Sírvanme la última que esto cierra

  • La Feria de 2010 se despidió anoche con ocho días en lugar de nueve, pero con los mismos visitantes. Sin embargo, todavía quedan rescoldos que permiten ir apagándola poco a poco hasta decirle adiós

AL contrario que en las discotecas cuando se pasan de hora, ayer se apagaron las luces del Cortijo de Torres poniendo fin a la Feria de 2010. Una Feria que pese a haber recibido 6 millones de visitas y haber durado un día menos ha dejado satisfechos a muchos, inconformes a otros y etílicos a otros tantos. Satisfechos a los feriantes, que han podido lucir sus mejores galas, ya sean de corto o con la camiseta a juego, bailando, bebiendo y disfrutando todo lo que el cuerpo buenamente les ha dejado. Inconformes se van los hosteleros y dueños de casetas, pues pese que el número de visitantes se ha mantenido con el del año pasado, la facturación "es posible que, incluso, haya sido algo menor", sentenció el alcalde el otro día. Y de los que se han pasado con el mollate mejor no hablar, mejor que hablen los cuerpos sanitarios y de seguridad, que menuda labor encomiable han tenido estos ocho días.

Han sido días en los que los excesos han sido los indiscutibles reyes: paella, pescaíto y Cartojal han copado la barriga de los malagueños hasta límites probablemente nocivos para la salud, y que haría llevarse las manos a la cabeza a más de un comisario de la OMS. Los descamisados han colonizado la tierra que pisaron fenicios, cartaginenses, romanos o árabes, y la han dejado infestada de fluidos, alcohólicos en el mejor de los casos. Pero por suerte no todos son así, y aún quedan mentes cabales que ven en el festejo de la biznaga la ocasión perfecta para disfrutar con sus más cercanos de una fecha única que llevan esperando todo el año.

Con el apagón de anoche, también se acaba el suplicio de los habitantes del centro, que, si ya tienen suficiente con la que se les lía muchos fines de semana del año, firmarían que todos los días fuesen así durante la Feria. Se ahorrarían algunos orines y vomitonas de bienvenida, infinidad de transeúntes que les impiden llegar con comodidad a sus soportales, y que sus casas vibren al son del Waka-waka de Shakira.

Sin embargo, si usted es de los que vio amanecer esta mañana en el Real, y su cuerpo le sigue pidiendo marcha no se preocupe, que la Feria es como las canciones que no saben cómo rematarse, que se van apagando poco a poco.

Para empezar, acabe de desayunar, échese una pequeña fiesta si ve que no va a ser capaz de aguantar lo que le viene y reponga fuerzas que pese a que el Creador descansara un domingo no tiene deber de hacerlo.

Si se encuentra descansado, péguese un pequeño garbeo con los más pequeños de su familia, hijos, sobrinos o primos, lo que tenga más a mano para formar la excusa, a los carricoches del Cortijo, aprovechando que se encuentran a mitad de precio, y no a los prohibitivos importes que han lucido durante los pasados días.

Una vez haya quemado su adrenalina en el Látigo, montañas rusas, y haya contemplado las vistas de Málaga desde las dos norias, apresúrese a dejar a los infantes y a acicalarse brevemente, tras haber tapeado los restos de jamón, queso y langostinos que queden en cualquier enclave del centro, y esté un poco antes de las siete en las inmediaciones de La Malagueta.

Sí, no se sorprendan, la plaza tiene vida propia, y aunque la Feria acabe, ellos siguen, y si la Feria anda a ellos no les importa parar.

En el albero se verá el duelo de espadas de Uceda Leal, Curro Díaz y Salvador Vega, aunque quizá habrá que pasar antes por capilla para cumplir con la misa del día, pedir por la familia, y por que las reses salgan con, además de presencia, bravura. Aunque para análisis taurino lean La Puntilla de Navarro Arias y no a un servidor que sólo hoy pisará el coso.

Una vez abandonen el ruedo, atraviesen el túnel de Alcazabilla, respiren el alcohol aún impregnado en las losas de La Merced, que harían despertar al mismísimo Torrijos, y tómense la última de Cartojal en cualquier sitio aledaño que estos días se han visto desbordados por la demanda, eso se lo dejo a su elección.

Por el contrario, si usted ha sido de los que ha acabado para el arrastre, que espera que la Feria de 2011 se retrase lo máximo posible y que no quiere saber nada de flamencos, verdiales, enganches y vino afrutado, hoy sin duda es su día, más aún si Timoteo, Hipólito o Saturnino es su nombre. Le aconsejo, relajación total, un bañito tranquilo en alguna playa, una siesta de las que hacen historia y un rato de lectura si les apetece.

Aún así, a un servidor la última de ayer le supo a poco, y con Cartojal enfriándose en mi nevera, apagaré la Feria definitivamente mañana, cuando tradicionalmente era su epílogo. Realmente no lo comprendo, pues mi espíritu feriante no es ni mucho menos el de María Gámez o Francisco de la Torre pero a mi espíritu reivindicativo no le gusta que le quiten nada, así que sírvanme la última que esto cierra.

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