"Entiendes que no tienes que pasar el cáncer sola"

  • Pacientes, familiares, médicos y voluntarios de la fundación de asistencia al cáncer calibran el peso de esta ayuda vital

A María José Nocete le diagnosticaron un cáncer de mama hace tres años. Todavía no había cumplido los 40 y el palo fue descomunal. Hoy, "con la enfermedad controlada", aprecia el empujón que recibió de manos de los voluntarios de la Fundación Malagueña de Asistencia a Enfermos de Cáncer (Fmaec). Desde los profesionales, como psicólogos o psiquiatras, a los voluntarios de a pie que con un curso de formación y muy buena intenciones se convierten en el mejor apoyo de los enfermos. "Te ayudan a aceptar tu enfermedad, a comprender todos los cambios sociales, laborales y afectivos que se te avecinan y entiendes que no tienes por qué pasar el cáncer sola", explica María José.

Sólo este año, los voluntarios de Fmaec han atendido a 4.200 personas, entre enfermos y familiares, condenados a ser víctimas de segunda fila. Es el caso de Dulce Isabel Moya, cuyo marido ingresó en el Hospital Clínico en estado crítico por una leucemia fatal que ya sabían que se iba a desarrollar dos años antes, pero su virulenta aparición dejó a toda la familia hundida "con una angustia extraordinaria, con mucho miedo".

Dulce cuenta que sólo llevaban unos días en el hospital cuando "vino una psicóloga de la fundación que se presentó y nos habló de los recursos, como los voluntarios asistenciales; de ahí a darte cuenta de que estás esperando a que llegue el día siguiente para verlos no pasa ni un rato".

Pero ¿quienes son estas personas que comparten su tiempo de forma tan generosa?

Conchi Álvarez forma parte del equipo de 41 voluntarios que ejercen su labor a pie de hospital (hay otros 13 en los grupos de terapia que se imparten en la sede de la fundación), según explica José Aldecoa. Ella pasó por la enfermedad y hoy todavía tiene fuerzas para pasar una y otra vez por los síntomas, la desesperanza y el miedo a la muerte que a veces sienten los pacientes. Conchi, que habla inglés y alemán, va al hospital los miércoles y es recibida con los brazos abiertos, sobre todo por los extranjeros. Ahora, se ha apuntado un día extra para atender a una chica de 19 años que afronta el cáncer en solitario.

Los voluntarios acompañan a pacientes o familiares en los traslados a otras dependencias y en la espera de resultados o análisis; hacen actividades lúdicas y sustituyen al cuidador cuando se ausenta o no existe. Antes, han dado un curso coordinado por especialistas, como la psicóloga clínica Matilde Martínez, que enseña a manejar habilidades de comunicación y emocionales para lograr empatía con el paciente. "Los voluntarios no pueden ser enfermos, ni personas en proceso de duelo", explica como primer requisito para sumarse a esta causa.

La médico de cuidados paliativos del Hospital Clínico, Lourdes Manzaneque, admite que "la mano de los voluntarios es imprescindible" porque en este tipo de enfermos el "ánimo es fundamental". Manzaneque, que trabaja en paliativos "por vocación", explica que en esta área no sólo hay que cuidar los síntomas físicos, sino también los emocionales y sociales. La doctora concluye que los pacientes "prefieren hablar de sus preocupaciones más íntimas con los voluntarios".

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