Los acusados del robo de droga del puerto niegan que estuvieran allí

  • Tres de ellos afirman que coincidieron meses antes al veranear en Málaga pero que en la fecha del golpe se citaron en Sevilla

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Coincidieron durante unas vacaciones de verano en Málaga, en una supuesta quedada para comer, pero el fin de semana del golpe estaban en Sevilla. Ese es el principal argumento que ayer, durante la primera sesión del juicio, esgrimieron los acusados del robo de unos 169 kilos de droga del depósito de Sanidad Exterior del puerto de la capital para justificar su relación con ésta y entre ellos mismos, aunque no todos aseguraron conocerse. La visita, según su versión, tuvo lugar en agosto de 2011 para veranear, pero, precisaron, no volvieron tres meses después, cuando, presuntamente, se produjo el golpe en el recinto portuario. Los cinco individuos coincidieron en negar su presencia en esa fecha en la Costa del Sol, mientras que la Fiscalía sostiene que si habían acudido antes era para preparar el robo. La banda madrileña, que se desvincula de los delitos de los que se les acusa, se enfrenta a un total de 80 años de prisión.

La vista oral dio comienzo ayer con la intervención de las defensas, que pidieron la nulidad de las pruebas que incriminan a los acusados -entre otras la intervención de las comunicaciones telefónicas- al considerar que se han vulnerado derechos fundamentales. Una de las letradas afirmó que los indicios no son suficientes para determinar que participara en el asalto la furgoneta en la que estos llegaron al puerto y que había sido robada en un polígono. Así, aseveró que no se tomó declaración a trabajadores de la empresa ni a guardias civiles y que, aunque, a las 4:30, dichos dispositivos "dejaron de funcionar", según varios empleados, "fallaban con anterioridad" al robo.

Tres de los acusados relataron que coincidieron en Málaga, donde solían veranear y que tienen hijos de la misma edad. Pese a sus limitados ingresos, se hospedaban en casas que alquilaban a través de internet. "Quedamos al lado de la Feria, faltaba una semana. Fuimos a comer a un centro comercial", dijo uno de los individuos, quien aseguró no recordar que fueran identificados por la Policía Local. Otro de ellos resaltó que el agente los conocía de Madrid.

En palabras de un tercer acusado, la Guardia Civil los interceptó "por velocidad" cuando regresaban a Madrid. En el registro del vehículo, según su versión, solo fue hallada "una chaqueta" y una "tapa de potencia que tiene antenas". El Ministerio fiscal señala en su escrito que los miembros de la banda "inutilizaron el sistema de vigilancia del perímetro exterior del puerto, arrancando la centralita externa ubicada en la fachada y una de las cámaras situadas en una esquina". Además, "cortaron los cables que unen el almacén con la central de alarmas" y fracturaron la campana acústica, para entrar en el lugar. Tras ello, anularon los sistemas de alarma y accedieron a la zona acorazada tras utilizar un soplete y una maza.

El último de los acusados reconoció ser el propietario de un Mazda y un Porsche Cayenne, utilizados presuntamente en el golpe al depósito, pero matizó que eran su mujer y sus hijastros los que lo "gestionaban". Ambos vehículos estaban a su nombre, apuntó, por una razón económica. "Era un coche familiar. Yo era el cabeza de familia y el seguro sale mucho más barato por la antigüedad", argumentó. La fiscal, en este punto, se interesó por sus ingresos. "No solo lo compro yo, sino que juntamos -el dinero- toda la familia", respondió el hombre, quien afirmó que en noviembre de 2011 trabajaba en una empresa en Madrid. El grupo criminal, recoge el fiscal, salió del puerto y se dirigió a un polígono, donde tras sacar la droga y ocultarla en un lugar desconocido, quemó la furgoneta y, después, emprendió el viaje de vuelta a Madrid a bordo de los otros dos vehículos.

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