Afectados, en el laberinto

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Manuel parecía Robocop. Para caminar usaba un protector con láminas de acero para no flexionar la rodilla debido a que los ligamentos lo estaban martirizando. En el SAS le dijeron que debía hacer rehabilitación y que si los ejercicios no surtían efecto, sería carne de quirófano. Así que fue al Hospital Civil para someterse a la rutina gimnástica que le indicaran a fin de evitar la operación. El médico rehabilitador lo vio y entró en lista de espera. Era noviembre de 2007.

Varias semanas después seguía de baja, sin poder doblar la rodilla y con calmantes, pero no lo llamaban. Al final, su mutua, que es la que está pagando su baja, le ofreció rehabilitación. En caso de accidentes laborales o enfermedad profesional, la rehabilitación es una obligación de las mutuas. Si es una enfermedad común -situación en la que estaba Manuel-, aunque no están obligadas, suelen prestar la asistencia para acelerar la recuperación del trabajador y, por lo tanto, su reincorporación a su puesto. Manuel aceptó. Ya lleva un mes y medio en la mutua. "El sistema tendría que ser más ágil. Para mí no es conveniente estar de baja porque estoy con el sueldo pelado, sin pluses. Si ellos [por el SAS] no se dan prisa, el problema no es sólo de ellos sino de todos porque mi baja se paga con dinero público", reflexionaba.

Liarse de médicos es como entrar en un laberinto: se sabe cómo y cuándo se entra, pero nunca cómo ni cuándo se sale. Una lesión en la rodilla obligó a Mari Carmen a pasar por el laberinto. La operaron en el Clínico para ponerle una prótesis. Después de la intervención, pasaron tres meses sin que la llamaran para rehabilitación. "Tardaron tanto que cuando fui a empezar aquello no había quien lo moviera. Mi rodilla estaba rígida", relata.

Tuvieron que operarla otra vez. En esta segunda ocasión empezó la rehabilitación apenas unos días después de la intervención. "Esta vez salí el viernes del hospital y el lunes ya estaba haciendo rehabilitación". Tras su experiencia, no se corta en reprochar el funcionamiento del sistema: "El protocolo que siguen ellos es demasiado largo, esto debería ser más rápido".

Otro caso: Davinia. Con ocho tornillos metidos en la tibia, tardaron unos cuatro meses en llamarla para rehabilitación. "Tardaban tanto que el propio cirujano que me operó se sorprendió de que no hubiera empezado los ejercicios", cuenta. No podía costearse un fisioterapeuta por su cuenta así que no tenía más remedio que seguir esperando. "Para el paciente debe ser perjudicial tanta espera; pero es la Seguridad Social", se resigna.

Otra angustia, la de Maribel. En su centro de salud la derivaron al traumatólogo porque había perdido movilidad en un brazo. Ocurrió el pasado mes de octubre. El especialista del SAS le mandó tres infiltraciones. Se las pusieron, pero ni siquiera la remitieron a rehabilitación. Sólo le dieron una nueva cita en traumatología para marzo próximo. Así que se quedó en su casa, de baja, con tres infiltraciones y sin rehabilitación. "Yo no recuperaba movilidad", relata. A los quince días de estar de baja la llamaron de su mutua y le ofrecieron rehabilitación. Empezó. Ya lleva dos meses y medio de tirones terapéuticos y todavía le queda un tercio de movilidad por recuperar. "En el SAS el traumatólogo era bueno y la atención correcta, pero lo que fallaba era la espera. Si no me llaman de la mutua me hubiera tenido que pagar un fisioterapeuta particular porque sin rehabilitación yo iba a peor", confiesa.

José Ramírez, responsable de Sanidad de CCOO, cree que la situación actual es sangrante: "La rehabilitación debería ser inmediata. La demora que provoca la Administración [SAS], le resulta más costoso a la propia Administración [Seguridad Social] porque hay lesiones que, si no se tratan adecuadamente, pueden suponer hasta jubilaciones anticipadas y eso lo pagamos todos".

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