El verano de la duquesa de Alba

  • Tras pasar unos días en Ibiza, hace una semana la duquesa viajó a la isla de Formentera en compañía de su hija Eugenia y los gemelos Luis y Amina, pero de su novio Alfonso Díez aún no hay ni rastro

Tras un recorrido por las distintas residencias que tiene repartidas por toda España, en concreto por la de Punta Galera de Ibiza, doña Cayetana de Alba llegó el pasado lunes a la isla de Formentera para disfrutar de unas tranquilas vacaciones en compañía de sus seres más queridos, aunque sin la presencia de su novio Alfonso Díez. Hecho que ha suscitado múltiples y diversas especulaciones sobre su relación, incluso ha provocado que se viertan nuevos rumores de posible ruptura o devaneos sentimentales de él. Simple y llanamente, la duquesa ha preferido -de momento- disfrutar de un veraneo más familiar acompañada de los suyos, sin darle importancia a la ausencia de Alfonso, ya que en años anteriores la ha acompañado siempre y han podido disfrutar felizmente de su casa ibicenca.

La duquesa ha acudido a la playa a lo largo de la última semana totalmente equipada con toalla, tumbona y sombrilla para pasar la jornada en Migjorn, una de las playas más concurridas de Formentera, donde también se han dado un chapuzón en sus aguas Rossy de Palma o el matrimonio Bustamante. Doña Cayetana, a pesar de sus 84 años de edad, prefirió lucir esta vez, en lugar de bañador, un lozano biquini estampado en tonos morados y turquesas que combinó con unas omnipresentes gafas de sol, que no se quitó ni para disfrutar del baño.

La aristócrata está disfrutando de sus vacaciones en la isla formenterense con sus nietos Luis y Amina -los gemelos de su hijo Cayetano y Genoveva Casanova- y con su hija Eugenia, que aunque no se les ha visto juntas, los fotógrafos sí han tomado algunas imágenes de la duquesa de Montoro en la misma playa.

La duquesa está llena de una gran vitalidad que la mantiene siempre joven y que hace que la diferencia de edad con su novio Alfonso, 25 años menor que ella, no se note en el día a día. Esta energía que posee, aunque necesite alguna ayuda en ciertos momentos -ya que hasta hace poco su estado de salud no fue muy bueno- hace que recobre aún más fuerzas sin reparar ni un segundo en frenar sus ganas de disfrutar de unas vacaciones en la agotadora playa de Formentera, como si de una quinceañera se tratara.

No obstante y a pesar de sus ganas de deleitarse con una relajada tarde al sol, no se mostró fría ni distante a la hora de recibir a aquellas personas que se acercaban a saludarla, incluso se advertía el enorme gozo que sintió cuando se dirigió hace ella una niña con los brazos abiertos, a la que respondió con una amable sonrisa.

El momento más curioso de la tarde -y quizá cómico- fue cuando la duquesa se disponía a abandonar la playa y decidió cambiarse el biquini mojado por otro seco, esta vez de colores verdosos y anaranjados, tan juvenil como el anterior, cambio que realizó de la forma más natural y como si se tratara de cualquier otro veraneante, sin importar la larga lista de títulos nobiliarios que posee .

Cubriéndose hasta la cintura con una simpática toalla de Piolín de sus nietosyayudada por una persona de servicio, ambas intentaban disimular para que nadie se percatase del cambio de ropa. La duquesa realizó la acción, que cualquiera de nosotros habremos hecho en algún momento pero esta vez, como no podía ser de otra forma, fue captada por los objetivos de las numerosas cámaras que presenciaron la escena. Y es que la duquesa nunca deja de sorprendernos al comportarse como una persona más de la calle, lo que da muestra de su sencillez.

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