La Feria, ¿el fin de una época?

  • Las medidas anunciadas por el Ayuntamiento de Málaga para acabar con el 'macrobotellón' en el que se había convertido la fiesta en el centro dividen a los que están a favor y a los que creen que acabará con la tradición

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Era el año 1983 cuando la asociación de comerciantes del centro histórico propuso al Ayuntamiento de la ciudad una iniciativa para reactivar la zona que a muchos les hizo echarse las manos a la cabeza. Querían que durante la semana de la Feria, que por aquel entonces ya se celebraba entre Teatinos y la Colonia de Santa Inés, se cerrara el casco antiguo al tráfico por las mañanas y se animara a los comercios a crear un ambiente de fiesta. El entonces alcalde de la ciudad, el socialista Pedro Aparicio, lo vio claro y dio el viso bueno a la idea que se convirtió en un modelo de referencia que copiaron otras ciudades andaluzas. Fueron necesarias numerosas reuniones y multitud de ideas para configurar la Feria del centro.

Los comercios regalaban por la mañana consumiciones a sus clientes para que se tomaran un aperitivo en unas barras que primero fueron instaladas en la Plaza de las Flores, luego en La Constitución, en la Plaza de la Marina e incluso en La Merced, como una iniciativa para estimular las ventas en los días de Feria. Poco a poco se fue organizando un auténtico tinglado en torno al centro histórico con concursos de cantes y bailes y el tradicional concurso de enganches de caballos, que se celebraba en la zona de La Malagueta y que cosechó un enorme éxito. Fue en estos años cuando se rescató la idea de colocar el arco en la calle Larios, surgió la romería del sábado a la Victoria con motivo de la Pringá, se fueron ocupando paulatinamente nuevos espacios del centro histórico y de forma progresiva se añadieron a los comerciantes las cofradías y otros colectivos que alquilaban locales durante la Feria.

Francisco Flores era el concejal de Cultura en aquella época y a él se le encomendó la tarea de organizar este invento. "Todos querían tener presencia esos días y había un entusiasmo y una participación que ahora echo en falta", aseguró ayer a este periódico. Fueron años de esplendor y hubo quien la bautizó como la Feria del sur de Europa. Pero su esencia inicial se fue desvirtuando hasta que el año pasado la gota colmó el vaso para muchos. Feria del centro oFeria del centro no. El debate se divide ahora entre los que piensan que debe mantenerse como hasta ahora para seguir siendo fieles a las tradiciones y los que defienden que la fiesta actual poco tiene que ver con el espíritu de su origen por haberse convertido en un multitudinario macrobotellón. Las medidas anunciadas por el Ayuntamiento de Málaga esta misma semana sobre lo que será a partir de ahora la celebración en el casco histórico han reavivado la polémica sobre los beneficios o desventajas que conlleva para la imagen de la ciudad.

Los vecinos del centro histórico aplauden la iniciativa porque llevaban años reclamando una solución a tanto desmadre, mientras que los comerciantes y hosteleros se alegran aunque mantienen cierto recelo. Aunque todos coinciden en que la Feria del centro debía sufrir un cambio, están los que creen que es una estrategia encubierta del Consistorio para poner fin a la Feria del centro de la ciudad. El concejal de Cultura, Damián Caneda, dijo que su intención no es más que "recuperar la imagen de los orígenes de la Feria y su esencia y que no parezca que aquí sólo se viene a emborracharse". Por lo pronto, este año cambiarán muchas cosas. Ya no habrá casetas y lo autóctono se impondrá. Habrá que verlo.

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