Rajoy, entre el déficit y la imagen

  • El nuevo Gobierno decidió la subida de impuestos al conocer que la cifra de déficit era superior en dos puntos a la anunciada por el anterior Ejecutivo socialista y a pesar de la impopularidad de la medida

SUS asesores siguen con preocupación los telediarios de RTVE, en los que a Rajoy se le trata como mentiroso compulsivo por subir los impuestos a pesar de haber criticado a Rubalcaba en el pasado por defender que los ricos tuvieran mayor presión fiscal -"los directivos nombrados por el PSOE quieren dejar su huella antes de que llegue la hora del relevo"- comenta un miembro del Ejecutivo. Pero no sólo los informativos de la televisión pública critican al Gobierno por sus duras medidas de ajuste y por aprobar lo que sistemáticamente habían considerado nocivo para el país: el equipo de Rajoy y el propio presidente eran conscientes de que asumían un alto coste de imagen y de credibilidad al aprobar medidas que chocaban con el programa que habían defendido, pero pensaron que eran inevitables si pretendían enderezar la situación económica a medio plazo y, sobre todo, crear empleo.

Ante la disyuntiva de medidas eficaces -o que consideran eficaces- y la imagen, optaron por las medidas. Y en un primer momento Mariano Rajoy consideró necesario presentarlas personalmente porque, dada su envergadura y que eran contradictorias con lo que había defendido, pretendía explicar él mismo las razones por las que daba marcha atrás en su proyecto inicial. Sin embargo, tras analizar con Soraya Sáenz de Santamaría que tendría que comparecer ante los periodistas con los ministros económicos -Montoro, Guindos y Báñez- para que respondieran las preguntas que incidieran más directamente en sus departamentos, concluyeron que tenía poco sentido que su primera rueda de prensa como presidente fuera para dar la palabra a distintas personas de su equipo de Gobierno.

Todo empezó, cuentan en el Gobierno, en la primera reunión de traspaso de poderes, el famoso traspaso "modélico", que se dedicó a economía. El PP preguntó por el déficit y la respuesta fue "no va mal pero puede estar afectado por las comunidades autonómicas". El Gobierno de Zapatero envió al PP siete carpetas con los datos económicos solicitados, pero no estaba ahí el déficit, así que Sáenz de Santamaría envió un email a Ramón Jáuregui para pedirle ese dato concreto. La respuesta fue que ya lo dirían porque quedaban unos índices por concretar… y nunca llegó el dato definitivo, que el Gobierno colocaba en torno al 6% aunque en el PP pensaban que podría ser mayor.

Ésa es la razón de que en el debate de investidura Rajoy presentara sus propuestas económicas advirtiendo "si se cumplen los pronósticos de déficit". Recuerda Rajoy que dijo que sus previsiones eran recaudar 16.000 millones para ajustar las cifras, y que la ex vicepresidenta Salgado asintió con la cabeza.

Montoro se enteró del déficit el mismo día que tomó posesión como ministro de Hacienda. Sería del 8%, dos puntos más de lo que decía el PSOE. Cada punto supone 10.000 millones más de euros, lo que significaba que habría que recaudar 20.000 millones más de lo previsto. Telefoneó a Rajoy, que convocó una reunión de ministros del área económica para el día anterior al consejo de ministros, a la que tanto Guindos como Montoro llevarían sus propuestas. La idea inicial era que las medidas se centraran en limitar el gasto, pero los dos ministros coincidieron en que con esas cifras era imposible el ajuste sólo con medidas centradas en el gasto: necesariamente había que aprobar medidas recaudatorias aunque el coste de imagen del Gobierno fuera tan grave. Los otros ministros convocados admitieron que efectivamente no se podía cubrir el déficit -"una cifra trágica" dijo uno de ellos- sin tomar decisiones impositivas que no habían contemplado hasta ese momento.

La decisión de incrementar la presión fiscal y mantener la congelación de los salarios de funcionarios fue unánime. Barajaron incrementar el IVA, que finalmente descartaron porque grava por igual a todos los ciudadanos y además nunca se baja, mientras que las medidas impositivas pueden aplicarse de manera temporal, que es lo que pretende el Gobierno a pesar de la desconfianza de los ciudadanos respecto a que un día se pueda producir un anuncie de bajada de impuestos. El incremento del IVA además afectaría a uno de los sectores más importantes, el turismo.

Valoraron, como es lógico, el impacto de imagen, así como en los mercados. Pero por otra parte uno de los ministros apuntó que en cualquier caso había que tomar medidas muy drásticas para cubrir el incremento del déficit respecto al índice previsto, y que "mejor decidir nosotros a que nos decidan".

Habrá también medidas para reducir el gasto, solo así se alcanzarán los objetivos previstos por el equipo de Rajoy. Pero ése es otro capítulo, el que será bien visto por la mayoría de los ciudadanos.

El reto más impopular era subir los impuestos, una medida que en los últimos años de oposición Mariano Rajoy y Cristóbal Montoro consideraban contraproducente y que, sin embargo, han aprobado simplemente a los 15 días de llegar al Gobierno.

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