Los viejos fantasmas

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No están, pero no falta quien les espera. Son como fantasmas, básicamente en el sentido etimológico del término, pues han quedado impresos en el imaginario colectivo de forma indeleble. Y tampoco falta quien les considera como tales en otros sentidos peores, sobrados de vanidad. Otros les adoran. Y es que nunca dejaron a nadie indiferente e imaginar su vuelta a esas magnas tareas que dejaron inacabadas -España y Euskal Herria- puede provocar ataques de pánico o de euforia. Siguen siendo pues toda una amenaza/esperanza latente y ayer volvieron a emerger entre la marea informativa de los teletipos. Aquí están de nuevo José María Aznar y Juan José Ibarretxe.

El ex jefe del Gobierno central volvió a soltarse ayer la melena contra su sucesor. "Nunca nadie hizo tanto daño en tan poco tiempo". Aznar se niega a permanecer impasible ante el indiscutible desastre económico de Zapatero y hace ulular las alarmas. "Lo malo no es el precio pagado, lo malo es el que vamos a tener que pagar, y lo malo no es el tiempo perdido, sino el que nos están haciendo perder".

Igual de apocalíptico se mostraba el ex lehendakari Ibarretxe desde las páginas del diario Deia, en las que alertó en un artículo de que PP y PSOE tratan de "desmontar la identidad vasca". Raca-raca y raca.

Aznar e Ibarretxe, Ibarretxe y Aznar, tanto monta, monta tanto. Enemigos inveterados, parecen aterrados ante la deconstrucción de su obra. El primero no se cansa de pregonar sus éxitos económicos y de lamentar la dilapidación de su herencia por el sumidero, dice, de la irresposabilidad de Zapatero. El segundo apenas puede presumir de nada: sus planes independentistas siempre pincharon en el duro hueso de la legalidad. De su lucha antiterrorista, mejor no hablar. Pero sigue actuando como ese insobornable guardián de las esencias euskaldunas que se considera.

Con generosidad, ambos pueden resultar hasta entrañables. Pero no son unos inofensivos jubilados que se recrean con polvorientas hazañas. Ellos siguen atando en corto a los bisoños líderes que han recogido sus testigos, con los que parecen algo enfurruñados, que es que son unos blandos, oye. Un zumbido de oídos que azota a los sufridos Mariano Rajoy e Íñigo Urkullu, escasos de sintonía con los viejos próceres.

Es lo que le pasa a Zapatero con González. Ni rastro del antiguo arrobo del leonés al sevillano. Ya no se llevan bien ni mal. Se sobrellevan. Encima, a los dirigentes del PP les ha dado por elogiar al ex presidente del Gobierno. Ésta es la última píldora: "González quitó la adscripción marxista al PSOE y Zapatero trata de imponer su ideología a los españoles". Palabra de Esperanza Aguirre. Tan humana y castiza ella en sus valoraciones extraconfidenciales, aunque no deja de ser otro viejo fantasma para Alberto Ruiz-Gallardón, entre otros.

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