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Sello UMA para el tratamiento personalizado del cáncer de mama

  • Un equipo desarrolla la arquitectura informática que integra la información genética y clínica para que los oncólogos decidan cuál es el mejor método con cada pacienteEl diseño de la aplicación informática se ha realizado a partir de la información genética y clínica de 3.000 pacientes proporcionada por hospitales del Reino Unido, Bélgica y Suecia

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UN grupo de investigación de la Facultad de Informática que dirige el profesor Oswaldo Trelles ha desarrollado una aplicación que permite integrar montañas de datos genéticos e individuales para que los oncólogos puedan decidir el tratamiento contra el cáncer de mama más adecuado a cada paciente. La medicina personalizada es uno de los retos a los que se enfrenta en este momento la ciencia. Cada individuo tiene un perfil molecular propio y su respuesta a los tratamientos médicos también viene condicionada por su genética. El profesor Trelles indica que en la actualidad las tecnologías de nueva generación producen infinidad de datos muy diversos: secuencias de ADN con sus cambios, niveles de expresión de los genes o estructura de las proteínas junto a aquella relacionada con el historial clínico de cada enfermo, en la que tienen cabida los antecedentes familiares.

La función de su equipo de trabajo, el grupo BIT Lab del Departamento de Arquitectura de los Computadores de la Universidad de Málaga, consiste en realizar un software que, utilizando toda esa información que sería ingobernable de otra manera, permita detectar cómo influyen las mutaciones que se producen en el genoma de cada individuo en su sensibilidad a los tratamientos específicos contra el cáncer de mama. Así, el oncólogo, sin más herramienta que un ordenador personal, puede prever de acuerdo con las características de un paciente cómo será su reacción ante cada posible tratamiento.

Esta investigación forma parte de un proyecto financiado por la Unión Europea en el que participan universidades y centros de investigación de una decena de países, entre los que figuran los hospitales de Oxford (Reino Unido), Jules Bordet (Bélgica) y el hospital de la Universidad de Saarland (Suecia), que son los que han proporcionado la información y la experiencia clínica. El grupo de investigación de la Universidad de Málaga, compuesto por ocho investigadores de las áreas de informática, telecomunicaciones, industriales y biología, ha logrado desde que comenzó el trabajo, hace algo más de cuatro años, fondos valorados en 400.000 euros.

La arquitectura informática que han desarrollado estos investigadores es capaz de leer y organizar la información genética y hospitalaria procedente de 3.000 pacientes de estos tres centros. Los datos de cada individuo abarcan 20 terabytes (un terabyte equivale a más de mil gigas). El equipo malagueño, además, se encarga de resolver los problemas de privacidad de los datos personales, "un tema complejo porque hay que tratar con legislación de muchos países y no se trata sólo de no decir el nombre de una persona, sino de que tampoco sean evidentes otros datos que sirvan para identificar a los pacientes", subraya Oswaldo Trelles.

El grupo que dirige este profesor de la UMA ha aplicado las herramientas de la bioinformática para diseñar arquitecturas de computación que integran información médica relacionada con las alergias o la hemofilia. Además, ha llevado estas investigaciones al campo agroalimentario con soluciones que permiten hallar los genes que proporcionan mayor resistencia a elementos patógenos y mejor aroma, color y sabor a tomates y fresas. También se ha aplicado al olivo para anticipar la producción de aceitunas y lograr que las plantaciones tengan mayor fortaleza ante los virus y las cosechas mejor calidad.

En 2000 se embarcó en el primer proyecto de ámbito europeo con financiación comunitaria a través de una iniciativa científica en torno al lactococus llactis, bacteria relacionada con la fermentación del yogur, y desde entonces ha participado en cuatro investigaciones.

El último proyecto que ejecuta en colaboración con la Universidad Johannes Kepler de Linz (Austria) aborda la computación de alto rendimiento para la secuenciación genética de nueva generación. En la actualidad la bioinformática es un área en plena eclosión, una evolución impulsada por el propio despegue de la biología y la necesidad de organizar y tratar volúmenes ingentes de información. Oswaldo Trelles recuerda, por ejemplo, que la primera vez que se secuenció el genoma humano "se tardaron 10 años" y miles de millones de dólares. "Ahora se puede hacer en menos de un año y por menos de 1.000 dólares".

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