"Los mexicanos nos tumbaban con tequila todas las noches"

El alter ego de Barrancas, la hormiga supuestamente buena de El hormiguero, se llama Damián Molla y es un enamorado del sur, sobre todo de la provincia de Cádiz, donde veraneaba de niño porque tiene familia. "De lo que más me acuerdo son de las tostadas que nos preparaba para merendar mi tía Pepi, revitalizantes pero no aptas para el régimen. Te comías una y te daba energía para el resto del día, ¡dabas la voltereta en el aire, vamos!".

Con tanta actividad, ya que además de trabajar como guionista en el programa de Cuatro tiene un grupo de música, no es de extrañar que recuerde con nostalgia los veranos que pasaba de niño en la playa de La Barrosa, en Chiclana, rodeado de decenas de primos y primas y sin dar un palo al agua. O, mejor dicho, 'preparándose' para escribir los chispeantes monólogos que luego han visto la luz en El club de la comedia y, ahora, en El hormiguero. "Una cosa que me llama ahora la atención es que en el chalet de Chiclana dormíamos todos los primos juntos, niños y niñas. Pero allí no había maldad. O, más bien, había demasiada. Me pasaba todo el verano haciendo rabiar a ellas junto a algunos de mis primos más chulos: las tirábamos a la piscina, les echábamos arena cuando acababan de salir de bañarse en el mar, les quitábamos la toalla... vamos, que las puteábamos a más no poder. Luego se vengaron diciendo que éramos unos cafres a las niñas que nos gustaban. No me extraña... ¡es que éramos unos cafres!"

De forma que así, la mar de familiar y playero, pasaba un Damián en su más tierna infancia sus vacaciones de verano en Chiclana de la Frontera. De ahí que ahora, pese a vivir en Madrid, cuando 'pilla' un sitio en un chiringuito de la playa, no hay quién le eche. Porque, sí, lo suyo es la playa, más que el campo y, por supuesto, la ciudad. Como en aquellos años de finales de los 80 en Cádiz, aún sigue 'pirrándose' por el sol, el mar o por tomarse un helado sentado en la arena mientras contempla un bonito atardecer. ¡Y a quién no! Son placeres que aprendió en su tierra materna, en el sur de España, y que aún sigue practicando de vez en cuando cuando tiene tiempo y sus obligaciones profesionales se lo permiten. Aunque ha vuelto varias veces a La Barrosa siendo ya mayor, reconoce que no conocía el sitio y que se ha quedado asombrado con la cantidad de turistas y con la expansión urbanística de la zona. "El sitio ha dado un cambio radical. Antes sólo había campos, playa y un par de tiendas...", cuenta.

Desde que vive en Madrid también le gusta viajar a otros países y conocer sus culturas. Como cuando fue a México con su compañero, Juan Ibañez (Trancas). "Conocimos a un mexicano que nos enseñó aquello y ¡no veas cómo bebía tequila el tío! Allí es que todos son así; nos tumbaban a base de tequila todas las noches".

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