El cambio climático se mide en el suelo

Para que la salud de un suelo se considere buena su actividad biológica debe funcionar a la perfección y uno de los indicadores a tener en cuenta en los efectos y evolución del cambio climático. Un proyecto de la Universidad de Málaga, en colaboración con la checa de Mendel, está tratando de determinar su estado y si los factores meteorológicos están mermando su salud.

Desde el año 2000, expertos de ambas universidades estudian al detalle la progresión de una serie de parcelas experimentales ubicadas en distintos puntos entre Málaga y Almería con numerosas diferencias de clima, tipo de suelo y actividad. La de referencia se encuentra en Gaucín, aunque hay otras en Marbella, Almogía, Jergal y Berja. Pero el resultado es muy similar en las cinco.

José Damián Ruiz Sinoga, profesor de Geografía Física de la Universidad de Málaga y coordinador del proyecto, asegura que ya se han visto los primeros síntomas de degradación del suelo de oeste a este como consecuencia de la ausencia de vegetación por la carencia de agua.

Y ¿cómo lo han determinado? Pues gracias a la instalación de una especie de tubo fino y alargado que se llama sonda y que contiene nitrógeno. Estos artilugios se entierran y se dejan bajo tierra unos seis meses para poder estudiar después la valiosa información que contienen. Y es que el suelo es un sumidero natural de nitrógeno y lo transpira, por lo que al pesar de nuevo esas sondas después de extraerlas de la tierra "se puede determinar la cantidad que ha necesitado un suelo durante ese tiempo y eso será un indicador de su salud".

Con este sencillo experimento se puede saber, además, la incidencia de los factores climáticos sobre el suelo y su actividad biológica gracias a la instalación de otras sondas circulares con las que es posible determinar el movimiento del nitrógeno.

Cuánta más actividad haya en ese suelo, mayor será su productividad, señaló el experto, que se ha podido comprobar en algunos puntos que el exceso de nitrógeno utilizado en la agricultura para producir más "puede ser negativo al cabo al tiempo y terminar degradándolo por una excesiva saturación".

Las consecuencias son nefastas para el medio ambiente en general, ya que si un suelo pierde capacidad de mantener vida o vegetación se irá degradando y terminará derivando en el temido fenómeno de la erosión. El mismo efecto negativo tendría sobre la atmósfera debido a que el suelo actúa como un importante sumidero de carbono y la biomasa disminuye su capacidad de absorción también.

Lo que se pretende con este proyecto, según Ruiz Sinoga, es no sólo saber cómo se está comportando el suelo por culpa de los factores climáticos cinco también cómo se podría actuar para hacer más efectiva su restauración en un futuro.

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