Europeos bajo la sombra delsol y playa

  • Los jóvenes empiezan a retornar a sus países, mientras los mayores plantean nuevas necesidades a los municipios

El 1 de julio el noruego Jon Eriksen volverá a su país. A sus espaldas quedarán cerca de seis años de vida en Málaga. Admite que llegó a la Costa siguiendo los instintos de aventura que tenía a los 25 años y atraído por el reclamo de sol y playa. Pero ahora cree que ha llegado el momento del regreso. Para ese día hará ya cerca de un mes que Yessy Legue, su marido, y sus dos hijos habrán retornado a La Champagne (Francia).

En la provincia están empadronados 143.219 ciudadanos de otros países de la Unión Europea. Son los números del turismo residencial de Málaga, aunque se da por hecho que la cifra es considerablemente superior porque un abultado porcentaje no se da de alta en el padrón municipal.

En torno al 40% están jubilados y un porcentaje aún mayor (46%) son lo que el concejal de La Viñuela José Juan Jiménez denomina "inmigrantes climáticos", o sea, ciudadanos de la Europa rica de entre 20 y 55 años de edad que decidieron instalarse en la Costa por el sol y playa, pero también porque advirtieron posibilidades de hallar trabajo o de hacer negocios. Ahora, con la crisis económica convertida en realidad y la libra en una desbocada carrera cuesta abajo planean regresar.

Benahavís es el municipio malagueño con más población foránea. El 56% de sus habitantes han nacido en otros países. El padrón recoge hasta 56 nacionalidades, aunque la mayoría son británicos de alto poder adquisitivo. "Algunos han regresado a sus países, pero son casos puntuales. La mayoría está expectante, esperando a ver qué pasa porque sus jubilaciones, a consecuencia de la caída de la libra, se han visto reducidas. Lo que pueda suceder a corto plazo dependerá del rumbo de la crisis", indica María Ángeles Mena, responsable del área de Extranjería de Benahavís.

Catorce municipios de la provincia cuentan con porcentajes de extranjeros superiores al 30% entre su población de derecho. Alcaucín es uno de estos pueblos. Apenas si supera los 2.500 y de ellos más de un millar eran extranjeros, según el último padrón municipal, publicado por el Instituto Nacional de Estadística en enero del año pasado. El Ayuntamiento de este pueblo ya ha empezado a detectar bajas en el censo y las aulas del colegio han perdido una docena de alumnos hijos de familias jóvenes que han decidido regresar. No obstante, se trata de "excepciones", según el alcalde, José Manuel Martín, y se trata de personas jóvenes en edad laboral que tiene dificultades para encontrar empleo en este momento.

Jon y Yessi pueden considerarse "inmigrantes climáticos". Yessi Legue llegó a Rincón de la Victoria en 2006 junto a su novio, Juan Luis, francés hijo de españoles. Habían venido ya varias veces de vacaciones y Juan Luis sentía atracción por su patria sentimental.

Dos años después la vida se les ha complicado. Ahora tienen dos niños de 4 y 20 meses de edad y han decidido volver porque en España el apoyo a las familias es muy limitado. En Francia tienen opción a recibir ayudas para pagar la casa, además de subvenciones de 300 euros por niño en concepto de guardería hasta que alcancen los tres años de edad. "La baja maternal es de tres años. Durante este periodo puedes trabajar a tiempo parcial y el Estado cubre la totalidad del sueldo", explica Yessi. "Además, la jornada es de 35 horas a la semana y los salarios son mucho más elevados".

Yessi quiere volver a trabajar pero no encuentra en Málaga un empleo razonable para sus circunstancias. Afirma que una auxiliar de enfermería como ella apenas puede aspirar a un sueldo de 750 euros netos mensuales, "mientras que en Francia es el doble".

Jon Eriksen regresará a Noruega seis años después de haber abandonado su puesto de trabajo en una fábrica de electrónica de Halden, cerca de Oslo. Entonces vino solo y "de aventura". Ahora volverá junto a María del Mar Sánchez, su pareja española, llamado por la añoranza de la familia "y también por la economía".

"Hay bastante trabajo y bien pagado. Podré ganar el doble que aquí como monitor de gimnasia y en Noruega los precios de la vivienda y de la comida son iguales que en Rincón", dice Jon. "Estamos mirando casas y hemos encontrado alquileres desde 650 euros", apunta María del Mar. Y luego está la calidad de vida "con una jornada semanal de 37,5 horas en horario continuo de 8:00 a 16:00 con una pausa de una hora para comer".

Esta pareja no se plantea tener hijos hasta dentro de unos años, por eso, en su abanico de pros para regresar a Escandinavia no tiene muy en cuenta las 52 semanas de baja maternal de Noruega, frente a las 16 de España.

El segundo bloque de turistas residenciales son los jubilados. Entre ellos destacan los británicos, que son los grandes afectados los vaivenes de la libra que han llevado a la divisa británica a perder el 30% de su valor frente al euro durante el último año. La mayoría de estos ciudadanos disfruta de un poder adquisitivo elevado en la Costa. Por eso, como dice el concejal de La Viñuela José Juan Jiménez "si antes salían tres veces a cenar fuera de casa a la semana, ahora lo hacen dos. Pero siguen viviendo aquí y muy bien".

No obstante, en algunos municipios empieza a observarse aún tímidamente que este colectivo sufre dificultades. La danesa Anette Skou está al frente del área de Extranjeros del Ayuntamiento de Mijas, un municipio en el que el 41% de sus 75.681 habitantes procede de un total 117 países. Los británicos son mayoría (12.961).

Skou también distingue entre los extranjeros más jóvenes que han llegado en los últimos años a abrir negocios y que cree que sí podrán replantearse el retorno ante las nuevas dificultades económicas y los mayores. Sin embargo, está convencida de que los jubilados se resistirán a regresar. "Algunos son ya muy ancianos. Llegaron hace 15 ó 20 años y no quieren volver. Tienen aquí su casa y su red de amistades que en ocasiones es más intensa que la familiar. Muchos, además, no siempre mantienen la vivienda en su país".

Esta circunstancia, además, abre un nuevo escenario para los ayuntamientos que tendrán que prestar atención a una población progresivamente dependiente que hasta ahora recurría poco a los servicios municipales. Anette Skou afirma que "muy recientemente" ha comenzado a notar que los jubilados europeos de más edad "empiezan a acudir al Ayuntamiento" a demandar ayuda. Sobre todo reclaman servicios de teleasistencia sanitaria e información sobre residencias.

En Mijas residen 14.190 personas de más de 59 años. Dentro de este segmento de edad los británicos (5.159) superan, incluso, a los españoles (5.097). Detrás se sitúan los alemanes (787), daneses (716) y suecos (343), según el servicio municipal de estadística.

A pesar de todo, los jubilados europeos siguen llegando al pueblo. "Son personas que planificaron hace tiempo esta etapa de su vida, que han vendido sus negocios y comprado aquí viviendas", argumenta Anette Skou.

Esta tendencia, sin embargo, puede sufrir alteraciones a medio plazo. La secretaria de Estado para Asuntos Consulares del Reino Unido, Gillian Merron, ha avisado a sus conciudadanos de que "la crisis es dura en todas partes, pero aún peor para los británicos que residen en España". Merron se ha referido a los mayores que viven solos, aislados y con dificultades para comunicarse y pedir ayuda a las administraciones españolas.

Mientras, Dinamarca ha abordado cambios legales que ponen fin a las ventajas fiscales de las que han disfrutado hasta ahora sus emigrantes jubilados. Y como dice Anette Skou "no olvidemos que la compra se hace más barata en Londres en la Costa del Sol y que la vivienda es más asequible en Berlín que aquí".

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