Primera piedra para Los Asperones

  • La Junta acaba de abrir la oficina desde la que tramitará el esperado plan de desmantelamiento de la barriada marginal, en la que ya se ejecutan algunas mejoras de acerado, limpieza o saneamiento

El esperado y dilatado plan para el desmantelamiento de la barriada marginal de Los Asperones ya tiene un pie en la tierra, 21 años después de la creación de forma provisional del asentamiento y transcurridos casi cuatro desde que se anunciara para 2005.

La Junta de Andalucía instaló el pasado día 31 de diciembre la oficina desde la que tramitará el plan que tiene previsto desarrollarse en los próximos cuatro años, según han confirmado fuentes de la Empresa Pública de Suelo de Andalucía (EPSA).

Aunque todavía se desconoce cómo será el desarme definitivo del núcleo donde viven cerca de dos mil personas en condiciones de hacinamiento e insalubridad, sí está claro que la solución se abordará familia por familia.

"Tenemos cuatro informes sobre lo que hay en Asperones, diagnósticos con la información de cada familia, pero ningún estudio dice cuál es el final", señalan desde la EPSA.

Desde el año 2004, en el que Junta y Ayuntamiento anunciaron que desmantelarían la barriada antes de un año, hasta ahora, los técnicos han estudiado todas las posibilidades: desde la creación de nuevas casas construidas por sus propios vecinos, a través de escuelas taller por las que además pudieran aprender un oficio, a la distribución de las familias por distintos barrios de la ciudad.

Mientras se adopta una solución definitiva, los técnicos de la nueva oficina, una caseta de obra prefabricada ubicada entre las fases I y III, tratarán de diseñar soluciones de forma individual implicando a consejerías como Bienestar Social, Salud o Educación, entre otras. "No va a haber un plan multitudinario ni soluciones en bloque, sino caso por caso", expusieron las fuentes que manejan información de cada familia y sus posibilidades.

La barriada también contará con un equipo de vigilancia para controlar posibles irregularidades, como la llegada de nuevos vecinos al calor del plan integral. "No queremos que esto suponga un efecto llamada porque enseguida se extiende el mensaje erróneo de que se van a regalar casas nuevas a todo el mundo", explican desde la delegación provincial de Bienestar Social.

Mientras se desarrolla el plan integral, el Ayuntamiento y la Junta de Andalucía ejecutan, desde el pasado día 31, obras de emergencia para acondicionar la zona: limpieza, desbroce, acerado, instalación del alumbrado y pavimento, mejora de los accesos, así como del saneamiento. Además, el protocolo firmado por la Junta y el Consistorio contempla la instalación de contenedores y una parada de autobús, así como la creación de un paso que conecte las fases I y III y sustituya la pasarela que sobrevuela un río infecto y que los niños cruzan cada día para ir al colegio o la guardería.

Algunos vecinos han recibido con escepticismo este plan de mejoras urgentes que interpretan como una nueva señal de que el final del asentamiento se pospone indefinidamente.

Sin embargo, los técnicos de la Junta que trabajan en la redacción del plan consideran que el clima social es mejor que hace unos años. "Ahora hay unas 45 personas con nómina (varios de ellos en Limasa) y se ha reducido el absentismo".

La situación de peligrosidad que vive una barriada abandonada durante años por las administraciones ha sido denunciada en reiteradas ocasiones. Desde el Defensor del Pueblo Andaluz, José Chamizo, que alertaba del riesgo que suponía el enclave para los menores, al párroco Francisco Ruiz, que durante años intentó implicar a las administraciones.

El núcleo chabolista se levantó hace dos décadas por un período de dos años. Desde entonces, las familias se han multiplicado y las mismas casas acogen a varias generaciones de una misma familia. Tampoco han aumentado los servicios, que se limitan a un colegio, un quiosco y una guardería.

A las condiciones de suciedad y deterioro de las casas (muchas sin saneamiento o luz eléctrica), se unen las dificultades de un vecindario difícil, con jóvenes de 18 años que no saben leer ni escribir y con descendencia, padres de familia en la cárcel y otros tantos en busca y captura.

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