Proyecto Hombre trata a cerca de 200 menores por consumo de estupefacientes

  • El 80% de los adolescentes atendidos pertenecen a familias de clase media alta

Cuentan en Proyecto Hombre que hay chicos que se inician en el alcohol y el cannabis con apenas 12 años y con 13, en la cocaína. El centro tiene en la actualidad 180 adolescentes menores de edad en tratamiento. El director de la ONG, Juan José Soriano, derrumba la idea de que provengan de familias desestructuradas: "El 80% son de clase media alta".

Generalmente, estos jóvenes llevan un par de años consumiendo antes de llegar al centro. Vienen de la mano de sus padres, son ellos los que demandan ayuda; en la mayoría de los casos porque la adicción de sus hijos empieza a plantear conflictos familiares.

El perfil es el de un varón de entre 15 y 18 años, que está haciendo la ESO. El consumo es sobre todo de hachís y está vinculado a las salidas con los amigos. La mitad están en Proyecto Hombre porque, pese a su corta edad, ya han tenido problemas judiciales.

Los menores están incluidos dentro de un programa orientado a atajar el problema en sus comienzos y que se puso en marcha en 1999. En los primeros años, la demanda era de una treintena de adolescentes. Pero después empezó a crecer hasta alcanzar los 192 menores atendidos en 2009.

Proyecto Hombre tiene además otros programas con los que pretende dar respuesta a diferentes realidades sociales. El primero -que se puso en marcha hace 24 años- está dirigido a los adictos que son policonsumidores. Personas que mezclan alcohol, cocaína y cannabis. El perfil de estos usuarios es el de un varón, de unos 25 años, soltero, que no ha completado sus estudios básicos, que ha tenido trabajos poco cualificados y que los ha perdido a causa de su adicción. El año pasado, la ONG trató a 351 personas con estas características.

Hay un tercer programa, cuya andadura comenzó en el año 2003. Soriano explica que se creó para responder al incremento en el consumo de cocaína. Hasta entonces, la droga más importante era la heroína. Pero a partir de entonces, la cocaína la desplazó. Surgió otro perfil de toxicómano. El de un varón de unos 30 años, soltero, consumidor de cocaína desde los 18, que tiene los estudios básicos completados y que trabaja. Por ello, este programa se desarrolla en horario nocturno, para facilitar que el tratamiento se desarrolle en paralelo con la vida laboral.

Dos de cada tres personas que acuden a Proyecto Hombre consigue dejar las drogas. Cerca de 2.000 jóvenes lo logrado en los casi 25 años que lleva trabajando la ONG en Málaga. Soriano sostiene que la fuerza de la organización es que cree en el ser humano. "Los terapeutas son el palito que sujeta el árbol para que crezca recto, pero el camino lo tiene que recorrer cada uno", sostiene. Los terapeutas y la familia, porque ese es otro de los pilares en que se sustentan los tratamientos: los familiares y los amigos. "Sólo no se sale, sólo se hacen intentos", asegura el director. El 15% de los usuarios inician el tratamiento en más de una ocasión. Puede que tres (185 jóvenes), cuatro (45), cinco (11) o hasta nueve veces (1).

El éxito del tratamiento depende en gran parte del apoyo de la familia. Un padre que acudió a Proyecto Hombre por problemas de conducta de su hijo confiesa que lo echó de casa a modo de ultimátum. "En esos dos ó tres días se pasa una angustia tremenda. No se vive", relata. El temor de las familias es que ante esa encrucijada, el joven se tuerza. Pero volvió e inició el tratamiento. Una madre acota: "Al final vuelven porque son inmaduros y en casa tienen una vida cómoda. Lo que pasa es que nos han ido manejando. Además, la sociedad actual es muy permisiva". Parte del tratamiento incluye justamente el aprendizaje de cierta disciplina.

Aunque Proyecto Hombre es más conocido por su labor contra la drogadicción, también trata a personas con problemas de conducta o anorexia. Una mujer cuenta que su hermana, de 41 años, pesaba 30 kilos cuando la hospitalizaron. Ahora, intenta salir del pozo con el apoyo de su familia y de la ONG. Los padres explican que al margen de cuál sea la razón por la que sus hijos están en el centro, el tratamiento se basa en una reeducación "como si tuvieran que aprender a caminar".

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