"El espectáculo de moda es denostar a los políticos"

-¿Un Gobierno debe procurar la felicidad de los ciudadanos?

-En absoluto. Eso decía la Constitución de Cádiz, fruto de lo que yo llamo la demasía ilustrada. Pero el ideal de vida buena se lo tiene que buscar cada cual.

-¿Qué cabe exigir a los dirigentes políticos?

-La política debe contribuir a construir una sociedad decente, en la que los ciudadanos no desprecien a los demás y vivan sin sentir vergüenza de cómo se tratan entre ellos y cómo les tratan desde el poder.

-¿La democracia española lo consigue?

-La nota que los ciudadanos dan a nuestra democracia es muy baja cuando les preguntamos sobre la capacidad que tienen de controlar a sus representantes. No cuentan con recursos para ello.

-¿De ahí la actual desafección?

-Es lo que explica que la clase política se haya convertido en el tercer problema que más preocupa a los ciudadanos, según todas las encuestas.

-¿Los ciudadanos se sienten impotentes?

-Los ciudadanos pasan de la política porque no la pueden controlar. Pero tampoco tienen la conciencia tranquila. ¡Piensan de sí mismos que no son buenos ciudadanos!

-Un complejo de culpa muy judeocristiano.

-Se sienten culpables porque no cumplen bien con sus obligaciones públicas. La política se proyecta a los ciudadanos como un juego de pocos, como un espectáculo. El espectáculo de moda es denostar a los políticos.

-¿El problema está en la cúpula de los partidos?

-Las cúpulas de los partidos, en una deriva perversa que comparten todos con cierta fruición, controlan la mayoría de los recursos. ¿Nunca se ha preguntado por qué los partidos son tan pequeños?

-¿No dan oportunidades a la gente?

-Tienen pánico a aflojar el control. Si el derecho de participación estuviera regulado por una ley orgánica, la gente se afiliaría a los partidos pensando en que podría condicionar la política.

-¿Por qué todo se politiza en este país?

-Hay una sectarización de los diferentes poderes en torno a la política. Mire las páginas de los periódicos. Los mensajes son muy simples. Ahora se les llama argumentarios, pero son consignas.

-¿De ahí la crispación?

-La crispación no es más que consecuencia de una política sectorizada, simplificada y retórica.

-¿Qué falla en el equilibrio de poderes?

-Hay zonas opacas en las relaciones entre poderes. Los ciudadanos se escandalizan por esa suerte de politización de otros ámbitos de la democracia, sobre los que se ejerce un control no reglado.

-Pero, ¿por qué ocurre eso?

-No funciona de forma transparente la distribución y el control de los poderes por otros, lo que desemboca en una relación con tintes de corrupción: se forjan acuerdos bajo la mesa y lo que se expresa no coincide con lo que se dice.

-¿Esas perversiones tienen arreglo?

-Le daré un título piadoso. Hay que tomarse en serio la democracia: que los partidos sean una cancha donde la gente pueda participar e intervenir.

-¿Pero cómo?

-¡No es tan complicado! Basta con abandonar el cortoplacismo. Haciendo, por ejemplo, que los consejos asesores y agencias reguladoras, en teoría independientes, funcionen debidamente.

-Y no bajo el control de los partidos.

-Es grave que sepamos quién va a presidir el Tribunal Constitucional o el Consejo del Poder Judicial antes de que se elija a sus miembros, porque así lo han pactado los partidos. ¡Y nadie se escandaliza!

-¿Qué sería lo correcto?

-Elegir buenos magistrados, los mejores profesionales, solventes, independientes y que decidan ellos quién los va a gobernar y cómo.

-¿La hegemonía socialista llega a su fin en Andalucía?

-No me gusta emplear la palabra hegemonía, ni la palabra régimen, porque son peyorativas. Otra cosa es que un partido que gobierna siempre tiene patologías importantes. Lo he criticado y he peleado contra ello.

-¿Por qué no ha habido alternancia en 30 años?

-No es lo frecuente. Aunque no es un problema en sí, refleja que algo no funciona bien en la competición política: o son muy buenos los que están, o son muy malos los que aspiran a estar.

-¿Y a partir de ahora?

-Se percibe el agotamiento de un estilo de ejercicio de una mayoría política. Ahora bien, puede ocurrir que esa mayoría política se convierta en una mayoría minoritaria y se tenga que aliar con IU.

-¿Y…?

-Ése, para mí, es un escenario terrible: una radicalización fruto de que el socio minoritario imponga un sesgo político trasnochado. No creo que sea bueno para las necesidades de Andalucía.

-Supongamos que gana la competencia.

-No me parece nada dramático que gane el PP, la alternancia es lo normal en democracia. Pero no garantiza que vayamos a mejorar, ni que lleguemos a la tierra prometida.

-No parece muy optimista.

-Está usted hablando con un escéptico, que al mismo tiempo tiene una enorme voluntad de que la política se reforme.

-¿Qué se juega en la cancha del socialismo gaditano?

-Lo veo, muy desde fuera, como una desnuda lucha por el poder. Con cierta tristeza. Más allá no puedo ir.

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