Málaga

Miles de inmigrantes temen ser expulsados de Málaga por el aumento del paro

  • En enero había en la provincia 11.149 desempleados no españoles, un 36% más que hace un año · Los colectivos de ayuda a extranjeros reconocen que están "preocupados"

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El fuerte aumento del desempleo está afectando a numerosos malagueños en la provincia, pero la situación puede ser dramática para los miles de inmigrantes que viven actualmente en Málaga y que podrían ver peligrar su permanencia en la zona si se quedan en el paro, ya que, en la mayoría de los casos, la tarjeta de residencia se renueva cada año y, para conseguirlo, es indispensable tener un contrato de trabajo en vigor. En algunos casos están solos, sin allegados a los que recurrir, y en otros tienen a su cargo a familias enteras que dependen del puesto de trabajo del padre o la madre.

En enero de 2008, según los datos aportados por el Servicio Andaluz de Empleo (SAE), había en Málaga 11.149 parados extranjeros (el 11,1 por ciento del total), lo que representó un crecimiento del 36,3 por ciento respecto a enero del año pasado. Los incrementos de paro han sido espectaculares en todos los segmentos productivos de la provincia, pero especialmente en la agricultura (80,9 por ciento), la construcción (69,8 por ciento) y los servicios (33,5 por ciento). Según los datos del Ministerio del Interior, a finales de diciembre había en Málaga 169.356 extranjeros con tarjeta de residencia. De ellos, 25.679 son africanos, 29.873 iberoamericanos y 9.127 asiáticos. El resto son europeos comunitarios y procedentes de otros países del Primer Mundo.

Los colectivos sociales que ayudan a los inmigrantes no ocultan su temor. "Nos preocupa mucho el fuerte aumento del paro en la construcción porque en ese sector trabajan muchos inmigrantes", explica a este diario Elena Muñoz, presidenta de Málaga Acoge. Laureano Gómez, miembro del Movimiento por la Paz, el Desarme y la Libertad (MPDL), continúa afirmando que "el 80 ó 90 por ciento de los inmigrantes en Málaga trabajan en la construcción o en la hostelería y, si hay problemas, son los primeros que se van a la calle".

Éste ha sido el caso de Ademora. Es nigeriano, lleva varios años viviendo en Málaga y estuvo dos años trabajando en la obra en distintos municipios de la Costa del Sol con contrato en vigor. Ahora está sin empleo -ayer estaba en la oficina del SAE en Capuchinos- y asegura que quiere "volver a la construcción". Su situación personal lo requiere pues está casado, tiene un hijo y su mujer está embarazada. "Ella tampoco tiene empleo y ahora mismo estamos viviendo de la ayuda de amigos y de algunas subvenciones que nos dan algunas asociaciones", relata hablando en una mezcla entre español e inglés.

La formación es básica para que estas personas puedan sobrevivir en España. Tanto Málaga Acoge como el MPDL dan cursos de todo tipo (idiomas, informática, etcétera) y les ayudan a la hora de buscar un puesto de trabajo. Pero es difícil. Laureano Gómez destaca que en su asociación hay varios compañeros que se dedican a captar empresas para ofrecer empleo o, al menos, entrevistas de trabajo a los inmigrantes, pero la situación se ha vuelto muy complicada. "Si antes podían conseguir un par de ofertas al día para varias personas, ahora tardan muchos más días en encontrar apenas una posibilidad de empleo", señala el miembro de MPDL.

La presidenta de Málaga Acoge, por su parte, explica que los técnicos de su organismo intentan encontrar otras alternativas laborales para los inmigrantes que no se centren sólo en la construcción y los servicios, que están de capa caída. Muñoz es positiva y piensa que los extranjeros "pueden reubicarse laboralmente" aunque también reconoce que "no tienen las mismas facilidades que un español". Desde ambos colectivos refieren la importancia de que el inmigrante sea capaz de salir adelante por sí mismo. "No queremos que se vuelvan dependientes de las instituciones o de las ONG", dice Gómez.

Mila -prefiere no decir el apellido- lo está intentando. Ayer estaba, al igual que Ademora, en la cola del desempleo en la oficina del SAE en Capuchinos. Lituana de nacimiento, lleva asentada unos años en Málaga y ha trabajado en varios restaurantes aunque sin contrato. En su último empleo como ayudante de cocina -en el que trabajaba, según ella, 12 ó 13 horas diarias por un sueldo muy bajo- reclamó a su patrón mejores condiciones y le dijeron que no. De eso hace tres meses y Mila, que incluso enseña a este periodista sus papeles para demostrar que lo tiene todo en regla, asegura en un español medio entendible que busca trabajo, pero que le da igual en qué sector o en qué posición: "quiero un empleo en el que me paguen decentemente y que tenga un contrato", afirma.

Algunas fuentes policiales han comentado de forma oficiosa que el aumento del paro y la necesidad podrían provocar un aumento de la delincuencia, tanto de españoles como de extranjeros. En el MPDL lo niegan y aseguran que los delitos de inmigrantes "son casos contados". En cualquier caso, la preocupación -no ya por la posible delincuencia, sino por el futuro de estas personas- es importante en las ONG y, obviamente, entre los propios inmigrantes que vinieron a Málaga buscando una oportunidad, ahora esquiva.

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