Rajoy se queda sin crédito

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HACE unas semanas, el presidente nacional del PP, Mariano Rajoy, ordenaba la apertura de una comisión de investigación interna sobre los presuntos casos de espionaje a cargos del PP en el seno de la Comunidad de Madrid. Poco después, como era previsible, dio marcha atrás y ha dejado las pesquisas en manos de Esperanza Aguirre, que, experimentada como está en estas lides -con el máster en ocultación parlamentaria que protagonizó tras el tamayazo-, parece dispuesta a repetir jugada.

Desde entonces, Rajoy había optado por el silencio para capear un temporal que tenía el epicentro en su propia credibilidad. Pero mira por dónde, ayer, obligado por una presunta trama de corrupción que salpica a varios ayuntamientos populares de la Comunidad de Madrid, salió a dar la cara. Visiblemente nervioso, anunció que su partido había aceptado la renuncia del alcalde de Boadilla del Monte, Arturo González Panero, que esa misma mañana había declarado ante el juez Garzón por este caso, y que abriría una investigación interna.

Cuando parecía que, por fin, había hecho uso de la mano dura que le reclaman casi todos en su partido, el gallego se encontró con que el primer edil le respondió que no se marchaba al no estar imputado. Francisco Granados, secretario general del PP madrileño, con quien González Panero había pactado su renuncia, salió de inmediato para remediar el lamentable acto fallido de su líder amenazando con una moción de censura. Finalmente, cayó el alcalde, y Aguirre le dio la renuncia del consejero López Viejo y la destitución del ex primer edil de Majadahonda, Guillermo Ortega.

Pero lo peor de todo es que un Rajoy debilitado, con la credibilidad por los suelos, se enfrentará hoy en el Congreso a un presidente del Gobierno con el discurso económico agotado e instalado en un populismo autocomplaciente, pero a quien no podrá decir ni pío sin sonrojarse.

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