Vuelos calientes 7.000 kilómetros para 'colar' la droga

  • Detectan un repunte de los 'muleros' que transportan droga en el estómago por encargo

  • En el aeropuerto hubo un detenido con hasta 2,3 kilos de cocaína

Son las 6 de la mañana. Un vuelo procedente de Brasil aterriza en el aeropuerto de Málaga. Los pasajeros se agolpan junto a las cintas transportadoras para recoger su maleta. El suyo es un vuelo caliente, como se conoce en el argot policial a aquellos que suelen utilizar los narcos para introducir cocaína en el país desde Iberoamérica o blanquear dinero. Cualquier viajero es, en palabras del teniente Sergio, jefe de la Sección Fiscal de la Guardia Civil del aeropuerto de Málaga, susceptible de traer droga, pero no todos son sospechosos. La palidez cada vez más acentuada de su tez o una mirada esquiva pueden poner en alerta a los agentes. La reacción humana determina el riesgo. La experiencia y la formación aportan las herramientas necesarias para distinguir a una mula entre el pasaje o a un traficante cargado de hachís.

El equipo de seguridad aeroportuaria, formado por 65 efectivos, ha detectado en los tres últimos años un incremento de las incautaciones a pasajeros que han sido sorprendidos con bellotas de cocaína en el estómago. "Las ingieren antes de coger el vuelo y procuran que el traslado dure el menor tiempo posible", explica el responsable de la unidad. Para algunos, ha sido demasiado tarde. Hace un par de años, un vuelo que cubría la ruta Valencia-Tenerife tuvo que aterrizar de urgencia en Málaga por el grave estado de salud de un viajero, que falleció poco después debido a la ingesta de casi un kilo y medio de cocaína. Dos de las 99 bellotas que llevaba habían reventado. El método resulta cada vez más habitual entre los hombres para colar droga en España. Ellas optan por ocultar las cápsulas en la vagina, ya preparadas para que, a priori, no se fracturen. Otras han impregnado de cocaína su ropa o han recurrido a la vía oral. "Existe un ámbito de imaginación muy amplio y cada vez aprenden más. Nos lo ponen complicado", resalta el guardia civil, que recuerda un caso reciente en el que gracias "a la pericia de dos agentes" se intervino crack a dos pasajeros de un vuelo que venía de Casablanca. "Es una droga no habitual, procedía del continente africano. Estaba oculta entre mucha ropa, lo que complicaba la imagen del escáner de rayos X. Se hizo una apertura controlada y se activó el protocolo de detección de estupefacientes", precisa el teniente.

Todos los detenidos han pasado a prisión por riesgo de fuga o destrucción de pruebas

No todas las maletas se abren. Primero pasan un "control no intrusivo" para no dañar la imagen de la persona ni vulnerar su intimidad. Si la Guardia Civil observa "factores de riesgo", se invita a los viajeros a que asistan a la apertura de su equipaje, adoptando "todas las medidas de seguridad higiénicas". "Preguntamos por algún objeto concreto y por su presencia en España. Hacemos una inspección del contenido en un zona apartada del resto de pasajeros", detalla el jefe de la sección fiscal.

Los vuelos calientes, que suelen llegar desde Colombia y países limítrofes, aterrizan un día que los efectivos conocen de antemano y con unos horarios establecidos de forma regular. El aumento del tráfico en el aeropuerto durante el verano dificulta la detección de los "pasajeros de riesgo". Sus reacciones, una vez descubiertos, son variadas. Desde la indiferencia de unos al llanto desconsolado de otros, que acaban viendo en el policía a un confidente con el que compartir que la desesperación económica les ha llevado a aceptar un encargo de las mafias. "Nos cuentan que habían hecho el viaje por primera vez y que tienen hijos pequeños en España", explica el responsable del grupo. No son delincuentes al uso sino que están "dirigidos por criminales". "Forman parte de una organización porque tienen necesidades. Eso es lo que predomina. Muchos vienen engañados. Les dicen que esto es seguro, que no los vamos a pillar. Pero todos son conscientes del riesgo", precisa.

El teniente Sergio es un perfecto conocedor de los muleros o correos de la droga, a los que retrata como personas con "poco arraigo económico en su país de origen" y "fácilmente captables por organizaciones". Suelen actuar para ayudar a un familiar y ese grado de necesidad determina el precio del porte. "Es una transacción entre dos personas. No existe un patrón económico único. Han llegado a traer 2,3 kilos en cápsulas de cocaína, mucha cantidad", subraya el investigador. El precio del gramo en la venta a los consumidores dista de la cantidad que la mula recibe.

Los detenidos permanecen en el Hospital Clínico bajo custodia para evitar su fuga, hasta que expulsan la droga en su totalidad. Las últimas bellotas son las más complicadas. "Ha habido que pedir al juez que prolongue la detención porque ya se habían superado las 72 horas. Hemos llegado a tener un caso de hasta cinco días", narra el agente.

Todos y cada uno de los traficantes han ido desfilando desde la línea de llegadas internacionales del aeropuerto a prisión. No ha habido, hasta ahora, ningún caso en que se haya puesto en libertad a un arrestado con droga ingerida, adosada al cuerpo u oculta en sus pertenencias. "No tienen arraigo familiar en Málaga y existe un riesgo evidente de fuga o destrucción de pruebas", señala el teniente. Se les atribuye, independientemente de la cantidad que hayan intentado introducir, un presunto delito contra la salud pública -tráfico de drogas-. "Lleven cuatro o seis bellotas, existe una intención final de que pase de un primero, que transporta la sustancia, a un segundo o tercero que la consume", recalca el jefe.

El ingenio para enmascarar la sustancia es ya una condición necesaria a la hora de introducirla. Los muleros recurren también a disfraces, que el Código Penal recoge como un agravante específico del delito, más aún si la intención es imitar a un personaje público. "Pretendemos que el aeropuerto sea un muro infranqueable para el tráfico de estupefacientes, pero proliferan muchas organizaciones criminales a nivel internacional que mueven dinero. La de los aeropuertos es una entrada más, no la más grande, porque el régimen no permite grandes cantidades como la vía marítima, terrestre o por frontera", recalca el mando policial. Existe, pese a ello, un "tráfico definido".

En una de sus últimas operaciones, la Guardia Civil descubrió una nueva ruta para introducir cocaína en España desde Marruecos. Una organización criminal reclutaba, supuestamente, a ciudadanos para que transportaran droga desde Brasil a España, por vía aérea, haciendo escala en Marruecos. Las pesquisas del equipo de Delincuencia Organizada y Antidroga (EDOA) y de la Odaifi de la Comandancia de la Guardia Civil de Málaga, en colaboración con la Unidad Orgánica de Policía Judicial del Cuerpo en Madrid, destaparon que las mulas utilizaban un vuelo de ida y vuelta de la ruta Madrid-Buenos Aires, aunque nunca regresarían. La operación Banca-Letonia se saldó con ocho detenidos y el hallazgo de 23 kilos de cocaína.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios