he tenido suerte de vivir en un ambiente cultural y que admiro a los que sin tener tanta suerte como yo han desarrollado el gusto y la curiosidad por el arte.

-¿Cuál ha sido el momento más embarazoso de su vida?

-Tenía cinco o seis años. Me habían operado de estrabismo, tenía los ojos vendados y estaba en una habitación de hospital llena de amigas de mi madre que habían ido de visita. Me entran ganas de hacer pipí y le digo a mi madre que se salgan todas, que me da vergüenza. Las oigo salir y cerrar la puerta. Me pongo de pie sobre la cama, me bajo los pantalones del pijama y empiezo a hacer pipí en una escupidera. En ese momento escucho el estruendo de las risas de las amigas de mi madre. No habían salido de la habitación en ningún momento. Me enfadé mucho, pero imagino que era gracioso ver ese híbrido entre Cupido y Manneken Pis.

-La mayoría de la gente defiende eso de descargase películas y música gratis desde internet. ¿Usted lo hace?

-Bueno, lo he hecho un par de veces con películas que no encontraba fácilmente, pero tengo mala conciencia. Creo que no hay que hacerlo. Eso de que el arte es alimento espiritual y un bien común y que por eso debe ser gratis es un camelo y un desprecio a los autores ¿De que viven entonces los que lo hacen?

-Hay un público que lleva años reclamando el regreso de 091. ¿Por qué no sucede?

-Lo mejor que pudo hacer 091 ya está hecho y, en lo que a mí respecta, prefiero que la gente lo guarde en la memoria, que es donde debe estar el pasado. Existe un bonito mito entorno a 091 y creo que sería una lástima estropearlo.

-¿Cuál será su próxima idea?

-Seguramente, una por la que me paguen. Casi todo lo que hago ahora mismo es televisión y así funcionan las cosas en ese medio. Todo muy rápido y a cambio de dinero, que tampoco me parece mal: incentiva el intelecto.

-¿Le gustaría dirigir una película en la que usted actuase como batería de rock?

-¿Por qué no? Pero sólo saldría en un cameo sin frase. Soy un pésimo actor.

-¿Cómo hay que llamarle, Cayetano o Tacho?

-Tacho. Es como me llaman mis amigos. Aunque alguno me llama también Despistacho por cierta tendencia que tengo a no enterarme de nada.

-¿Cuál considera que es su mejor faceta?

-Creo que tengo algunas aptitudes para la narración y muy pocas para la música. Pero soy muy positivo. Incluso cuando algo que me gusta no se me da muy bien, no por eso dejo de hacerlo. Al final acabas aprendiendo algo.

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