Rosa Díez desafía a las encuestas

  • Declive. Pese a la crisis que arrastra UPyD desde hace meses, su líder está convencida de que su partido importa, es necesario y cuenta con más apoyo de lo que dicen las sondeos

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NO se rinde ante las encuestas ni ante las bajas en UPyD, el partido que fundó hace unos años tras abandonar el PSOE y renunciar a su escaño en el Parlamento Europeo. La crisis de UPyD se prolonga desde hace meses, pero llegó a su punto álgido cuando el cabeza de la lista al Parlamento Europeo, el prestigioso catedrático Francisco Sosa Wagner, que ya había sido europarlamentario en la anterior legislatura, propuso la fusión con Ciudadanos. Recibió toda clase de improperios por parte de importantes compañeros de filas y, después de unas semanas de fuerte tensión interna en las que sufrió descalificaciones incluso personales, decidió pedir la baja como militante y como eurodiputado.

No se rinde aunque los sondeos que hasta hace un par de años le situaban como creciente "partido bisagra", advierten ahora -con la excepción del CIS- que Ciudadanos supera ampliamente a UPyD y, además, se ha producido una fuga relevante de militantes. A todo eso se suma la aparición de Podemos, que cambia el escenario político y enturbia el escenario electoral. Pero Rosa Díez está absolutamente convencida de que su partido importa, es necesario, cuenta con más apoyo de lo que dicen las encuestas y anima a los suyos a seguir peleando porque cree que va a demostrar que esas encuestas se equivocan y que incluso puede conseguir mejor representación en las autonómicas, municipales y generales que los que lograron en las anteriores elecciones.

Con Sosa Wagner ya fuera del partido, Díez dio luz verde a negociar con Ciudadanos y, de hecho, se celebraron cuatro reuniones entre dirigentes de CC y UPyD, aunque sólo trascendieron las cuestiones tratadas en el primer encuentro, que finalizó en desacuerdo absoluto.

Desde Ciudadanos se dijo entonces que Díez nunca tuvo voluntad de llegar a ningún tipo de acuerdo y que no se produjo ningún acercamiento de posiciones. Díez, sin embargo, a balón pasado, explica que no fue ese el espíritu con el que se acudió a la reunión, que fueron muchas las circunstancias que cercenaron la posibilidad de cualquier tipo de aproximación y que la más importante de ellas fue que, en su afán de sumar, Rivera autorizó la incorporación de concejales de partidos independientes de distintas localidades sin ningún tipo de control previo; explican que, en esa suma, Ciudadanos asumió algunos personajes con trayectoria no siempre muy limpia, cuando UPyD ha puesto como prioridad en su trayectoria y en su programa la lucha contra la corrupción. Una lucha sin cuartel que le ha llevado a presentar multitud de querellas para que los jueces investiguen algunos de los más importantes casos de corrupción, entre ellos si Bankia tergiversó datos contables en su salida a Bolsa, precisamente uno de los asuntos que han provocado que estos últimos días varios de sus ex directivos se hayan visto obligados a declarar ante el juez.

Díez suele decir que "en España hace falta un partido de centro y decente", insistiendo en la palabra "decente", y recuerda que el organismo Transparencia Internacional dictaminó que UPyD es el partido español que mejor pasa el examen de la transparencia. Por eso le preocupó en el momento de negociar con Ciudadanos que el partido no se preocupara de "testar" a las personas que solicitaban su incorporación procedentes de diferentes partidos locales o regionales, ofreciendo a cambio los votos que, decían, se llevarían a Ciudadanos si formaban parte de sus listas. En UPyD son extremadamente rigurosos con las nuevas incorporaciones, precisamente porque no quieren aceptar a nadie con comportamiento irregular que empañe la imagen de un partido que tiene como bandera la honradez y la lucha contra la corrupción.

Obsesiona también a Rosa Díez que el actual panorama político se plague de partidos y grupúsculos con intereses que tienen poco que ver con lo que de verdad importa a los españoles, y no se incomoda cuando se le pregunta si UPyD estaría más inclinada a dar sus votos al PP o al PSOE si necesitaran estabilidad para gobernar. Responde que cualquier tipo de pacto sería siempre poselectoral, basado en unos condicionamientos relacionados con el programa de Gobierno que se tendría que aplicar para contar con el respaldo de UPyD y confiesa que le es igual que se trate del PP que del PSOE. Recuerda que cuando tuvo en su mano la llave del Gobierno asturiano, entregó al PSOE, al Foro y al PP el mismo documento programático. Que Foro exigía que el presidente fuera Álvarez Cascos, Mercedes Fernández ser ella aunque tenía menos escaños que Foro Asturiano y que el socialista Javier Fernández no encontró ese tipo de disputa con IU y, por tanto, fue fácil pactar con él. Con ese ejemplo pretende Díaz demostrar que considera que PP y PSOE son dos partidos con los que se puede hablar por encima de ideologías, y no da pistas respecto a cuál es el que siente más cerca de sus planteamientos.

Durante toda la legislatura ha tenido una relación muy tensa con Mariano Rajoy, en los debates parlamentarios incluso se advertía una especie de desprecio mutuo que sorprende en una vida política en la que la acritud del debate siempre guarda unas formas. Sin embargo, cuando el pasado septiembre, con una preocupación máxima por lo que estaba sucediendo en Cataluña, escribió un correo al presidente del Gobierno pidiéndole una cita, se quedó sorprendida ante la llamada inmediata para concertar el encuentro, que se celebró al día siguiente.

De la reunión salió convencida de que Rajoy defendería con uñas y dientes la legalidad y no se celebraría la consulta, aunque después no ocultó su decepción cuando el Gobierno no actuó con suficiente contundencia para impedir la que se llamó "consulta ilegal", sin ningún tipo de valor jurídico pero sí político. Sin embargo, a pesar de esa decepción, ha desaparecido el anterior tono de agresividad que se advertía en la contienda parlamentaria entre los dos políticos. Lo que no significa que Díez se haya acercado a las filas del PP.

A pesar de que es consciente de que los politólogos le auguran un claro retroceso, en la línea de lo que apuntan las encuestas, la máxima dirigente de UPyD se siente satisfecha por la trayectoria del partido que fundó y utiliza como principal argumento que, gracias a iniciativas de su equipo, "se han llevado a la agenda política asuntos que no estaban en la agenda política como, por ejemplo, la lucha implacable contra la corrupción. No perseguimos a los corruptos, sino que queremos regenerar la sociedad. Con nuestra actitud hemos roto los esquemas. Nunca se hablado de corrupción en el hemiciclo hasta que llegó UPyD en su primera legislatura".

Sí se hablaba, aunque era otro tipo de corrupción; no hay más que recordar los debates de los últimos años de Felipe González. Pero es verdad que la lucha contra la corrupción de cualquier partido, y en cualquier nivel, es ahora cuando ha provocado escándalo y obligado a los partidos a tomar medidas expeditivas para intentar que los ciudadanos vuelvan a confiar en sus personajes públicos.

Es algo que Rosa Díez apunta en su favor, y tiene razón en parte porque ha sido implacable. Es posiblemente su principal haber, sumado a su gran capacidad de convicción que transmite a través de las tertulias televisivas en las que comparece. En el envés se encuentra su fama de autoritaria y de que impone su criterio contra viento y marea, lo que ha provocado importantes desencuentros con algunos de sus colaboradores, que han finalizado por abandonar el partido.

Rosa Díez, sin embargo, no desfallece ni ante esas acusaciones ni ante los sondeos. Se siente cargada de razón. Es más, se considera necesaria en esta España políticamente convulsa. Y está decidida a pelear para colocar a su partido en una posición de influencia. Digan lo que digan las encuestas.

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