París es moda

  • La Semana de la Alta Costura llega a su fin en la capital del Sena demostrando que si bien siempre hubo un pasado mejor el futuro fashion pinta muy pero que muy bien

Hay dos formas de entender la alta costura, y todas sobre una única base: el dinero. Sólo unos pocos privilegiados pueden permitirse crear dos colecciones al año por amor al arte, literalmente. Para unos la haute couture es un derroche de creatividad sabiendo que esas prendas se han diseñado únicamente para contentar la vista de sus selectas clientas, y que jamás llegarán a las tiendas. En cambio para otros esta concepción está cambiando y crean a lo grande pensando en la venta final. Claro está para la red carpet y fiestas de alto nivel, en ningún caso para inspirar el low cost.

París ha dado buena cuenta de ambas corrientes durante su Semana dedicada a la Alta Costura de cara al próximo otoño-invierno, que ayer llegó a su fin. Jornadas en las que las casas de moda han vuelto a demostrar que el universo fashion es imparable, que no se detiene, demostrando que siempre hubo un pasado mejor pero que el futuro pinta muy pero que muy bien.

Desfiles de alfombra roja como los de Elie Saab y Zuhair Murad. La moda libanesa se consolida como una de las favoritas entre las celebs para las grandes ocasiones. Saab ha apostado sobre seguro con vestidos sofisticados y seductores, al igual que Murad de cuya colección han destacado las piezas de aires glam confeccionadas en cristales y llamativos bordados sobre gasas y sedas.

Las superposiciones se consolidan de la mano de Raf Simons para Dior, cuya prenda estrella han sido los abrigos oversize con aires vanguardistas gracias a una manga en tejido diferente, y de Giambattista Valli y sus pantalones bajo vestido. Éste ha impregnado la alta costura de estética setentera, un recurso sobre el que también ha creado una parte de su colección Versace. No obstante, lo que más ha llamado la atención de la línea de Donatella es la inspiración ninfa de sus vestidos vaporosos y femeninos elaborados sobre una paleta cromática pastel. También ha recogido inspiración de años pasados Karl Lagerfeld para Chanel, con el tweed nuevamente como protagonista, que ha presentado una colección de dos piezas y vestidos midi muy años 20. También ha tirado de recursos Giorgio Armani Privé, que si bien ha dado una inyección de color a su pasarela con abrigos y boleros de pelo teñido en fucsia y azul eléctrico, sigue recurriendo a los cuerpos de pedrería y a esa elegante sobriedad que tanto le gusta.

No obstante, si algo ha caracterizado esta ya pasada Semana de la Alta Costura parisina ha sido la reinvención de la falda. Esa prenda que parecía estancada en el tiempo y que ha renacido ganando una batalla que parecía haber perdido contra los pantalones y el jumpsuit. Si por un lado Giambattista las ha elaborado en tul y de tamaño XXL, el que se lleva la palma ha sido, sin duda, Jean Paul Gaultier, que haciendo alarde de su estrambótica forma de crear ha mostrado con orgullo al mundo sus (¿imposibles?) faldas circulares.

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