Emasa plantea llevar los lodos del río Guadalmedina mar adentro

  • El objetivo es construir un emisario submarino por valor de 12 millones para terminar con la suciedad que se acumula en la desembocadura y que provoca malos olores

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Los malos olores y la desagradable imagen que desde hace años sufre el tramo final del río Guadalmedina podrían acabar con la construcción de un emisario submarino que conduzca la suciedad mar adentro. Es la idea de la Empresa Municipal de Aguas de Málaga (Emasa) que se ha propuesto impulsar esta obra que costará unos 12 millones de euros de cara a mitigar el problema antes de que se construya el puerto deportivo previsto en la zona de San Andrés del puerto. El primer paso ya se ha dado y el Boletín Oficial del Estado (BOE) publicó ayer el anuncio de la licitación pública para la contratación de la redacción tanto del anteproyecto como del estudio de impacto ambiental del emisario del Guadalmedina.

La conducción, que tendría alrededor de dos metros de diámetro, tendría la función de recoger las aguas pluviales cada vez que llueve y las residuales que no puede acaparar la estación de bombeo de la zona que llevan los aliviaderos que vierten en la desembocadura del río en ambas márgenes para evitar que terminen acumuladas en el puerto con los consabidos malos olores que eso genera. Emasa propone que para garantizar que no se formen lodos en la desembocadura del río, en la que se estancan toneladas de lodos cada año, el emisario debería tener una longitud de unos dos kilómetros desde el puerto hasta mar adentro.

El precio de licitación para la redacción del anteproyecto y el estudio de impacto ambiental de esta obra es de 150.000 euros y la fecha límite para la presentación de las ofertas será el próximo 16 de mayo.

Lo que no está aún tan claro es quién financiará los 12 millones de euros que costará la obra. Emasa prevé enviar una copia del anteproyecto al Ayuntamiento de Málaga, la Junta de Andalucía, la Demarcación de Costas y la propia Autoridad Portuaria para conseguir el apoyo financiero que necesita el proyecto para ser una realidad y acabar con un problema tan polémico que cada año obliga a limpiar esta parte del río. Desde hace varias semanas una veintena de operarios están trabajando en la zona para acondicionar este tramo en el que, además de lodos, se acumulan restos vegetales, bicicletas, carros de la compra, ruedas y hasta colchones. Cada día se retiran una media de diez camiones de residuos.

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