Europa cede el protagonismo en el Mediterráneo a EEUU y Rusia

  • El catedrático francés Sami Nair lamenta que la UE haya abandonado su "flanco sur"

Europa ha estado tan pendiente de los asuntos económicos y de su expansión por el Este que ha abandonado su flanco sur y se ha desentendido de los conflictos estructurales del Mediterráneo, donde ha perdido protagonismo y peso político. El sociólogo y politólogo francés Sami Nair, una de las voces europeas más reconocidas en asuntos mediterráneos, lamentó ayer en Málaga que la Unión Europea se haya despreocupado de lo que ocurre en esta región hasta el punto de que sean Estados Unidos y Rusia quienes marquen la agenda geopolítica y se encarguen de su gestión. "Es doloroso que Europa no haya sido capaz de hablar e imponer su voluntad en los conflictos" por esa falta de peso político.

Sami Nair codirige el curso de verano ¿Identidades conflictivas o convivencia? Mutaciones culturales, conflictos identitarios y convivencia en el Mediterráneo, que celebra la Universidad Internacional de Andalucía (UNIA) en el Instituto de Estudios Portuarios de Málaga. En este escenario el politólogo, que fue eurodiputado socialista por el partido socialistas francés entre 1999 y 2004 y ahora está integrado en el equipo de programa de Pedro Sánchez (PSOE), recordó la Conferencia de Barcelona, celebrada en 1995, en la que se establecieron los tres pilares por los que debían discurrir las relaciones norte sur en el Mediterráneo: el libre cambio económico, la política de seguridad común y el encuentro de la sociedad civil.

Veinte años después la región dista de ser un espacio de libre comercio, aunque se hayan firmado los pertinentes acuerdos económicos y aún cuando el euro es la moneda de los intercambios económicos de los países de la ribera sur.

Para comprender que el Mediterráneo tampoco es el espacio para el diálogo de la sociedad civil que se pretendía sólo hay que tener en cuenta que "se ha transformado en un cementerio". Nair se quejó del rigor de una política de fronteras inflexible que solo extiende visados "a las élites". De los tres objetivos marcados en Barcelona hace dos décadas "solo funciona muy bien el de la seguridad, pero no basta". "Detrás de estas fracturas existen conflictos estructurales de largo plazo".

En este sentido aludió al diferencial demográfico de un Magreb donde países como Argelia ha pasado desde los años 60 de ocho millones de habitantes a 38 o Marruecos que también partía de ocho millones de ciudadanos para alcanzar los 32, a los que se deben sumar siete millones de emigrantes. A esta presión demográfica se suma ahora la de los países subsaharianos. "Todo esto tendrá unas consecuencias enormes en el continente europeo, donde todos los países registran decrecimiento demográfico, salvo Francia y Suecia".

En este escenario la integración es un desafío "claro que sería demagógico negar", si bien precisó que los problemas de integración no derivan del origen de cada individuo, sino de su capacidad económica y profesional. "Más del 50% de los hijos de los 58 millones de inmigrantes que hay que Europa están en paro", puntualizó. Desde este punto de vista defendió la necesidad de una política responsable que propicie la integración "de todos", luchando contra los "prejuicios de nuestra autoimagen porque pensamos que la sociedad europea es blanca y cristiana y la realidad es totalmente diferente". Europa es "mestiza y diversa".

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