El barrio en honor a un 'héroe'

  • La poblada zona de Héroe Sostoa tuvo un origen fundamentalmente industrial en el siglo XIX y no fue hasta mediados del siglo pasado cuando se llenó de enormes bloques

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¿Quién no se ha preguntado alguna vez quiénes eran los Héroes o el Héroe de Sostoa? Los errores en la denominación de la popular calle del Héroe Sostoa han provocado tal confusión acerca del origen de su nombre que aún sigue siendo necesario recordar la figura de Tomás de Sostoa y Achúcarro, héroe de la batalla de Tamames (Salamanca) que tuvo lugar durante la Guerra de la Independencia. Sostoa (1786-1849) había nacido en Montevideo e ingresó en la Armada muy joven. Combatió contra los invasores franceses entre 1808 y 1814, evadiéndose en dos ocasiones del enemigo y posteriormente participó en las guerras de independencia de las colonias hispanoamericanas. Con el grado de brigadier general de mar y tierra se retiró a Málaga, donde falleció en su casa de la calle Ollerías. En el año 1930, a propuesta del Consulado de Uruguay, se dio su nombre al primer tramo de la carretera de Cádiz que hasta entonces se denominaba María Guerrero. En contraprestación, a la actriz se le concedió una plaza junto a la de la Merced, según aseguró el historiador Víctor Heredia.

En la imagen se aprecia la calle Héroe Sostoa tomada desde la esquina de la calle Pulgar. Se trata de una de las casas de La Isla, uno de los pequeños barrios obreros que surgieron durante la segunda mitad del siglo XIX en la periferia de la ciudad. En esa época una hilera de edificaciones de baja altura se fue extendiendo a lo largo de la Carretera de Cádiz o Camino de Churriana, y que comenzaba en los terrenos que habían pertenecido al Jardín de Aclimatación y en la estación de ferrocarril que actuó como polo de atracción de instalaciones fabriles, almacenes y viviendas. Un propietario de solares en este sector, Ardois, solicitó en 1872 al Ayuntamiento que se practicara la alineación de los mismos para construir en ellos o vendérselos a terceros. En esos terrenos se constituyó el paraje conocido como La Isla o Pasaje de los Remedios, tras las construcciones realizadas por Antonio Solís de la Vega (cinco casas en 1874) y por el industrial de origen cordobés Joaquín Herrera Fajardo, quien promovió entre 1877 y 1879 dos casas de dos plantas y otras 18 casas matas, todas proyectadas por Eduardo Strachan (el autor de la calle Larios), además de varios almacenes. Originalmente la calle Pulgar se denominó pasaje de San Antonio.

Al otro lado de la calle se ve el muro que delimita el espacio agrícola que se extendía entre las calles Héroe Sostoa y Ayala y que había sido conocido como el jardín de aclimatación desde mediados del siglo XIX. Este jardín estuvo bajo la dirección de Francisco Javier de Abadía, prestigioso militar retirado que impulsó en 1821 la creación de este jardín experimental para realizar estudios agronómicos con plantas exóticas. Veinte años después el terreno pasó a ser propiedad de Francisco Reboul, manteniendo desde entonces un uso agrícola vinculado a la muy cercana fábrica textil Industria Malagueña fundada en 1846 y que era propiedad de los Larios.

Según el experto, estas parcelas se destinaron al cultivo del algodón y en una parte de ellas se edificaron viviendas para los trabajadores de la fábrica textil de la familia Larios. A finales de la década de 1960 estos terrenos fueron urbanizados y transformados en una de las barriadas que poblaron el eje de la Carretera de Cádiz. Se le dio el sonoro nombre de Jardín de la Abadía, como deformación del original Jardín de Abadía, que tomaba del general que creó dicho jardín. Poco a poco la Carretera de Cádiz se convirtió en el eje de comunicación de la ciudad con la Costa del Sol y en el sector urbano más poblado de la ciudad.

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