Padres por donación de embriones

  • Parejas ceden sus excedentes tras la fecundación 'in vitro' para que otras puedan tener hijos

  • También es una opción para mujeres solas con problemas de fertilidad

Claudio Álvarez y Belén Buch trabajando en el laboratorio del Centro Gutenberg. Claudio Álvarez y Belén Buch trabajando en el laboratorio del Centro Gutenberg.

Claudio Álvarez y Belén Buch trabajando en el laboratorio del Centro Gutenberg. / fotografías: javier albiñana

La reproducción asistida viene haciendo realidad los sueños de ser padres de muchas personas desde hace décadas. Y con muchas opciones. Una menos conocida es la donación de embriones. Es decir, no de óvulos o esperma por separado, sino del resultado ya de una fecundación. Las clínicas tienen embriones excedentes de parejas que han conseguido a sus hijos y que están dispuestas a donar porque conocen mejor que nadie el anhelo de ser padres. Y por otro lado, reciben casos de personas para las que esta técnica es la única alternativa de lograr descendencia. Así que la donación de embriones, siempre guardando el anonimato, conecta historias humanas que son posibles gracias a la ciencia.

La amplia mayoría de quienes recurren a esta técnica son parejas heterosexuales con problemas de fertilidad de ambos. "La gran mayoría se han hecho tratamientos previos de reproducción asistida que han fracasado", explica el director médico de la Unidad de Reproducción del Centro Gutenberg, Claudio Álvarez. Pero también se utiliza para mujeres solas que no tienen óvulos o cuyos ovocitos son de mala calidad. Porque en este caso no basta con recurrir a la donación de esperma.

El ginecólogo aclara que la donación de embriones no es una técnica importante en cifras. En casi tres décadas, la clínica ha hecho 70 ciclos -como se llama a cada intento de que una mujer se quede embarazada-. El dato supone 2,6 anuales. Pero sin duda, es importante en términos emocionales para aquellas personas que sólo así pueden conseguir ser padres.

El Centro Gutenberg ha congelado en los 27 años de los que tiene registro un total de 4.175 embriones. Embriones que han sido fecundados para uso propio de miles de parejas. Anualmente, la clínica debe dirigirse a ellas para conocer si renuevan o no la congelación. La mitad opta por la renovación ya que muchas pretenden volver a ser padres en el futuro. Pero el resto no lo hacen. En torno a un 25% porque no contestan, un 16% porque los destinan a investigación, un 4,3% porque deciden su destrucción y un 3,1% porque los donan.

La pregunta se impone. ¿Y por qué no hay una cifra más alta de parejas dispuestas a donar sus embriones a otras que quieren ser padres cuando justamente ellas conocen el fuerte deseo de tener un hijo y encontrar dificultades? Álvarez aclara la razón: no todas las que quieren donar pueden hacerlo. Hay límites legales y clínicos.

Los primeros indican que no pueden donarse los embriones de parejas que al momento de la congelación tenían más de 35 años en el caso de la mujer o de 50 en el del varón. El tope clínico es el que traza la compatibilidad entre la pareja donante y la receptora. Tampoco pueden destinarse a donación los embriones de ese 25% de parejas que no contestan a la consulta sobre la continuidad o no de la congelación. Primero, porque la clínica opta por dejarlos congelados por si en el futuro la pareja vuelve y, segundo, porque si no la localiza, no puede hacerle los análisis necesarios para confirmar -antes de donar- que no hay ninguna contraindicación.

Así que aunque la demanda de donación de embriones es baja, entre los topes legales y clínicos se complica encontrar donantes. Por ello, suele haber lista de espera para esta técnica. Mientras en la donación de esperma y óvulos las tasas de embarazo oscilan entre el 60 y el 70%, en la de embriones baja al 40 o 45%. La razón es que esta última es el excedente de una pareja que ha tenido un problema de fertilidad, mientras que en las primeras los donantes son jóvenes y sanos.

En bombonas parecidas a las del gas, pero de color blanco; en nitrógeno líquido y a 196 grados bajo cero, la clínica guarda los embriones congelados. Muchos se utilizarán para que las parejas a las que pertenecen hagan nuevos intentos o vuelvan a ser padres. Algunos, en cambio, se destinarán a donación. Y todos guardan un sueño que puede hacerse realidad gracias a los avances médicos.

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