Zapatero y Rajoy evidencian su incapacidad para llegar a pactos

  • El presidente del Gobierno postula el diálogo con la oposición y asegura que a finales de este año volverá a crearse empleo neto · El líder del PP sugiere al PSOE que se busque un nuevo candidato

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Esgrima, demasiada esgrima en el Congreso de los Diputados, y poca altura de miras. A la propuesta de un pacto de Estado con cuatro patas y tres interlocutores que formuló el presidente del Gobierno a la desesperada tras quedar en evidencia la economía española ante la CE y los mercados internacionales, el líder de la oposición respondió con una batería de condiciones casi imposibles, aliñadas con descalificaciones a veces personales y con pocas propuestas. Al final, este nuevo debate quedó reducido a una sugerencia de Rajoy para que el PSOE sustituya a Rodríguez Zapatero, como tercera opción, y una petición de éste a aquél para que tenga el coraje de presentar una moción de censura. Con 4,5 millones de parados y un déficit público del 11,4% del PIB, los dos primeros espadas de la política nacional reaccionaron, por momentos, con derrotes directamente proporcionales a la baja credibilidad que atesoran.

Con una gran expectación en las bancadas y overbooking de periodistas e invitados -ni la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, se lo quiso perder, a pesar de que el taco de marras la tiene de capa caída-, Rodríguez Zapatero arrancó su intervención con un relato riguroso y crudo de la situación económica, hasta que se metió en camisa de once varas en menos de un minuto: "La economía española ha ido evolucionando a mejor a lo largo de 2009, a partir de un momento recesivo agudo. Esto es algo cierto y constatable… El Gobierno prevé que volveremos a crecer en el primer semestre de este año, y volveremos a crear empleo neto a finales del mismo".

Tras subrayar que los objetivos del Gobierno son el desempleo y el déficit, el presidente del Ejecutivo socialista se centró en defender el Plan de Austeridad que, con un ajuste de 50.000 millones de euros en el periodo 2010-2013, pretende situar a España en el 3% de déficit, y continuó enunciando los otras reformas -mercado laboral y pensiones, principalmente- que está dispuesto a acometer su Gobierno en los próximos meses. Y anunció las medidas que tomará a corto plazo: Ley de Mediación y Arbitraje, plan de promoción de la inclusión social y la Ley del medio marino, el plan de lucha contra el fraude y la economía sumergida y el plan de racionalización de la Administración General del Estado y del sector público empresarial.

Una vez construido el contexto, Rodríguez Zapatero se lanzó a formular su oferta de pacto que, al menos, contenía una cierta estrategia política: "Voy a designar una comisión encabezada por la vicepresidenta económica (Elena Salgado) e integrada también por el ministro de Fomento (José Blanco) y el ministro de Industria, Turismo y Comercio (Miguel Sebastián), que son los miembros del Gobierno concernidos con las reformas, para que emprendan un diálogo y una negociación con los diversos grupos representados en ésta".

Tras definir los posibles materias sujetas a negociación -medidas para mejorar la competitividad de la economía española y fomentar la creación de empleo; política industrial para impulsar la renovación del modelo productivo; cumplimiento del plan de consolidación fiscal para asegurar la reducción del déficit público, y sistema financiero: estabilidad, morosidad, accedo al crédito-, el presidente del Gobierno circunscribió los acuerdos al marco del proyecto de Ley de Economía Sostenible y fijó un tiempo límite "no superior a los dos meses" (para abril).

Como correspondía, con las preguntas retóricas como arma reiterativa, Rajoy constató que "lo que se ve y lo que se oye transmite una penosa sensación de falta de rumbo, de improvisación, de desgobierno". "Nos hemos convertido en la comidilla de nuestros socios de gobierno", agregó.

En esta ocasión, el líder de la oposición, que acostumbraba a llevar discursos cerrados antes de escuchar a su interlocutor, replicó en su primera intervención a Zapatero, a quien, entre bromas y veras, le dijo que "esta vez sí tenemos la creación de empleo al alcance de la vista, casi al alcance de la mano".

Y tras una retahíla de malos datos que alumbran la gestión del Gobierno socialista, el presidente del PP señaló directamente a Zapatero. "La pérdida de confianza en su forma de actuar, es lo más grave", le dijo. "No inspira confianza, en primer lugar, porque no dice la verdad. Y no lo hace porque esté ciego o porque vea las cosas de otra manera. No. No inspira confianza porque niega la realidad con afán de engañar", sentenció el popular. E insistió: "No busque culpables más allá de su escaño porque todo el mérito es suyo. No es que ahora le miren en Europa con malos ojos, es que ahora le conocen". A todo esto, Rajoy salvó a España de esa "desconfianza". "España es un país serio; el Gobierno de su señoría, no".

Después de poner sus condiciones, sin profundizar en sus propuestas para pactar, solicitándole a Rodríguez Zapatero que anunciara en la Cámara Baja, entre otros, la reducción en 10.000 millones de euros (cinco mil más) del gasto de funcionamiento del Estado en 2010, una ley "verdadera" morosidad y el alivio del "gravísimo" problema de liquidez de los autónomos y las pequeñas y mediadas empresas, Rajoy le puso sus tres alternativas: una rectificación fehaciente, convocar elecciones anticipadas o que el PSOE le sustituya.

Concluida la intervención del líder de la oposición, el presidente del Gobierno renunció a replicarle de inmediato, enfriando el debate y sembrado la decepción en una gran parte de su bancada, que sintió cómo Rajoy le pasó literalmente por encima. En la réplica conjunta, Zapatero se dirigió directamente a Rajoy: "Vaya falta valentía política que tiene usted: pedir a mis compañeros que hagan lo que usted no ha sido capaz de hacer, que es ganar unas elecciones". Con esgrima, más esgrima, le replicó Rajoy.

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