La comodidad marca tendencia

  • Tras la acertada inauguración de la pasarela 'Camino', dedicada, al Rocío, la tarde desplegó un amplio abanico de opciones entre las que destacó la valiente apuesta presentada por Aurora Gaviño.

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Después de unas ediciones anteriores en las que se ha buscado rizar el rizo intentando, cada firma, diferenciarse de las otras haciendo algo distinto y cada vez más novedoso (o incluso, según se mire, hasta estrambótico), tal y como avanzábamos en este espacio ayer, 2012 está siendo el año, en general, de la sencillez flamenca y, en consonancia con ella, de la comodidad en el vestir. Tal vez motivados por la crisis -o siendo realistas de hasta dónde se puede y no se puede innovar-, los diseñadores están presentando unas colecciones mucho más serenas que en otros momentos precedentes, y para muestra todos los botones que fueron los pases englobados bajo la denominación genérica de Camino. Un recorrido por las propuestas para el Rocío de Arte y Compás, Carmen Latorre, Carmen Vega, Creaciones MariCruz, Diseño Hermanas Serrano, Luchi Cabrera, Nuevo Montecarlo, Pilar Vera y Sonia&Isabelle (Sonibel) donde se disfrutó de la luminosidad de un peregrinaje donde hubo cabida para muchos tonos luminosos -blancos o mostaza (uno de los colores-tendencias más en alza)- y para esos volantes canasteros que también se convierten en una constante durante estas primeras jornadas de Simof. En cuanto a los estilismos, pelo suelto o recogidos informales vinieron a reforzar un espectáculo que constituyó un agradable matinal soplo de aire fresco.

Ya por la tarde, Molina Moda recuperó lo rociero, pero esta vez con propuestas que mezclaban vaquero con otros tejidos y crochet en unos cómodos bajos, de nuevo, de formas canasteras. Para la feria, mezcla de lunares de diferentes tamaños y, pensando en la noche, muchas piezas entre las que abundaron tirantes y escotes asimétricos y, como detalle, la misma carrucha de raso en el remate de muchas piezas por la que, a continuación, también se decantó Loli Vera. Una profesional que, en Daniela -homenaje a su nieta-, apostó por mangas ceñidas y amplitud en los volantes y entre cuyas creaciones destacaron sus suaves creaciones en beige, los algodones bordados con encajes de bolillos y un perforado negro y blanco adornado con flecos. Compartiendo su pase, Ana Morón demostró que pisamos un terreno en el que aún es posible continuar sorprendiéndose sin perder la esencia andaluza. De ahí que Mil y una noches constituyera una excelente plataforma para presentarse, por vez primera, ante un público enamorado de un exotismo que se hizo patente en los linos con arpillera pintada a mano, los estampados de cachemir, las mangas plisadas -o como mantones de Manila- o esos turbantes con los que coronó a unas modelos entre las que destacó la presencia, como invitada, de María José Suárez.

Por último, Aurora Gaviño hizo despertar a los sentidos haciéndonos ver aquello que transmitimos en función del tono del traje por el que nos decantamos. Una especie de colorterapia a lo flamenco que se recibió con cálidos aplausos a sus tachuelas, cadenas y tiras de pequeños espejos o a esas maravillosas toreras de terciopelo que realzaban aún más unos cuerpos ceñidos -muchos de ellos con escotes redondeados- y donde no podríamos encontrar una mejor técnica para sobreponer los tejidos. Del negro al coral, del rojo al verde, del amarillo al naranja, Gaviño es una explosión de geniales ideas que no dejan atrás unas ideales gargantillas, collares, pendientes y camafeos con flecos salidos, igual que el resto, de la imaginación de esta sevillana que, aun en sus excesos, derrocha arte puro.

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