Laura Baena. Publicista, creadora del club de malasmadres

"El padre que pide la baja se ve como un calzonazos"

-¿Sus hijas la ven como una mala madre?

-Son buenísimas. Una vino con un blog bajo el brazo y la otra con un libro.

-¿Cómo surge el blog?

-Me quedé embarazada y abrí el blog La niña sin nombre. Trabajaba en una agencia de publicidad y decidí desdramatizar la maternidad. Acabar con el mito de la superwoman que puede con todo, que va con una sonrisa a todos sitios.

-¿Y se hizo mala madre?

-Es que si no lo asumes terminarás siendo mala madre, mala profesional, mala esposa. Mi inquietud movilizó a muchas profesionales liberales, el adjetivo no podía ser más engañoso.

-¿El resto lo hicieron las croquetas?

-Con las cosas que me decían en el Facebook fuimos creando una especie de programa vintage. Mi hijo nunca diría que como las croquetas de mi madre no hay otras y cosas así. Y la madre, que sabe que no es perfecta, reza para que llueva y no tenga que bajar con el niño al parque.

-¿Cómo nace el libro?

-Es el resultado de esta comunidad emocional. Les interesó a unas quince editoriales. Lo del club de las malasmadres les pareció una idea muy poderosa. Y Lunwerg, de Planeta, hizo el resto. El libro iba a ser una biblia de las malas madres con sus diez mandamientos.

-¿Cuál era el primero?

-Echarás de casa el sentimiento de culpa.

-¿A quién se dirige?

-No sólo a las madres, claro. En el fondo, hay un trasfondo social. Cuando dije en la empresa que estaba embarazada, mi jefa me dijo que no era una empresa "de mamis y bebés". De esa incomprensión llegamos al proyecto 13-F, por el 13 de febrero.

-La víspera del Día de los Enamorados...

-Fue casualidad. El 13 nos sigue, nos da suerte. Es el día que hicimos la encuesta entre cinco mil madres. Un 80% no se beneficiaron de la conciliación. La mitad de las que habían pedido la baja maternal, al volver o las cambiaban de puesto de trabajo o las invitaban a irse. Si pides la reducción de jornada, cobras menos y tienes que pagarle a alguien para que cuide de tu hijo.

-Habla de biblia. ¿Hace falta un concilio para conciliar?

-La conciliación estaba en todos los programas electorales, pero nadie la debate. El problema no es de las empresas; es de las instituciones y el Gobierno. Hay grandes empresas como Iberdrola que han tomado medidas muy racionales. Las pequeñas empresas, que son las que tiran del país, no tienen ayuda del Gobierno.

-¿Han tenido problemas de derechos con el Malamadre de Celda 211?

-No. Nosotras vivimos nuestra propia película. La madre está siempre juzgada. Si trabajas porque trabajas. Si no trabajas porque te quedas en casa. Ni tu barriga te pertenece, todo el mundo la toca.

-Que se lo pregunten a Susana Díaz.

-Esa barriga es vox populi.

-¿Le van mandar el libro?

-Deberíamos. Seguro que se hace del club.

-¿El complemento de una buena mala madre?

-El buen padre que no combina los colores, que no encuentra nada de nada, que parece que han entrado los ladrones cuando se queda en casa y hacen el trabajo sucio. Cada vez son más los que piden la baja paternal o la reducción de jornada, pero sigue estando mal visto. Sigue siendo un calzonazos.

-¿Es su bautismo como escritora?

-No es un ensayo filosófico ni una novela.

-La mala suegra no necesita de marketing...

-Pues también hay que cambiar ese estereotipo. Mi suegra es estupenda. La dejé en el Fnac de Marbella colocando los libros.

-¿La mala madre se resentirá de la desaparición de la buena tía con el receso demográfico?

-No es mi caso. Mi suegra tiene trece hermanos y viven en Barcelona. Mi vida está llena de tietas. En el futuro ya no quedarán.

-¿Autores de referencia?

-Susan Sontag, Amélie Nothomb. Estoy leyendo La vida de Patricia Luna de una amiga bloguera, Isabel García Zarza.

-¿Volvió al trabajo?

-Sí. Durmiendo menos, comiendo menos, viviendo menos. Decidí dejarlo. Y entonces sólo tenía mil seguidoras en Twitter. Ahora somos más de setenta mil.

-¿Quiénes son las mujeres de la portada?

-Me gusta ese aura de mujeres de los años veinte que se juntaban para fumar en pipa a escondidas. Mujeres casi clandestinas.

-Ahora las van a tener que legalizar...

-En Facebook somos casi noventa mil. Pero no somos feministas. Las feministas han hecho mucho por las mujeres, pero nuestra lucha es otra.

-¿Tienen preferencia entre el método de Estevill o de Carlos González en la diatriba entre pediatras?

-No nos posicionamos. Hay malas madres que dan la teta, que dan el biberón o que colechan, que duermen con los niños por pura supervivencia.

-¿El gin tonic es una de sus contraseñas?

-Absolutamente. Es magnífico para el estrés y te relaja. Nuestro lema es corto de tónica y largo de gin.

-¿Qué tal se llevan las malas madres con la madre patria?

-Es una metáfora interesante. También en este terreno de la maternidad hay que adaptar el modelo arraigado, tradicional, al modelo real. ¿Por qué una madre no puede decir que está harta de su hijo? Ese hartazgo es la prueba del cariño. La criptonita de toda madre es un te quiero.

-¿Qué modelo de mala madre le atrae, Pilar Bardem o Isabel Preysler?

-No me caso con ninguna.

-La madre de Sergio Ramos ha dicho que su hijo no se va a Manchester.

-Eso sí que es madre patria.

-¿Si ha hecho una biblia es porque toda madre tiene algo de dolorosa?

-Yo quería ser madre hace mucho tiempo, pero nunca encontré el momento. Lo que no quería era dejar de ser yo. La maternidad tenía que dejar de ser una crisis existencial. Igual llegamos tarde a las madres de generaciones anteriores que convivían con el síndrome del nido vacío, con la pregunta ahora qué cuando los hijos se iban de casa.

-¿Son más que un club usando el símil balompédico?

-El fútbol es para nosotras una liberación. La soledad está infravalorada. El fútbol no es nuestro enemigo. Yo he sido socia del Málaga para acompañar a mi padre. El pobre no tuvo hijos, ha tenido dos niñas, y tuvo que esperar al nieto, al hijo de mi hermana. Mi padre era futbolista y mecánico.

-Como Fernando Hierro...

-Tuvo que dejar las dos cosas por una lesión y se hizo comercial. Ahora es mi mejor comercial. El otro día, comiendo en Málaga, mi padre hablaba con mucha vehemencia de política. Una señora de otra mesa le invitó a crear un partido y él le dijo que la semilla se la había pasado a su hija. La invitó a a hacerse socia del club de malasmadres.

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