Se buscan familias de acogida

  • El reto de las asociaciones que velan por la protección de menores consiste en encontrar un hogar para niños con necesidades especiales, un grupo de hermanos o mayores de 7 años

Isabel Rojo apenas había cumplido 38 años cuando en 2008 se quedó viuda. Ni ella ni sus hijos, entonces adolescentes, podían imaginar que poco después vivirían una experiencia tan gratificante como la de acoger a un menor. "Fui madre joven y me veía con fuerzas para tener a otro. Mis hijos eran mayores, así que pensaba que un niño de entre 9 y 12 años encajaría mejor que uno más pequeño", explica la mujer.

Más de un centenar de familias malagueñas han optado en lo que va de año por abrir las puertas de su casa a uno de los menores tutelados por la Junta de Andalucía. A fecha de 31 de diciembre de 2012, según los datos aportados por la Delegación de Igualdad, Salud y Políticas Sociales, un total de 808 niños se encontraban en régimen de acogimiento familiar y 304 vivían en centros de protección en situación de desamparo.

Aunque las dos entidades colaboradoras que en Málaga coordinan proyectos de acogimiento familiar constatan un "avance en la concienciación de la ciudadanía", el reto ahora estriba en encontrar también padres para los colectivos de "difícil acogida". "Aún tenemos que conseguir que unos 100 menores puedan beneficiarse de la convivencia en familia, como es el caso de los grupos de hermanos, discapacitados y mayores de 7 años. No pueden salir del centro porque no hay familias que puedan hacerse cargo de ellos", subraya el coordinador del programa de acogimiento de la Asociación para la Integración Familiar del Niño y la Niña (Infania), Daniel Rodríguez, quien señala que la legislación "no permite separar a los hermanos que han vivido siempre juntos y que ahora quedan desprotegidos".

La asociación, dependiente de la Consejería de Igualdad, Salud y Políticas Sociales, inició 2013 con 62 acogimientos, que se suman a los 40 nuevos procesos formalizados entre enero y septiembre con familias ajenas en alguna de las modalidades existentes: acogimiento simple -que contempla el retorno del menor con sus padres biológicos- o permanente, que se prolonga hasta que éste alcanza la mayoría de edad. "Algunos niños vuelven con sus progenitores en el plazo de uno o dos años. Otras veces, la situación de retorno no es factible, lo que hace que la acogida no tenga una duración determinada", detalla el portavoz de Infania.

Isabel optó por cuidar de un menor de forma permanente después de conocer la experiencia de varios amigos. El proceso de acogimiento, que duró aproximadamente dos años desde que inició los trámites, no fue fácil, pero culminó con una recompensa que llegó en diciembre de 2011. Desde entonces, el pequeño, que ahora tiene 14 años, no ha perdido el contacto con su familia de origen. "Cada 15 días visita a sus padres, algo que aceptamos desde el principio y que además está estipulado así. Hay que tener claro que no es una adopción y que él sigue contando con su familia", matiza la madre, satisfecha con el paso que dio hace dos años. A su juicio, la decisión de hacerse cargo de un menor desamparado requiere "mucha responsabilidad y meditación". "Con estas edades, los niños valoran tener una familia porque ya han pasado mucho tiempo en un centro de protección. A nosotros nos da la vida puesto que es el más pequeño de la casa. Él está completamente integrado y se siente en ella como uno más. Pese a los roces normales de la convivencia, el balance es muy positivo", comenta.

El caso de Alberto y Raquel no es sino un ejemplo de vida. "Desde el principio teníamos claro que, además de ser padres biológicos, queríamos acoger a un niño. Fue la necesidad de ayudar a otros que no habían tenido la suerte de nacer en familia lo que nos empujó a pedir información sobre una campaña que había impulsado Infania. Ya teníamos dos hijos de 7 y 10 años y sabíamos lo que significaba", expresa el progenitor.

Una única sesión de orientación con los profesionales de esta entidad fue suficiente para que la pareja confirmara su deseo de ser padres de acogida de un niño de 7 años y medio. "A esa edad, vienen con un bagaje adquirido y han podido sufrir más que un bebé, pero no vimos la situación como un reto. Queríamos y debíamos hacerlo", manifiesta Alberto.

Tras una primera fase de adaptación, el primer encuentro con el nuevo miembro que se incorporaría a su familia tuvo lugar en un parque. "Fue un día muy especial. Recuerdo la sensación de expectación y la ansiedad por conocerlo. Al principio, disfrutábamos de él varios días por las tardes y pasaba algún fin de semana con nosotros, hasta que el 13 de diciembre de 2012 se vino a vivir a casa", relata el padre de acogida. La integración, en su opinión, ha sido "maravillosa". "Ya se pelea con los otros dos hermanos al mismo nivel", indica entre risas.

Aunque reconoce que toda su familia "ha tenido que adaptarse" a la situación, asegura que sus hijos "fueron consultados en todo momento" y que el mayor, de 11 años, incluso le cedió un espacio de su habitación. "Tener hijos naturales es un hecho espontáneo, pero él ha sido elegido. Desde que entró en casa empezó a formar parte de nuestra vida y cada día se quiere más", expresa.

Y es que a los pocos meses de llegar, el pequeño pidió a sus progenitores llamarles papá y mamá. "Se refiere a nosotros como su familia verdadera, aunque sabe que tiene otra, con la que ya hay un contacto directo e incluso tomamos café. Cuando cumpla 18 años, podrá decidir si sigue con nosotros, se va de casa o quiere que lo adoptemos", resalta Alberto.

También en el colegio los resultados parecen estar respondiendo a las expectativas. "Es un niño inteligentísimo. Trae sobresalientes, pero por su naturaleza a veces se muestra inquieto y hay que trabajar su comportamiento. Ha pasado por tres centros educativos y eso influye mucho", detalla su padre de acogida, que no se arrepiente de haber otorgado una oportunidad al menor. "Si decidiera volver con su familia, sólo podría alegrarme, aunque se me partiría el corazón. Eso sí, acabaríamos repitiendo. Tengo medios económicos suficientes y un corazón muy grande como para que entre alguien más", afirma ilusionado.

En lo que va de año, unas 25 familias han solicitado acogimiento en Infania, cifra que, según la propia organización, se mantiene desde hace varios ejercicios. La demanda, asegura su coordinador, es similar, aunque en tiempos de bonanza económica resultaría mayor. Eso sí, la crisis, asegura, no suele incidir en el desamparo del menor. "Siempre se han dado situaciones de maltrato, abandono o dejadez de funciones en cuidados básicos, pero el hecho de que una persona no disponga de suficientes ingresos no quiere decir que no intente buscar todas las vías posibles para que el niño tenga la máxima cobertura", afirma el responsable.

Hogar Abierto, otra de las instituciones colaboradoras de integración familiar conveniadas también por la Junta de Andalucía, cuenta con una bolsa de unas 100 familias que tienen acogido a un menor en casa o que están a la espera de iniciar la convivencia con uno de los que están custodiados por la administración. Actualmente, 77 niños se encuentran en régimen de acogimiento y desde que el colectivo comenzó su andadura ha atendido a más de 500 niños. "Por el clima de cooperación que existe entre las familias que han participado en el programa, forman una red de apoyo y ayuda mutua. Al mismo tiempo, animan y estimulan a los nuevos solicitantes y son un agente de difusión importante", indican desde la entidad.

La asociación admite familias solicitantes de cualquier condición sexual. Lo primordial es la "motivación". "Buscamos personas solidarias que tengan ganas y la ilusión de que un menor conviva en su núcleo familiar, dedicándole mucho cariño, tiempo y atención, ya que los niños suelen llegar con carencias de este tipo", señalan fuentes de Hogar Abierto, que desde 1998 lleva a cabo sesiones de preparación, apoyo, orientación y seguimiento durante todo el proceso de acogimiento a la familia.

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