Los restos en San Agustín obligan a modificar el proyecto de la biblioteca

  • El Ministerio de Cultura confirma que con lo encontrado en las primeras catas "se va a ver seriamente afectado" el diseño inicial

La hoja de ruta trazada por el Ministerio de Cultura para impulsar ya sí de manera definitiva la recuperación del antiguo Convenio de San Agustín y su rehabilitación como sede de la Biblioteca del Estado en la provincia se tuerce. El descubrimiento de restos arqueológicos en la parcela, según confirmaron a este periódico fuentes del propio ministerio, va a afectar "seriamente" al proyecto de ejecución original de este equipamiento, en un cajón desde el año 2007.

Esta circunstancia, a la espera de los nuevos movimientos que ha de realizar el departamento ministerial en materia arqueológica, podría alterar el último cronograma oficial dado a conocer a finales del pasado mes de mayo por el director general de Bellas Artes, Luis Lafuente, quien aplazó a finales de 2019 ó 2020 el posible arranque de los trabajos. La pretensión del ministerio era la de aprovechar los meses que restan hasta final de año para realizar las actuaciones arqueológicas previas necesarias y preceptivas.

La última previsión del Gobierno fijaba el posible inicio de la obra en 2019 o 2020

Unas catas con las que determinar si existen o no restos de valor para luego propiciar su posible incorporación al proyecto definitivo. Para ir adelante con esta primera fase de las actuaciones, la Gerencia de Infraestructuras y Equipamientos adjudicó el pasado 8 de mayo la realización de catas por un periodo de cuatro meses a la empresa Reca Aveig Ingeniería y Construcción, S.L., por 58.973,27 euros (IVA incluido).

Desde el Ministerio de Cultura precisaron que hasta el momento se ha realizado una primera cata con el doble objetivo de "conocer el estado de la cimentación y de la estructura del edificio y hacer un primer estudio arqueológico que alcanzara la profundidad de la citada cimentación y que coincide con el nivel más moderno de la época musulmana".

Las excavaciones ya materializadas, que habrán de ser completadas en los próximos meses para alcanzar la cota fenicia, han sacado a la luz "enterramientos cristianos más modernos, que se han datado entre los siglos XVII y XVIII y un enterramiento musulmán del siglo XV". No obstante, las fuentes subrayaron como "más resaltable" la documentación de una serie de estructuras pertenecientes a las distintas transformaciones del edificio religioso, "ya que se han encontrado un buen número de distintos pavimentos".

Los avances ya conocidos sí permiten concluir, según apostillaron desde el ministerio, "que el proyecto se va a ver seriamente afectado, si bien hasta que no se realice la segunda excavación no es posible conocer el alcance de dicha modificación". Ese documento, elaborado por la firma Aepo, elevaba la inversión necesaria para desarrollar la biblioteca a casi 15 millones de euros, a los que añadir otro millón para el equipamiento de las instalaciones. El plazo que se manejaba era de unos 30 meses. Por aquel entonces, antes del bloqueo de la iniciativa y su abandono, se especulaba con que la intervención estaría lista para el año 2012.

El argumento empleado por el Gobierno para justificar el abandono de esta obra es económico, circunstancia que hizo que una intervención que fue catalogada de "prioritaria" no se llevase a cabo. El histórico inmueble permanece vacío y sin uso desde 1995. La biblioteca contiene una colección de 400.000 documentos impresos y audiovisuales, de los que 150.943 son libros y manuscritos, 225.000 ejemplares corresponden a 2.432 publicaciones periódicas y otros 40.000 libros impresos en Málaga.

Construido los frailes agustinos a finales del siglo XVI el edificio ha tenido una historia rica y frenética que lo transformó después de la desamortización de Mendizábal en el siglo XIX en sede el Ayuntamiento de Málaga, hospital y juzgados. Una vez que la Iglesia recuperó su titularidad, la orden religiosa estableció en 1918 una escuela que mantuvo operativa durante más de seis décadas hasta que decidió vender el inmueble para sufragar las obras del actual Colegio de los Olivos. Los últimos alumnos salieron del centro en 1972. Dos años después la Diputación compró el edificio y lo cedió a la Universidad de Málaga que lo convirtió en Facultad de Filosofía y Letras, que se mantuvo operativa hasta 1985, año en el que se trasladó a Teatinos. Durante la década siguiente la universidad malagueña emplazó en el antiguo convento sus estudios de español para extranjeros.

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