Arte en ofrenda a la Virgen

  • Los malagueños acudieron puntuales a la cita de la ofrenda floral a la patrona, donde los verdiales, los volantes y las mantillas impregnaron la primera mañana de Feria

Marcaban las 11:15 cuando el gentío se apresuraba por el Paseo del Parque para coger un buen sitio a las puertas del Ayuntamiento, donde los más madrugadores aguardaban ya en las primeras filas a la espera de la salida de la Comitiva Oficial y la tradicional concentración de enganches de caballos y peregrinos para la Ofrenda Floral a Santa María de la Victoria. Las carrozas esperaban con madroños de colores y, en el hall, las mujeres se daban los últimos retoques y se colocaban la peineta, mientras a cada llegada se producían los primeros saludos de cortesía.

La entrada del edificio asemejaba un mar de colores, aunque el rojo, una vez más, dominaba entre los faralaes. Del mismo modo, el elegante vestido largo y ceñido no tuvo rival ante los modernos marisoles. Pocos fueron los atrevidos que se ataviaron con traje de corto, decantándose por chaqueta y pantalón sin corbata, de colores crema y camisas de lino en tonos vivos y alegres.

En el lateral derecho, Art Natura, el complejo museístico que parece haber encontrado en la Feria el lugar idóneo para promocionarse –ya se colocó el logo en la portada de Tabacalera del Cortijo de Torres y en la gigantesca representación del genuino pulpo Paul– repartía sombreros cowboy de paja, convirtiendo a los espectadores en una marea beige. Las flores en el pelo, los pendientes grandes de corales y los mantones engalonaban a las féminas, en un claro ejemplo de que las malagueñas, un año más, no son muy dadas a vestirse de gitana.

A las 11:30, la Policía Local comenzó a vallar la zona donde tendría lugar el acto, ordenando el alboroto y reorganizando las filas. Los más astutos se subían a los bancos para tener mejor perspectiva y las familias se situaban bajo la sombra de los árboles, donde el artificial aire del continuo balanceo de los abanicos traía un frescor parecido al de la brisa marina.

De fondo comenzaba a escucharse la Banda, mientras hacía un último ensayo precipitado en el que sonaban desacordes. El grupo de verdiales llegaba con biznagas en el pelo y un estandarte que rezaba: Escuela de folklore, Marisol Egea. Diez minutos antes de las 12:00, la Banda Municipal empieza a entonar las notas de Brisas de Málaga y comienzan a salir del Ayuntamiento las primeras caras conocidas.

Con estricta puntualidad salió la Comitiva Municipal, que posaba para las fotos protocolarias. El Abanderado de la Feria y Hermano Mayor de la Cofradía Fusionadas, Eduardo Rosell, presidía el grupo ondeando la bandera de Málaga y, ante la ovación del público, la banda comenzó a entonar el Himno de Andalucía, que se hizo coro en la voz de los malagueños. El tambor empezó a sonar junto al característico sonido de la flauta rociera, mientras empezaron a bailar por verdiales y el público quedó en silencio, que se rompió con el grito de un espontáneo: ¡Viva las malagueñas!

Tras el momento más emotivo del acto, la comitiva partió con el abanderado y el alcalde, Francisco de la Torre, a la cabeza; montados en un carruaje con madroñeras verdes, escoltado por la Unidad de Caballería. El punto de suspense lo pusieron los caballos de la mujer del alcalde, Rosa Francia, ataviada con el típico traje malagueño y mantilla blanca, cuando se desbocaron en la procesión durante 10 largos minutos, cortando el paso al resto de carriolas de la procesión.

Se izó la bandera, como cada año, el la Plaza Marqués de Larios y el oficio religioso tuvo lugar en el Santuario de la Victoria, Patrona de Málaga y de su Diócesis, para la ofrenda floral; dando inicio así a la Feria del centro en un acto lleno de arte, alegría y volantes, en honor a la Virgen.

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