Altavoz de las olvidadas

  • La periodista Caddy Adzuba recibe el premio Libertad de Prensa 2010 de la Cátedra Unesco de la Comunicación por la labor de denuncia de la violencia que sufren las mujeres en el conflicto de Congo

Caddy Adzuba (Bukavu, 1981) afirma que ser mujer y periodista en la República Democrática de Congo es "una catástrofe". Está amenazada de muerte y ha sorteado tres intentos frustrados de asesinato "por haber adoptado malos hábitos metiéndoos en lo que no os importa", según la última advertencia que le hicieron llegar a ella y a otras dos periodistas congoleñas a través del teléfono móvil. Ese asunto que supuestamente no le debía de importar a Caddy Adzuba es la violencia que ha convertido a las mujeres en un arma de guerra en uno de los conflictos más cruentos y olvidados del planeta.

Licenciada en Derecho, hace diez años que buscó en el periodismo un atajo para hacer llegar sus denuncias más allá de las fronteras de un país en el que "la Justicia no funciona". Ayer recibió el premio internacional Libertad de Prensa 2010 de la Cátedra Unesco de la Comunicación de la Universidad de Málaga. Esta periodista explicó al recibir el reconocimiento cómo en Congo los rebeldes "utilizan la violencia de la mujer como un arma de destrucción masiva".

Congo vive en conflicto permanente desde 1996, cuando el dictador Mobutu Sese Seko fue depuesto por Laurent-Désiré Kabila. Impregnado de la violencia de la región de los Grandes Lagos, el oriente congoleño sigue sumido en una guerra que de acuerdo con Caddy Adzuba suma ya más de 400.000 mujeres víctimas de violencia sexual. Esta periodista relató ayer cómo se ataca a la mujer no siempre para acabar con su vida, sino para dinamitar su papel social: se anula su capacidad reproductiva introduciéndole en la vagina cuchillos, cuellos de botellas y productos tóxicos, consiguiendo no sólo que no tenga hijos, sino "destruyéndola" como ser humano.

Esa destrucción es corrosiva para una sociedad que se ha forjado sobre los recursos de supervivencia de la mujer para mantener la familia durante los más de 30 años de dictadura de Mobuto, a los que han seguido tres lustros de guerras. El conflicto ha generado cuatro millones de muertos, mientras que otro medio millón de niños han sido reclutados por los grupos armados que operan en la región oriental. Y mientras todo esto sucede en la República Democrática de Congo, la opinión pública internacional, tan sensibilizada con conflictos como los del Golfo, se olvida.

Adzuba cree que "si el conflicto se conociera internacionalmente se podría llegar a una solución política y acabar con la guerra y los abusos". Y a esta tarea está dedicando su vida, ejerciendo el periodismo en Radio Okapi, emisora de la Misión de nacionales Unidas en la República Democrática de Congo, tratando de hacerse un hueco en el escenario internacional, pero también en una sociedad local "en la que la mujer no puede hablar en público y debe limitarse a los hijos y al hogar".

Ayer reconoció que fue la propia violencia que vio sobre las mujeres de su familia lo que la empujó al periodismo como arma contra la injusticia.

Apenas son una decena las periodistas que trabajan y denuncian lo que ocurren en la región oriental del Congo. Se trata de mujeres que viven acechadas por la muerte, como Caddy Adzuba, ante la incomprensión e indiferencia de sus compañeros, salvo excepciones. Ayer explicaba cómo en la radio en la que trabaja los que tienen programas propios "son los hombres", mientras que ella tiene que hacer "de todo y trabajar diez veces más para demostrar que es igual o más capaz que ellos".

"La gran mayoría de los hombres por su cultura intentan que la labor que hacemos no se vea, pero algunos también nos apoyan. Hubo tres que nos ayudaron y que hicieron de mediadores ante el Gobierno para que se reconociera nuestra labor y los tres han sido asesinados".

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