Exhumarán los restos de un bebé en Parcemasa para ver si fue robado

  • Un juzgado de la capital ha dado el visto bueno para que se compruebe si Francisca Sánchez perdió o no a su bebé tras el parto realizado en el Carlos Haya en 1973

Un juzgado de la capital ha autorizado la exhumación de los restos de un bebé de una tumba ubicada en el cementerio de San Gabriel (Parcemasa) para que Francisca Sánchez y su marido puedan saber, de una vez por todas, si el bebé que tuvieron en el hospital Carlos Haya en marzo de 1973 falleció realmente tras el parto, como le dijeron los médicos y enfermeras, o si fue robado para ser entregado a otra familia, como este matrimonio siempre sospechó y cuya duda se acrecentó en el último año ante la avalancha de denuncias por el supuesto robo de bebés entre los años 50 y 80 en los hospitales españoles. La exhumación tendrá lugar el próximo viernes y se hará en la tumba familiar, donde también reposan los restos de los padres de Francisca Sánchez.

La historia de Francisca, como la del resto de casos de supuestos bebés robados, es digna de una película de terror. El 2 de marzo de 1973, Sánchez tenía 24 años, se puso de parto y acudió al hospital Carlos Haya. No dilataba y tuvo que esperar tres días para dar a luz. No le llegaron a hacer cesárea, pero sí le pusieron anestesia general y le echaron 28 puntos, lo que la obligó a permanecer otros tres días encamada para recuperarse.

"Cuando me despertaron de la anestesia me dijeron que había tenido un niño, pero que no podía verlo porque ya era de noche y que tenía que esperar al día siguiente. Pregunté si tenía algún defecto y me dijeron que el único que tenía es que era muy guapo y que pesó 5,5 kilos".

Francisca durmió como pudo, angustiada por los dolores, y a las 6:30 una enfermera le despertó para decirle que el niño había muerto. "No me supieron decir exactamente que había pasado. Solo que había tenido un daño cerebral, cuando unas horas antes me dijeron que estaba bien, y que no me preocupara porque era muy joven", recuerda Sánchez.

Su marido y su hermana hablaron con el director del hospital y éste le entregó una caja cerrada con los supuestos restos del bebé. No la abrieron y la enterraron en el cementerio de San Miguel, pensando que todo había sido una desgracia.

No obstante, Sánchez se quedó de piedra cuando, aún ingresada, una enfermera le dio un niño y le dijo que era el suyo. "Tenía escrito en el brazo el número 25, igual que yo. Me puse a temblar y a llorar cuando me lo pusieron encima porque me habían dicho que había muerto", explica. Unos minutos después, ante el caos generado, le aseguraron que todo había sido un error y que ese bebé no era el suyo.

"Fueron muy crueles porque primero me dijeron que el bebé estaba bien y que era muy guapo y luego, tras decirme que había muerto, me pusieron uno encima afirmando que era el mío", relata Sánchez, cuyo expediente no consta además en los registros de Carlos Haya ni del Materno. A los restos exhumados se les hará una prueba de ADN y se conocerá si el bebé era suyo o no.

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